‘La tarta del presidente’: la receta que alimentó el miedo en el Irak de Sadam Husein
En cines
El director iraquí Hasan Hadi retrata en su primer largometraje el viaje de una niña obligada a preparar el pastel de cumpleaños del dictador en pleno Irak de los noventa
Sopa al cuarto de hora y Huevos Aurora, dos viejas recetas que rescata la película ‘La cena’

La tarta del presidente

Lamia (Baneen Ahmed Nayyef), una niña de nueve años, recibe lo que se presenta como el mayor “honor” al que puede aspirar una alumna en el Irak de los años noventa: ha sido elegida por sorteo para preparar la tarta de cumpleaños del líder Sadam Husein. El dictador no visitará la escuela, ni ella ni sus compañeros tendrán ocasión de probar aquel manjar. Se trata de un deber ciudadano. Cada 28 de abril, celebrar el aniversario del nacimiento de Husein era una obligación en escuelas, oficinas e instituciones públicas de todo Irak. Elaborar aquella tarta no es opcional. “¿Recuerdas lo que les pasó a Rasul y a su familia?”, le advierte su profesor. “Los denuncié y fueron arrastrados como perros”. En ese clima de miedo y vigilancia creció Hasan Hadi, el director que estrena hoy en los cines españoles La tarta del presidente.
Tres huevos “para la fertilidad”, un kilo de harina “para la vida”, medio kilo de azúcar para una existencia “dulce” y levadura para lograr un bizcocho esponjoso. Con esta lista de ingredientes, Lamia y su abuela reúnen sus posesiones más valiosas —una radio y un viejo reloj— y parten rumbo a la capital con la esperanza de conseguirlos. Sin embargo, en un país golpeado por la escasez, las sanciones económicas y una inflación descontrolada, reunir esos alimentos rozaba lo imposible. Quejarse no era una opción: “Las paredes oyen”, repite Lamia, rodeada de retratos omnipresentes del líder. Tras su caída en 2003, el número de estatuas y retratos del dictador llegó a superar, simbólicamente, al de habitantes del país.

El cumpleaños de Sadam Husein era una de las fechas más relevantes del calendario político iraquí. Cada 28 de abril se organizaban celebraciones masivas en todo el país, con desfiles, actos públicos y homenajes en centros educativos y organismos estatales. Las escuelas debían participar activamente en estas conmemoraciones mediante pancartas, discursos y, en muchos casos, pasteles simbólicos dedicados al líder. Estas tartas no estaban destinadas a ser compartidas entre los estudiantes, sino que funcionaban como objetos propagandísticos que representaban la fidelidad al régimen. En algunos actos oficiales se preparaban pasteles monumentales exhibidos como parte del culto a la personalidad del dictador, mientras gran parte de la población sufría una escasez extrema de alimentos.
Hasan Hadi construye este relato a partir de su experiencia personal. “No probé el pastel hasta los 13 o 14 años”, declaró en una entrevista. “El maestro solía llevárselo a casa para su familia”. Hadi logró evitar tener que preparar la tarta en la escuela, pero recuerda el destino trágico de un compañero que no consiguió elaborarla y fue expulsado del centro. “Siempre he sentido esta culpa por haber sobrevivido a algo que me podría haber pasado a mí y fue solo cuestión de suerte”.
La tarta del presidente fue reconocida con la Caméra d’Or en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes.

