La final irrepetible

...Y PUNTO

Han pasado ya 58 años de la final de Montjuïc, la única que ha enfrentado al Barça y al Espanyol, y sigue sin reeditarse

La final irrepetible

La final irrepetible

Propias

El domingo 16 de junio de 1957 Franco rompió la costumbre y permitió que la final de Copa se disputara en Barcelona, concretamente en Montjuïc. Los finalistas eran, por primera vez en la historia, el Barça y el Espanyol. Todo sucedió de forma inesperada y para sorpresa de las agencias de viajes, que ya anunciaban autocares para presenciar en Madrid la final de la Copa del Generalísimo. Franco llegó a Barcelona el sábado día 15 y prolongó su visita hasta el miércoles siguiente por la mañana, cuando regresó a Madrid, por carretera y acompañado de su séquito habitual. Durante su breve estancia, además de presidir la final y entregar la Copa al capitán blaugrana Segarra (el Barça se impuso al Espanyol por 1-0, gol de Sampedro en el minuto 78), Franco visitó las instalaciones feriales de Montjuïc "donde fue objeto de un impresionante y emotivo homenaje popular mientras recorría las instalaciones, acompañado de su egregia esposa" y recibió en audiencia a diversas autoridades militares y civiles en el palacio de Pedralbes, su residencia.


Las nueve finales de Copa anteriores y once de las doce siguientes se jugaron en Madrid, por lo que la celebración de la final de 1957 en Montjuïc fue toda una sensación. El mismo lunes que la prensa daba cuenta de la clasificación del Espanyol (eliminó al Valencia) y del Barcelona (a la Real Sociedad) aparecieron en la prensa anuncios de desplazamientos a precios reducidos: "Salida el sábado a las dos de la tarde y regreso el lunes a las nueve de la mañana, autocar, hotel y entrada por 900 pesetas" podía leerse en una de las ofertas. Pero sólo dos días más tarde, el miércoles, el panorama había cambiado: "La final, en Montjuïc", titulaba Mundo Deportivo y todos los preparativos se ponían en marcha. Paralelamente a la evolución deportiva de los finalistas (en el Barça era baja Biosca, seriamente lesionado en una rodilla, y en el Espanyol no podría jugar Arcas, expulsado en la semifinal y sancionado con ocho partidos, así eran los comités de competición en aquel entonces) se iban concretando otros detalles de organización. La capacidad de Montjuïc sería de 65.000 espectadores y las dimensiones del terreno de juego de 105x65 metros. (El Barcelona quería 110x70 y el Espanyol, 100x60).


En el Barcelona la estrella del momento era el paraguayo Eulogio Martínez, autor de 16 goles en los 6 partidos de Copa anteriores. En octavos de final, contra el Atlético de Madrid, había marcado siete en 90 minutos, mientras en la tribuna analizaba su juego el brasileño Evaristo, al que acababan de fichar como recambio de Eulogio. "Supongo que me han traído para barrer el vestuario", dijo entonces.


La final la retransmitió por la radio el popular Matías Prats, y lo hizo sentado en el foso (que no banquillo) del Barcelona, al lado de Mur y Balmanya. Hizo lo que pudo porque sólo veía piernas. Barça y Espanyol decepcionaron por completo. Fue un partido ultradefensivo: "Pocos goles y menos fútbol" tituló Garcia Castell en Hoja del Lunes. Franco ocupó el sillón presidencial, donde en 1929 se había situado Alfonso XIII en la inauguración del estadio, o donde Macià i Companys presidieron finales de Copa disputadas durante la República. En la barandilla de la presidencia en esta ocasión había un gran tapiz con el escudo de armas de Franco ("dragantes de oro linguados de gules acompañados de columnas de Hércules con la inscripción Plus Ultra"). Muchos años después, Arcas, que también vio el partido desde el foso, explicó que cuando pitó el final se acercó al árbitro navarro Zariquiegui y le reclamó que el gol había sido ilegal. "¿Y qué querías, que tuviera a Paco allí media hora más?", asegura que le replicó.

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