Internacional

Por qué Minneapolis está en el centro de la ofensiva migratoria de Trump

Estados Unidos

La administración republicana está poniendo a prueba y atormentando una cultura política única

El vídeo, desde distintos ángulos, en el que agentes del ICE asesinaron a Alex Pretti en Minneapolis

Una persona es detenida por un agente federal en medio de las protestas tras el asesinato del enfermero Alex Pretti el sabádo en Minneapolis 

Una persona es detenida por un agente federal en medio de las protestas tras el asesinato del enfermero Alex Pretti el sabádo en Minneapolis 

BRANDON BELL / AFP

Con el frío tan intenso que puede llegar a cubrir de hielo el río Misisipi, esta es la temporada baja para el sector de la hostelería en Minneapolis. Por eso, la decisión de Trump de enviar a la ciudad a unos 3.000 agentes federales de inmigración parecía, al menos, un impulso para hoteles y restaurantes. Pero algunos de quienes limpian las habitaciones de los agentes o les sirven las copas son también vulnerables a ser detenidos.

Por eso Lüneburg, director político de la sección local de un sindicato que representa a los trabajadores de la hostelería, se dedica a entregar comida a las familias de empleados que se esconden por todo Minneapolis. Antes de llamar a la puerta, envía un mensaje con una foto suya luciendo la gorra roja del sindicato para tranquilizar a los residentes y que vean que no es un agente federal. “Están por todas partes”, dice Catherine, que normalmente trabaja en la cocina de un hotel, tras dejarle pasar. “No hay ningún sitio seguro para nosotros”.

En otro lugar, un chico de 16 años recibe en la puerta de su edificio la caja de cebollas, zanahorias, conservas y tortillas de maíz de Lüneburg. Es ciudadano estadounidense —ahora lleva el pasaporte encima a todas partes— pero sus padres no lo son. Ha notado que cada pocos minutos levantan la cortina para comprobar si hay agentes federales en el aparcamiento, y ha dejado de ir al colegio con la esperanza de poder ayudar si llegara la crisis. “Normalmente se les da muy bien ocultar sus emociones,” cuenta, “pero puedo notar que ahora tienen mucho miedo. Y no sé cómo afrontarlo.”

Para Lüneburg, que lleva 37 años como miembro del sindicato de hostelería UNITE HERE Local 17, nada de esto tiene sentido. “La gente honrada y trabajadora no debería estar sufriendo las consecuencias de esto”, afirma. Mientras conduce de vuelta al centro, atravesando manzana tras manzana de confortables casas unifamiliares, señala que limpiar habitaciones de hotel es un trabajo duro. “No veo a estadounidenses de origen —estadounidenses blancos de toda la vida— levantando la mano para trabajar en estos hoteles”, comenta.

Minneapolis está mostrando algo parecido a una respuesta inmunitaria frente a la actuación de ICE

Con casi el triple de efectivos que la suma de los cuerpos de policía de Minneapolis y su vecina, St Paul, el despliegue de agentes de inmigración aquí supera ampliamente al que previamente se envió a la ciudad, mucho mayor, de Chicago. Sin embargo, la población de inmigrantes indocumentados en todo el estado, estimada en 100.000 personas, es reducida, especialmente si se compara con estados como Texas (2 millones) o Florida (1,2 millones). Estos últimos se han librado de la presencia de agentes enmascarados exigiendo identificaciones a los viandantes, utilizando gas pimienta y granadas aturdidoras contra manifestantes y derribando puertas en busca de personas a las que acusan de ser delincuentes pero que, en ocasiones, han resultado ser ciudadanos respetuosos con la ley.

«¿Por qué Minnesota? ¿Por qué Minneapolis?», se pregunta Muhammad Abdul-Ahad, que dirige un grupo de prevención de la violencia. Estaba vigilando el memorial improvisado en el lugar donde Renee Good fue abatida a tiros por un agente de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) el pasado 7 de enero, cuando intentaba alejarse en su coche. Abdul-Ahad se preguntaba si había alguna relación con el cercano memorial dedicado a George Floyd, cuya muerte bajo la rodilla de un agente de policía desató protestas mundiales contra la violencia policial en 2020.

La senadora Amy Klobuchar, demócrata, afirma: «A cualquiera en nuestro estado le cuesta entender esto». Reflexiona que la cultura política de Minnesota puede ayudar a explicar la situación. «Uno de los aspectos que tal vez sea único aquí es que, en nuestro caso, ciudadanos de a pie, incluida una joven en el caso de George Floyd, acudieron al lugar y empezaron a grabar en vídeo», asegura Klobuchar. «Y cuando les dijeron que se marcharan, continuaron grabando». Minneapolis está mostrando algo parecido a una respuesta inmunitaria frente a la actuación de ICE. Sindicatos, organizaciones sin ánimo de lucro, grupos religiosos y ciudadanos particulares se han unido en una densa red de apoyo a los migrantes, con o sin papeles, repartiendo comida, siguiendo los vehículos de ICE, increpando a los agentes e incluso avisando a los migrantes con silbatos cuando se acercan.

La política de solidaridad y resistencia de Minneapolis se nutre de al menos dos fuentes, una antigua y otra reciente. El partido Demócrata del estado se llama “Partido Demócrata-Campesino-Laborista” (Democratic–Farmer–Labor Party, DFL, por sus siglas en inglés) debido a sus raíces en el populismo agrario y obrero de principios del siglo XX. En una de esas ironías de la historia, fue una gran oleada de inmigrantes del tipo que Trump dice querer más —escandinavos— la que dio origen a esta política de izquierdas. Ahora el DFL se concentra en Minneapolis, ya que la “F” ha dejado de ser un grupo clave para los demócratas en Minnesota, y la “L” va perdiendo peso, a pesar de incondicionales como Lüneburg.

La fuente más reciente es el asesinato de George Floyd, que hizo que incluso los residentes más privilegiados de la ciudad tomaran conciencia de cómo se podía abusar de la ley y anular los derechos, afirma Emmanuel Mauleón, profesor de Derecho en la Universidad de Minnesota. “Hubo un despertar masivo sobre lo que ocurre cuando las fuerzas del orden sobrepasan sus límites”, señala. “La ética de protegernos unos a otros de esta manera, creo, nace de ese momento”.

Para los funcionarios de Trump, es la resistencia la que está abusando de la ley. Han calificado a Good de terrorista doméstica que pretende atropellar al agente. Han defendido las tácticas de ICE como necesarias para impedir que los anarquistas dificulten el trabajo de las fuerzas de seguridad. Entre los presidentes modernos, Trump es único por su empeño, ante la oposición, en aumentar la tensión política. Sea o no intencionado este resultado, la ofensiva en Minneapolis podría provocar una sobrerreacción en la izquierda, en forma de resistencia ilegal a nivel local y un renovado impulso nacional de los demócratas para “abolir ICE”, del mismo modo que en 2020 algunos también pidieron abolir la policía. Las encuestas muestran que la represión de Trump es impopular en este momento, pero también que los votantes siguen confiando más en los republicanos del Congreso en lo relativo a inmigración.

Quienquiera que los tribunales determinen que está infringiendo la ley en Minneapolis, esta disputa es, en última instancia, política. Saldrá perdiendo el bando que se exceda. Pero, en realidad, nadie ganará.

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