Esta es una pequeña historia que bien podría entrar en los anales navideños por su carácter y por que ha culminado en estos días. Se trata del estreno esta semana, en la basílica de Montserrat, de una Salve Regina compuesta para la ocasión por Albert Guinovart y cantada por la Escolanía. Originariamente este canto de invocación a María es parte del corpus gregoriano y de la vida diaria monacal, y ha trascendido al espacio de los compositores dando lugar a un género al que han aportado importantes músicos en la historia.
La obra ha sido encargada a Albert Guinovart por el señor Bonaventura Bajet i Royo, músico esencial después de cinco años de escolanet en Montserrat, que convive con este lenguaje en su vida profesional dedicada a otros menesteres con una sencillez que habla de su carácter y que, ahora como Guinovart, académico de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, supo gestionar la composición, la donación y el estreno.
Cuentan que niño entonces, allá por los años cincuenta, jugaba cantando algún aire popular cuando le oyó un monje montserratino de paso por allí quien, atraído por su musicalidad, le invitó a ingresar en la Escolanía. A partir de entonces la gran música comenzó a orientar y conformar su vida.
Otro antiguo escolanet , ahora importante director de orquesta, recuerda que en aquellos años en que el Padre Ireneu Segarra dirigía el coro infantil en el Monasterio, los monjes hacían orquesta en la que el padre abad tocaba el fagot, y así cantaban los escolanets grandes obras de Haydn, de Bach. “No sé cómo sonarían”, dice Salvador Mas, pero tocábamos el órgano y asumíamos con toda naturalidad aquellas obras magnas del arte.
En esta ocasión, la Reial Academia de Belles Arts de Sant Jordi ha ofrecido al Monasterio de Montserrat y entregado en mano a su abad, dentro de las celebraciones del Mil·lenari, esta Salve Regina de Albert Guinovart, una obra de mucha sensibilidad en la que el coro, con acompañamiento de órgano, comienza invocando en un cierto aire gregoriano, para pasar a un sensible desarrollo polifónico con momentos de gran belleza. Una obra breve, pero de mucho contenido, a la que los maravillosos niños de la Escolanía han dado voz musical en su espacio de celebración cotidiana, cerrando la presentación, como es habitual, con el famoso Virolai .
Música y Montserrat son inseparables.


