Cultura

Las bebidas energéticas promueven el primer recinto de arte contemporáneo con proyección internacional en Tailandia.

Dib Bangkok

Este vanguardista espacio artístico de reciente apertura se sitúa en la cúspide de la producción creativa del sudeste asiático.

Petch Osathanugrah, el mecenas que facilitó esta muestra, anteriormente poseía la empresa M-150.

Aspecto del museo Dib Bangkok desde su plaza zen

Aspecto del museo Dib Bangkok desde su plaza zen

Dib

La escena creativa en el sudeste asiático atraviesa su cambio más significativo en mucho tiempo tras el estreno de Dib, el cual se describe como “el primer museo de arte contemporáneo internacional de Bangkok”. Supone una inyección de vitalidad para el sector cultural en una gran ciudad que solía centrarse en cuestiones ajenas al arte. Esta analogía es muy fiel, dado que el inversor que financió este edificio vanguardista en una capital entregada a las finanzas y el ocio generó su capital a través de M-150. En concreto, se trata del tónico energético líder en el territorio donde nació Red Bull.

La apertura del Museo Dib Bangkok careció de celebraciones durante el pasado domingo de solsticio, debido a que el impulsor del espacio, el coleccionista Petch Osathanugrah, murió a los 63 años, un bienio previo a la terminación de los trabajos, finalizados por su descendiente Purat. El carácter reservado integra su pensamiento: “Dib” no constituye una sigla, sino que se traduce como “crudo” en lengua siamesa.

Así, su vestíbulo replica las dimensiones del jardín zen perteneciente al templo Ryoan-ji de Kioto. No obstante, en vez de rocas exhibe un conjunto de planetas de mármol creados por la artista berlinesa Alicja Kwade. Dib posee ciertas características de un santuario carente de campanas. Para compensarlo, al ingresar, el público tiene la opción de golpear el muro totalmente blanco usando un bate de béisbol, escuchando así el estruendo en el primer nivel de los tres que componen el museo. Esto puede hacerse como muestra de pesar, furia o sonora queja por el coste del acceso.

Unheard Voice/ Voces inauditas, de Somboon Homtienthong, a partir de columnas de un templo desacralizado del norte de Tailandia
Unheard Voice/ Voces inauditas, creación de Somboon Homtienthong, fabricada empleando columnas de un templo desacralizado en la región norte de Tailandia.Dib

Desde ese punto, y recorriendo los 7.000 metros cuadrados distribuidos en once salas espaciosas, se despliega una muestra particular tailandesa de arte contemporáneo que ya desearían bastantes museos públicos europeos. La construcción supone la primera noticia favorable. En su transcurso, la remodelación de lo que inicialmente fue un depósito portuario de la década de los ochenta permitió el retorno del hijo pródigo. El arquitecto Kulapat Yantrasat (Bangkok, 1969), quien hace dos décadas estableció en Los Ángeles la firma Why Architecture, con la que ha proyectado las reformas de algunos de los museos más destacados de esa nación y, actualmente, la del Louvre.

Kulapat estudió en Japón bajo la tutela del ganador del Premio Pritzker de Arquitectura, Tadao Ando, algo que resulta evidente. “El espacio y la luz es lo que cuenta”, comenta respecto a su museo. Un refugio de tranquilidad que incita a la reflexión y ayuda a revitalizar un área un tanto aislada y sombría de Bangkok. Actúa como nexo entre la Bangkok opulenta y la Bangkok humilde, próxima a su muelle fluvial y muy cerca del asentamiento informal más grande de Tailandia, Khlong Toei, situado tras la autovía.

“Presencia invisible”, por diversas causas —relacionadas con el mecenas que ya no está— es la denominación de la muestra de apertura, organizada por la japonesa Miwako Tezuka y la tailandesa Ariana Chaivaranon. Congrega ochenta piezas de cuarenta creadores, una pequeña porción del catálogo de mil obras que se irán alternando. Más allá de esto, resalta una atalaya fija del estadounidense James Turrell.

