El ritual íbero de las “cabezas cortadas” estaba más extendido de lo que se pensaba y abarcaba todo el noreste de la Península Ibérica

Arqueología

Investigadores de la UAB descubren restos de cráneos decapitados en los yacimientos de Olèrdola y Molí d'Espigols

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Cabezas cortadas expuestas en el Museo Arqueológico Nacional 

Propias

Cabezas humanas decapitadas. Cráneos cortados y tratados para ser expuestos públicamente. El macabro ritual fue la seña de identidad de los pueblos íberos. La práctica ya era conocida en los antiguos poblados de Ullastret (Girona), Burriac (Cabrera de Mar) y Ca n'Oliver (Cerdanyola del Vallès), pero la realidad es que estaba mucho más extendida.

Los investigadores de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) han identificado por primera vez restos de “cabezas cortadas” en los yacimientos de Olèrdola (Barcelona) y del Molí d'Espígol (Tornabous, Lleida), lo que amplía la costumbre entre los grupos que vivieron al sur del río Llobregat como cosetanos e ilergetes.

Indigetes, layetanos, cosetanos e ilergetes

Según explican los expertos en un artículo publicado en la revista Trabajos de Prehistoria, el rito se asociaba hasta hora a los duros y feroces indigetes (asentados en el Empordà y La Selva) y los layetanos que vivían en la costa central de Catalunya (Maresme, Barcelonès, Vallès y Baix Llobregat), además de los grupos celtas del centro y sur de Europa.

Los cinco restos craneales de Olèrdola son los primeros que se identifican en un yacimiento cosetano. Los diez fragmentos del asentamiento ilergete del Molí d'Espígol se recuperaron en intervenciones anteriores, pero no habían sido estudiados hasta ahora.

Fragmentos del cráneo de un joven descubiertos en Olèrdola (Barcelona)

Fragmentos del cráneo de un joven descubiertos en Olèrdola (Barcelona) 

Marta Riba Vidal / Arxiu MAC

“Los análisis bioantropológicos y de residuos nos han permitido identificar lesiones producidas con objetos cortantes en un momento cercano a la muerte. Por su disposición, profundidad y localización, son compatibles con el ritual de las cabezas cortadas”, explica Rubén de la Fuente, coordinador del estudio.

Los trozos del yacimiento de Olèrdola, todos de la parte frontal del cráneo y del rostro, pertenecieron a un mismo chico joven (de entre ocho y 15 años), mientras que los del Molí d'Espígol correspondían a tres individuos diferentes, uno de los cuales también era un hombre joven.

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“Estos resultados nos obligan a replantear el marco cultural del ritual, que hasta ahora se consideraba propio sólo de los pueblos del norte del Llobregat, y apuntan a una dispersión territorial más amplia de lo que pensábamos”, señala Eulàlia Subirà, del Instituto Catalán de Arqueología Clásica y que también ha coordinado la investigación.

Lo que no han podido determinar los arqueólogos son las marcas de decapitación, ya que falta la parte inferior de los cráneos. Eso no ha impedido identificar el tipo y la orientación de los golpes. En el caso de Olèrdola, además, había marcas en los maxilares hechas con una herramienta muy delgada, del tamaño de las agujas encontradas en Puig Castellar (Santa Coloma de Gramanet).

En Olèrdola, las partes del cráneo aparecieron en la planta baja de una de las dos torres de la muralla

En Olèrdola, las partes del cráneo aparecieron en la planta baja de una de las dos torres de la muralla 

Arxiu MAC

“Estas marcas se realizaron para descarnar el cráneo y nos indican que, además del cuero cabelludo, también se levantó la piel del rostro del individuo. Es una práctica poco frecuente, pero que está documentada en el ritual en yacimientos europeos de Francia y Reino Unido”, apunta Subirà.

El análisis de los residuos orgánicos que aún estaba adheridos a los fragmentos de Olèrdola (entre el Penedès y el Garraf) indicó la presencia de biomarcadores de grasas animales y vegetales como resinas de pino, aceites o ceras, que podrían interpretarse como productos usados para el tratamiento de la cabeza como parte del ritual funerario.

El cráneo de Olérdola mostraba marcas en los maxilares hechas para descarnar el cráneo

El cráneo de Olérdola mostraba marcas en los maxilares hechas para descarnar el cráneo 

Marta Riba Vidal / Arxiu MAC

El equipo de investigación comparó también la composición de las muestras de suelo presentes en los huesos del sitio barcelonés con muestras de fauna, sedimento y vegetales de alrededor del yacimiento para obtener información sobre la procedencia del chico decapitado.

Los resultados del análisis indican que su procedencia sería foránea. “Registramos la movilidad en un momento muy inicial de la edad adulta; por tanto, es razonable plantear que fuera una persona que se desplazó a Olèrdola o que su cuerpo -o el cráneo- fue trasladado allí tras su muerte”, argumenta Rubén de la Fuente.

Restos hallados en espacios significativos

Los restos craneales de ambos yacimientos fueron localizados en espacios significativos y que podrían haber tenido un carácter ideológico o simbólico. Los restos del Molí d'Espígol se recuperaron en un “sitio lo suficientemente particular arquitectónicamente para que fuera un lugar prominente o emblemático del asentamiento”.

En el caso de Olèrdola, las partes del cráneo aparecieron en la planta baja de una de las dos torres de la muralla que flanqueaba la puerta de entrada al poblado, por lo que “es probable que estuviera expuesto en la misma torre o en la entrada del recinto”, señala De la Fuente.

Los resultados del análisis isotópico del cráneo de Olèrdola indican que su procedencia sería foránea

Los resultados del análisis isotópico del cráneo de Olèrdola indican que su procedencia sería foránea 

Marta Riba Vidal / Arxiu MAC

El ritual funerario de las comunidades ibéricas en esa época era la cremación, por lo que estas evidencias permiten profundizar más en el valor simbólico o ideológico del ritual de exposición de las cabezas cortadas como trofeo y normalmente vinculados a enemigos de guerra y al alarde de poder y prestigio.

Los cráneos decapitados, además, no son exclusivas de hombres, también se han identificado restos de mujeres. “A diferencia de lo que ocurre con los grupos galos, en la península no disponemos de fuentes clásicas que hablen de estas prácticas, por lo que el registro arqueológico nos ayuda a entender mejor el ritual y la posible relación con el mundo calta o galo”, concluyen los investigadores.

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