Cultura

Sobremesas futuristas

Durante las celebraciones familiares recientes he percibido transformaciones en el catálogo de temáticas y formas de ocio. Las actividades de mesa, por ejemplo, se han establecido como el broche final antes de despedir a quienes tardan en retirarse. Además, me ha impactado el protagonismo de la inteligencia artificial en los diálogos y controversias. Acostumbrados a tratar sobre fútbol o problemas geopolíticos, la IA genera intercambios orientados al mañana más que al ayer. Se trata de charlas donde los miembros de menor edad de la familia dirigen la palabra, buscando legitimar sus posturas tecnológicas y evitar alejarse de sus dispositivos móviles.

Unos jóvenes se hacen un selfi  
Unos jóvenes se hacen un selfi  Getty Images

Una de las actividades que mayor popularidad ha alcanzado es solicitar a la IA que cree las imágenes de los futuros descendientes de relaciones sentimentales actuales. El individuo interesado suministra un retrato propio junto al de su compañero y el sistema le entrega, en variantes masculina y femenina, la estampa de unos niños sonrientes que se ajustan a los cánones de belleza y fisonomías convencionales. Observación: al reiterar el procedimiento varias veces (pues casi todos se suman a la experiencia), se advierte que todos los pequeños guardan una gran semejanza. ¿Qué provecho tiene este entretenimiento? Es reducido, pero solventa esos instantes donde la charla languidece y solo nos queda recurrir al tema recurrente y doloroso de Israel y Palestina.

Durante las reuniones de familia, todo asunto resulta útil para eludir la controversia acerca de Israel y Palestina.

Iniciado este entretenimiento por los muchachos del clan, los adultos –abuelos, progenitores, momias en conjunto– se unen igualmente, si bien con desenlaces más retorcidos. Gran parte ya posee descendientes y nietos auténticos y, al subir las imágenes, notan que la visión venidera y alegre dista mucho de la áspera y huraña existencia. Por ello, extendiendo las normas del pasatiempo, sugieren que, en lugar de imaginar el aspecto de la prole, solicitan a la IA retratos de cuando alcancen una edad (aún) más avanzada. Consecuencia: los ancianos de la IA guardan similitud con los infantes sintéticos y lucen un semblante superior al de los desgastados padres y abuelos reales. Entretanto, las charlas se diluyen mediante el cúmulo de clichés típicos que, al menos, resultan más entretenidos que atacar, con obsesión constante, a Frenki de Jong.

Casi todas las reuniones tras la comida terminaron de la misma forma: un familiar que apenas se había involucrado en la dinámica de roles imaginarios intervino señalando que cualquier interrogante planteado a la IA genera un desastre ambiental y de energía sin solución. Ese comentario pesimista se propagó como una sensación de negatividad que, afortunadamente, el integrante más reservado de los jóvenes solucionó con una idea brillante: ¿por qué no consultamos a la propia IA sobre el impacto ecológico y de energía que supone una pregunta a la IA? En el siguiente encuentro familiar que celebréis, os recomiendo plantear esa cuestión y comprobaréis que, si los invitados todavía resisten, comenzará una discusión que facilitará que este 2026 transcurra con mayor rapidez.

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