Cultura
Màrius Serra Roig

Màrius Serra

Escritor y enigmista

Ríos lejos de Babilonia

Desde los versos de Jorge Manrique (“Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”), los ríos protagonizan muchas metáforas literarias. Todas las lenguas presentan confluencias entre las redes hidrológica y literaria. Claudio Magris utilizó el Danubio para escribir unos relatos que navegan por la transitada Mitteleuropa de Canetti, Céline o Celan. Jesús Moncada toma el río Ebro en Camí de Sirga para evocar la Mequinenza sumergida bajo las aguas del embalse. Y en inglés, Joyce eleva la apuesta fluvial comenzando Finnegans wake con la palabra riverrun (“Riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay…”) y después rellena un fragmento de la obra con muchos nombres de ríos camuflados. Mi río preferido es el Misisipi de Twain. Todos quisimos ser amigos de Tom Sawyer y, sobre todo, de Huckleberry Finn. Ahora Edicions de 1984 publica La vida al Mississipi , unas memorias de Mark Twain traducidas al catalán por Marc Donat y prologadas por Jordi Puntí.

De todos los ríos que protagonizan obras literarias, mi preferido es el Misisipi de Mark Twain

Samuel Langhorne Clemens, nacido en el estado de Misuri en 1835, es un narrador de raza que se dio a conocer ejerciendo de cronista. En 1866, con 31 años y apenas empezando a firmar con el seudónimo Mark Twain, viajó a las islas Sandwich –el actual Hawái– y las incorporó al imaginario colectivo. Sus reportajes para el Sacramento Union fueron el primer capítulo del relato que ha transformado Hawái en sinónimo de paraíso. 

Mark Twain fue uno de los muchos escritores a los que influyeron las aventuras de Don Quijote.
Mark Twain fue uno de los muchos escritores a los que influyeron las aventuras de Don Quijote.Terceros

Antes, había aprendido el oficio en periódicos menores y había conseguido la licencia de piloto fluvial tras dos años de prácticas intensas navegando por el Misisipi. Esta es la época que evoca en las memorias, un libro que mezcla las experiencias personales y unas historias tremendas, lo mejor, con datos a veces tediosos sobre un oficio que tuvo un auge y una decadencia directamente proporcionales al tráfico de barcos de vapor por el Misisipi, el río más grande de Norteamérica.

Cuando, años después, rememora aquella época, ya ha triunfado con Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y todo el mundo lo conoce por su nombre de pluma, Mark Twain, que procede de un grito de navegante para indicar que la profundidad del río era segura para navegar: mark / marca y twain / forma arcaica de dos, en relación con dos brazas de agua, unos tres metros y medio de profundidad. El mejor Twain, sin embargo, aún estaba por llegar. Resulta muy interesante leer este La vida al Mississipi (1883) como una preparación documentada para la novela que publicará al año siguiente: Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), considerada la primera novela moderna de la literatura estadounidense. La vida del río es puro movimiento y los barcos de vapor nos transportan arriba y abajo, bajando por una orilla y subiendo por la otra.

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