Reconstrucción imposible de un adiós.
Libros
Pol Guasch indaga en el duelo.

El escritor Pol Guasch fotografiado esta semana

"Me habría gustado recibir un mensaje", comienza Reliquia. El progenitor de Pol Guasch se quitó la vida en enero del 2013 sin legar ningún texto final que funcionara como adiós. Una década más tarde, Guasch se encontraba en su hogar de infancia, en Tarragona, y, de forma algo espontánea, inició una obra personal, prácticamente oculta, afirma. Redactado en segunda persona, no constituye una misiva dirigida a su padre, aunque sí surge de aquel escrito que su padre omitió. Busca reconstruirla, no empleando papeles ni mediante relatos de allegados o registros de la familia, sino a través de los textos de escritores que Guasch admira y ha estudiado, tales como Anne Sexton, Sylvia Plath o Clarice Lispector: “Ha sido importante descubrir hasta qué punto podemos reconstruir los vacíos de la propia vida, no con hechos, sino con literatura”.
Publicado por Anagrama, y cuya edición en castellano ha traducido Unai Velasco, el libro se presenta el miércoles en el CCCB. Lejos de narrar el abismo de la pérdida, el abandono o el trauma, Reliquia se adentra en el desvanecimiento de una presencia. Así Guasch se apodera de lo que aprendió al escribir Napalm al cor y Ofert a les mans, el paradís crema , en los que exploraba lo que no acababa de entender. Por ejemplo –apunta en el libro–, que el amor es un malentendido: “No esperamos a nadie, pero cuando llega, releemos el pasado como si lo hubiéramos esperado siempre”. Dice que con la muerte quizá pasa algo parecido. Y a veces te acercas a ella porque te resulta familiar y otras te alejas por ser, precisamente, demasiado familiar. Él la observa para tenerla controlada, consciente de que no es posible y de que haberlo sentido antes no nos hace inmunes al dolor.
“Para algunas personas, vivir supone un reto que implica más dolor que alegría”, alerta Guasch
La identificación clínica nunca fue precisa. Independientemente de que pudiese sufrir alguna patología mental, Guasch sostiene que su progenitor mantenía una actitud melancólica ante la existencia. Aunque el suicidio se discuta cada vez más, suele enfocarse desde una visión social que no resuelve la interrogante antropológica: “Se dice que a los suicidas los mata el sistema, y obviamente el capitalismo mata”, señala, “pero la estructura social no resuelve una cuestión, para mí fundamental, relacionada con esa tensión constante que hace que, para algunas personas, vivir suponga un reto que implica más dolor que alegría”.
Reliquia no representa el mensaje que el padre omitió, sino el que el hijo le dedica a su progenitor, “la reconstrucción de una nota imposible, o la reconstrucción imposible de una nota”. Poseen una gran similitud física, y todos le mencionan que tienen el mismo semblante o que maneja de igual manera, como si tomara su puesto: “Cuando me hago presente, él se hace presente a través de mí”. No obstante, ha querido resaltar elementos de esta herencia que superan lo genético y forjan una conexión con su padre vinculada a cierta percepción de soledad. En ese aspecto, sus voces se unifican.
Durante el 2012, su progenitor remitió unos versos a su madre que expresaban: “Vivid la vida que no he sabido vivir”. Esta obra representa una huella de dicha realidad, el testimonio de que han asumido el relevo, un espacio de retorno para recordar que Guasch y sus parientes permanecen presentes. Una vez finalizado el texto original, ellos resultaron ser los lectores iniciales. Sintió temor ya que, si bien el fallecimiento de su padre nunca fue un tema prohibido, en estas páginas analiza sus claroscuros y establece la narrativa. No solo le embargaba una percepción de entendimiento y de haberlo abarcado como no pudo en vida, sino también una desconexión por la que ahora ya no menciona acontecimientos, sino un artículo: el ejemplar que relata esta crónica, aquello que se protege por haber pertenecido a un ser muy apreciado, una reliquia.