Anselm Kiefer - Der verlorene Buchstabe / La carta perdida
Anselm Kiefer - Der verlorene Buchstabe / La carta perdidaDib

Posteriormente, distribuidas en tres niveles, se exhiben piezas de creadores internacionales, del calibre de Anselm Kiefer –con una creación sobresaliente de 2019, Der verlorene Buchstabe- Jannis Kounellis o Louise Bourgeois. Y entre los conceptualistas de Tailandia, como el difunto Montien Boonma, con trabajos curativos que incluso pueden olfatearse. O Somboon Hormtientong, con La voz inaudita, una sugerente rehabilitación de una docena de columnas de un viejo templo desacralizado, que el autor localizó en un anticuario, próximo a Chiang Mai.

Dib representa también un afortunado cruce entre lo local y lo global, llenando un hueco en una nación de 70 millones de personas. Es verdad que se celebra una Bienal de Bangkok, así como un gran espacio polivalente para la plástica, como el BACC. Se encuentra además el MOCA, surgido asimismo de un coleccionista privado tailandés, con sus particulares obsesiones. No obstante, el Dib es un proyecto bastante más sofisticado y con una superior proyección internacional.

Dib representa asimismo un desembolso enorme, tanto en fondo como en forma, que revelará a muchos la opulencia de las estirpes prominentes de Bangkok. La mayoría desciende de antepasados que arribaron desde China. Petch Osathanugrah se encuentra en esta misma situación. No obstante, en esta ocasión su capital no se ha destinado a erigir un complejo comercial inédito o una torre de viviendas adicional, sino una suerte de Buda recostado y dividido para el deleite artístico. Resulta complicado concebir un gesto de entrega más profundo. Bangkok, a pesar de sus múltiples atractivos, carecía de una justificación intelectual y finalmente la ha conseguido.

Petch Osathanugrah, patrocinador afro

El modo en que una bebida estimulante hizo posible financiar una de las colecciones más sobresalientes y uno de los recintos artísticos más bellos de Asia.

Petch Osathanugrah no era un individuo común, ya que el patrimonio de su familia, valorado en dos mil millones de euros, le permitía elegir cualquier camino. Optó por un estilo de vida bohemio compaginándolo con su labor como director ejecutivo e incluso rector del centro universitario de su familia. Podía adquirir una obra de Picasso o de Damien Hirst en una jornada —asegurando que no lo hacía por rentabilidad— y al amanecer siguiente escribir un tema musical, pues ejercía de compositor y vocalista —de peinado afro— con diversos triunfos comerciales en su nación. Su abuelo estableció el negocio familiar de brebajes curativos y su progenitor —quien sacó a la luz el volumen fotográfico “Vanishing Bangkok” a la edad de 72 años— creó la Universidad de Bangkok, uno de los centros de enseñanza privada más destacados del territorio, que incluye una facultad de Bellas Artes, entre otras disciplinas. Osathanugrah perdió la vida a causa de un ataque cardíaco poco tiempo después de dejar ambos cargos. No obstante, su legado perdura, ya que sostenía que Tailandia tenía que avanzar hacia un modelo económico basado en el saber, siendo Dib su ambicioso y grandioso aporte.

Los refrescos estimulantes representan, en su nación de procedencia, un asunto sumamente formal y carente de gas, vinculado estrechamente a las jornadas laborales agotadoras antes que al ocio. Asimismo, en Tailandia nada se manifiesta de manera política explícita, lo cual provoca que cualquier elemento termine adquiriendo ese matiz de modo indirecto. Iniciando con el pequeño envase de tónico energético que se adquiere en el 7Eleven. Se trata de impresiones fundamentadas en la realidad que el marketing potencia. De este modo, Krating Daeng (toro rojo, origen de Red Bull), que ocupa el tercer puesto en ventas, se vincula con posturas de derecha. Carabao, la segunda opción predilecta, creada por el cantante de la banda homónima, se relaciona con los movimientos de protesta. Finalmente, la marca líder, M-150, carece de ideología, resultando por ello omnipresente.

Petch Osathanugrah, el coleccionista que no llegó a ver acabado el museo del que habló toda su vida y para el que cambió siete veces de arquitecto
Petch Osathanugrah, el entusiasta de las artes que no pudo ver finalizada la edificación de la que habló constantemente y para la cual sustituyó siete veces al arquitecto.Osotspa
Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Bangkok

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Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) ejerce como enviado de Guyana Guardian en Bangkok. Con anterioridad, desempeñó la labor de delegado para el rotativo en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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