Carlos Gálvez, experto jamonero, sobre el error que cometemos la mayoría de españoles: “Le saca el salitre que tiene y en dos o tres días se sala más de la cuenta”
Comida
El especialista en jamón explica por qué guardar el jamón en la nevera es un fallo común que arruina su sabor, especialmente en Navidad.

Plato de jamón ibérico

El jamón vuelve a ocupar un lugar central en las mesas españolas durante la Navidad. Sin embargo, muchos consumidores cometen un error que afecta directamente a su sabor sin ser conscientes de ello. Así lo advierte Carlos Gálvez, especialista en productos curados, que alerta sobre una costumbre muy extendida en los hogares.
El frigorífico, el gran enemigo del jamón curado
Uno de los gestos más habituales tras comprar jamón en lonchas o envasado es guardarlo inmediatamente en la nevera. Para Gálvez, este hábito parte de una idea equivocada: pensar que el frío siempre conserva mejor los alimentos.

“El jamón curado ya está en su punto de sal cuando lo compras”, explica. Al introducirlo en el frigorífico, el frío excesivo altera su equilibrio natural. “Le saca el salitre que tiene y en dos o tres días se sala más de la cuenta”, advierte el experto.
El resultado es un producto más salado, menos aromático y con una textura alterada, muy alejada de cómo debería degustarse.

Cómo conservarlo correctamente en casa. Frente a esta práctica tan extendida, Gálvez recomienda una solución sencilla: mantener el jamón fuera de la nevera, bien protegido y a temperatura ambiente. De este modo, el producto conserva su punto justo, sin resecarse ni ganar sal en exceso.
“El jamón se mantiene en su punto, ni seco ni salado”, subraya. Además, recuerda que el consumo también es clave para apreciar todo su potencial.

La temperatura ideal para disfrutar del sabor. Más allá de la conservación, el experto insiste en que el jamón debe comerse a temperatura ambiente. Es la única forma de que la grasa se funda correctamente y libere todos sus matices.
“¿Cuándo has ido a un restaurante y te han servido un jamón seco o excesivamente salado?”, plantea. Para Gálvez, la textura ideal es clara: “¿Sudadito? Mucho mejor”
Este aviso cobra aún más relevancia en una época en la que el consumo de jamón se dispara y gana peso el formato loncheado, elegido por comodidad aunque sea más caro. Precisamente en estos casos, una mala conservación puede estropear en pocos días un producto de calidad.