Moisés, propietario de una churrería: “Es el producto más rentable pero para nosotros no es nuestro negocio, es nuestra familia”
NEGOCIOS
El dueño de Churros Peñacorada ha expandido el negocio familiar creado en el año 1981

Moisés atendiendo a la clientela de su negocio

Las churrerías representan uno de los ejemplos más claros de cómo los negocios tradicionales siguen teniendo un papel relevante en la economía y la vida social en España. Más allá de vender un producto sencillo y popular, estos establecimientos funcionan como puntos de encuentro, espacios de rutina y símbolos de barrio, especialmente en fines de semana y festividades.
La churrería 'Churros Peñacorada' nació en Granollers en 1981. Actualmente cuenta con una estructura con nueve food trucks y un obrador propio. La marca ha sabido combinar la tradición familiar y calidad artesanal de sus productos con una diversificación de servicios, ofreciendo churros y porras y participando en bodas, fiestas y catering para empresas, lo que le da estabilidad más allá de la estacionalidad típica de las churrerías. Su propietario, Moisés, ha desgranado los secretos de su negocio en una entrevista para el canal de Eric Ponce.

“Nos vienen a comprar los nietos de los abuelos que empezaron con nosotros”
Organización. Moisés cuenta que los churros y las porras son los productos estrella. Al ser los más vendidos se fríen en todo momento delante del cliente y el resto de opciones con relleno en el interior se prepara previamente en el obrador: “De este modo el trabajador se centra en el menor número de cosas posible. Así logramos tener la churrería limpia y poder dedicar tiempo a que el cliente se sienta bien y se vaya satisfecho a casa”, explica en el vídeo.
Rentabilidad. El experto explica que los churros son unos de los productos más rentables: “Me cuesta hacerlo 2 céntimos y lo puedes vender entre 28 y 30 céntimos más o menos tal y como está ahora el mercado”, explica. Con una materia prima sencilla y barata, el valor no está tanto en el coste de producción como en el saber hacer, el volumen de ventas y la experiencia que rodea al consumo.

Inversión. Una churrería móvil nueva tiene un precio de unos 70.000 euros. Moisés cuenta que en el mercado de segunda mano pueden encontrarse por 15.000 o 20.000 euros. En cuanto a la inversión, el dinero se puede recuperar en poco tiempo: “Estando en puntos fijos en invierno y en fiestas mayores en verano, se puede rentabilizar en un año como mucho”, cuenta.
Dificultades. Algunos churreros pequeños han tenido que cerrar locales o despedir empleados por la presión fiscal y el aumento de costes, con gastos de impuestos, como el IVA, que pueden llegar a 12 000 € en un trimestre para un solo negocio, reduciendo los márgenes. El mercado de churros también ha generado modelos de franquicia que ofrecen apoyo y expansión a emprendedores interesados en este segmento.

Oficio con tradición. Moisés cuenta que la constancia, el esfuerzo y una base de clientes fiel hace que su negocio perdure a lo largo de los años: “Nos vienen a comprar los nietos de los abuelos que empezaron con nosotros. Si no lo sientes, no montes una churrería. No es una inversión, para nosotros es nuestra familia”, termina diciendo.
Churrerías más antiguas. Una de las churrerías más antiguas y emblemáticas de España es la 'Chocolatería San Ginés', en Madrid, que abrió sus puertas en 1894 y desde entonces ha servido chocolate con churros de forma ininterrumpida, convirtiéndose en un punto de referencia histórico para locales y visitantes por más de 130 años. Otra churrería con tradición centenaria, aunque no tan conocida internacionalmente, es 'Madrid 1883', en el barrio de Malasaña de la capital, que presumen de ser incluso más antigua que San Ginés, con cinco generaciones ofreciendo churros y porras artesanales desde finales del siglo XIX. Estos establecimientos no solo representan los orígenes históricos de las churrerías en España, sino también la pervivencia de la tradición culinaria alrededor de un producto sencillo que ha trascendido generaciones.
