Beber

“El vino sin alcohol es un buen producto, pero en España no tiene identidad propia”: pros y contras de los desalcoholizados

Vinos

Para hablar de vino desalcoholizado, el producto debe pasar por fermentación y someterse a un proceso técnico para eliminar o reducir al mínimo su alcohol, por lo que no es lo mismo que el mosto o el zumo de uva

Cada vez hay más personas interesadas en beber vino desalcoholizado. 

Cada vez hay más personas interesadas en beber vino desalcoholizado. 

Getty Images

Solo hace falta salir a la calle a preguntar a cualquiera por la definición de un vino 0.0% en España para encontrar las tres respuestas que más se repiten: “Eso es un mosto, ¿no?”, “un zumo de uva, claramente” o la más típica, que suena a algo parecido a “eso no es un vino de verdad”. Sin embargo, ninguna de las tres ideas es correcta. 

Porque en España hablamos de innovación en vino… hasta que alguien dice “0.0%” y empiezan las risitas. El vino desalcoholizado no es mosto ni es un refresco al uso: es vino. Vino que ha pasado por fermentación y que después ha sido sometido a un proceso técnico para eliminar o reducir al mínimo su alcohol. La diferencia no es semántica: es estructural.

Para aclararnos las dudas, Olga Korzhenko, cofundadora de la marca BUEN FINDE, una de las empresas que crea este tipo de vinos, cuenta la experiencia internacional y lo tiene claro. “Tras participar en varias ferias internacionales y mantener negociaciones con clientes de más de 40 países, nos sorprendió gratamente comprobar que, en general, el público ya conoce la categoría de vino sin alcohol y que los compradores buscan referencias realmente buenas y de calidad para sus consumidores”. Y ahí está el primer matiz importante: hablamos de una categoría reconocida fuera, aunque en España aún haya resistencia.

¿Un prejuicio nacional?

Paradójicamente, en un país con cultura vitivinícola tan arraigada, el vino 0.0% sigue generando desconfianza en ciertos círculos profesionales. Como nos cuentan, “a pesar de la tendencia global y del enorme crecimiento de las ventas, en España el vino desalcoholizado no siempre se percibe como lo que es: un producto vínico con identidad propia. En ocasiones se compara, de forma injusta, con un refresco o un zumo”. En este punto, Olga señala algo interesante: el freno no siempre está en el consumidor final. A menudo proviene de entornos con poder de decisión o en la distribución, donde todavía se arrastra la idea de que se trata de un producto simple o poco elaborado. Y no lo es.

La diferencia fundamental está en el origen del producto. “¿Cómo lo hacemos? Partimos de un vino de calidad, fresco y aromático. Y cuanto mejor sea el vino base, más limpio y expresivo en nariz, mejor será el resultado final tras la desalcoholización”. Es decir, primero hay fermentación, hay estructura, aromas secundarios y complejidad. Por ello, “no, no es zumo de uva ni champín para niños, tiene cuerpo y tanino como un buen vino”.

A pesar de la tendencia global y del enorme crecimiento de las ventas, en España el vino desalcoholizado no siempre se percibe como un producto vínico con identidad propia

Olga Korzhenko

Cofundadora de BUEN FINDE

Después viene el proceso tecnológico para reducir o eliminar el alcohol. En el caso de BUEN FINDE, utilizan el método GoLo. “A continuación, se realiza el proceso de reducción o eliminación de alcohol mediante el método GoLo, y finalmente el producto se embotella”. Aquí está la clave: no es zumo sin fermentar. Es vino que ha sido tratado como tal.

Tecnología y complejidad del vino 0.0%

Otro mito habitual es pensar que el vino sin alcohol es más barato de producir o que tiene menos proceso detrás. En realidad, sucede lo contrario. “Por eso hablamos de un producto más complejo y tecnológico, que requiere procesos adicionales —incluso más exigentes que los de muchos vinos jóvenes—”. Si bien es cierto que nadie se atrevería a desalcoholizar un gran reserva de 2013, un vino joven es completamente tratable para su embotellado 0.0%.

La desalcoholización no consiste en “quitar el alcohol y ya”. Es un proceso técnico delicado que debe preservar aromas, equilibrio y sensación en boca. Y eso tiene impacto tanto en el posicionamiento de precio como en la percepción del producto. La tecnología, en este caso, no sustituye al vino: lo transforma. Por ello, más allá del debate técnico, hay una cuestión cultural. ¿Puede alguien disfrutar de la experiencia del vino sin alcohol?

Para Olga, la respuesta es clara. “Permite disfrutar del sabor del vino en muchos momentos y para muchos perfiles de consumidor: personas que no consumen alcohol por filosofía o por salud, por motivos religiosos, por medicación, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, o simplemente quienes quieren disfrutar de una copa en una comida o una salida y después poder conducir con tranquilidad”.

El vino sin alcohol, una filosofía

Por eso, a la hora de tomarlo, el foco cambia. El vino 0.0% no compite con el vino tradicional, sino que amplía el escenario. Genera nuevas ocasiones de consumo. Permite mantener rituales sin comprometer bienestar o responsabilidades. “Desde BUEN FINDE apostamos por una filosofía de vinos sin alcohol. Creemos que hoy en día se puede mantener el ritmo de vida habitual, salir, celebrar y vivir plenamente las emociones sin necesidad de consumir alcohol en todo momento, siempre priorizando el bienestar y cuidando la salud”.

El crecimiento internacional es evidente, e incluso la tecnología existe. El proceso es más complejo de lo que muchos creen. Pero entonces, ¿por qué sigue generando resistencia? Quizá porque el vino, en España, no es solo una bebida, sino una identidad nacional. Un orgullo. Y a muchos puristas del vino les molesta cuando llega una nueva tendencia y “les toca el orgullo”. No es nuevo; toda innovación que altera la tradición despierta sospecha. Pero se podría ver desde otro prisma, y es que el vino 0.0% no elimina la tradición, sino que la adapta.

Se puede salir, celebrar y vivir plenamente las emociones sin necesidad de consumir alcohol en todo momento

Olga Korzhenko

Cofundadora de BUEN FINDE

No es mosto. No es zumo. No es un refresco disfrazado. “Ni es champín”. Es una categoría distinta dentro del universo vínico, con procesos específicos, con mercado internacional consolidado y con un público creciente. Y como cualquier categoría joven, necesita algo muy simple: que se la juzgue por lo que es, no por lo que se cree que es. Solo queda descorchar una botella y hacer la prueba uno mismo. Seguramente sorprenda.