Cultura

Marta Jiménez Serrano, la escritora que logrará que revises tu caldera al instante para prevenir un envenenamiento mortal.

Una historia de supervivencia

Marta Jiménez Serrano lanza ‘Oxígeno’, una obra en la que narra su vivencia próxima al fallecimiento después de inhalar monóxido de carbono debido a un escape.

La escritoraMarta Jiménez Serrano, fotografiada esta semana en las calles de Madrid 

La escritora Marta Jiménez Serrano, captada a lo largo de estos días por las calles de Madrid. 

Dani Duch / Propias

Cuando una persona decide telefonear a un negocio de mantenimiento de calderas, seguramente le ratifiquen que las peticiones de asistencia han crecido este mes pasado. Casi todos vincularán esto a la temporada invernal, si bien es muy posible que bastantes de esos chequeos preventivos se originen por Oxígeno (Alfaguara), el volumen más reciente de Marta Jiménez Serrano. Diversos lectores le han transmitido este sentimiento a la creadora. Bastantes personas le han reconocido que no se sienten plenamente a salvo en su domicilio y que hallarían mayor calma si un especialista acudiera a verificar que la instalación funciona correctamente.

Jiménez Serrano solo ha requerido 160 páginas para narrar a todo el mundo su vivencia más próxima al fallecimiento. Corría noviembre de 2020, restaban todavía unos pocos meses para el lanzamiento de su obra debut, Los nombres propios (Sexto Piso), cuando su caldera sufrió un escape. El monóxido de carbono los fue dejando somnolientos, tanto a ella como a quien era su compañero en aquel tiempo, el autor Juan Gómez Bárcena, hasta que, al final, ella se desplomó y se golpeó el cráneo. “Supe qué es estar muriéndose”, reconoce, inicialmente en su volumen, y, después, mediante llamada, a Guyana Guardian , ya que se trata de una expresión que reitera con más frecuencia de la deseada a partir de ese instante.

“El incidente de la caldera no es universal, pero sí lo es la relación con la muerte”, comenta la escritora, quien considera que es justamente ese carácter universal lo que ha contribuido a que la obra haya llegado a su tercera impresión en apenas siete días. Un triunfo que difícilmente podía visualizar. “Es más, nunca imaginé que este libro fuera a ver la luz, cuando lo planteaba. Era un tema muy brutal para mí, aunque al final, el verbalizarlo, tanto de forma escrita como oral ahora durante la promoción, ha conseguido que sea sanador. Eso sí, hay que tener en cuenta que, muchas veces, sanar duele”, reconoce.

Aparte de relatar un suceso tan intrincado como su ‘casi muerte’, Jiménez Serrano ha lidiado con distintos desafíos durante su proceso de redacción. “El primero de ello es que todo el mundo ya sabía el final. Yo soy la narradora, y estoy viva. Por lo tanto, toda yo soy un spoiler . Tuve qué medir muy bien como mantener la tensión y el interés para que el lector quisiera seguir leyendo. Por eso, el libro tiene un tono íntimo y de secreto. Cuento una experiencia terrible para mí, pero, aunque sea para mal, importante en mi vida porque me ha marcado”.

No poseo memoria alguna sobre lo sucedido en el momento culminante del relato, pues me encontraba sin conocimiento.

Una dificultad adicional –prosigue– consiste en que “no tengo recuerdo alguno de qué ocurrió en el clímax de la historia, ya que estaba inconsciente. ¿Qué sucedió exactamente? ¿Qué dijo Juan? ¿Cómo me recibieron los enfermeros? No tengo idea”. Por este motivo, además de relatar su experiencia personal y sentimientos, la autora se vio obligada a llevar a cabo una labor de investigación anterior. “He entrevistado tanto a Juan como al personal médico que me atendió. Y, aún así, hay instantes que cuestan reconstruir, porque no hay nadie que tenga constancia y, también, porque la memoria es tramposa y fragmentaria. Hay cosas que creemos recordar y, tal vez, las ha elaborado nuestro cerebro”.

Si algo resulta indudable y que la escritora enfatiza en diversas partes de su obra es que “la llama de la caldera tiene que ser de color azul. La mía supe luego que era amarilla. Un color que, de niños, cuando pintamos el fuego, empleamos, sin realmente saber los peligros que una simple tonalidad puede acarrear”. De cualquier modo –afirma– “cuando llegas a una nueva vivienda, esperas que todo esté bajo un control y unos mínimos. Pero parece que vivimos en la era de la precariedad. Está a la orden del día”.

Si algo queda demostrado en Oxígeno (Alfaguara), la reciente obra de Marta Jiménez Serrano, donde relata cómo se intoxicó con monóxido de carbono debido a un escape en la caldera, es la situación de vulnerabilidad. La escritora alude en reiteradas ocasiones al descuido de su antigua arrendadora respecto a las obligaciones del inmueble. “Cuando firmamos un contrato de alquiler, no hay más que fijarse en las obligaciones de los caseros, que apenas son una o dos líneas, y la de los inquilinos, que muchas veces son infinitas: no tener mascotas, no hacer agujeros, marcharse con poco margen si el propietario necesita el piso...”.
Jiménez Serrano echa de menos esos tiempos distantes en los que funcionaba el denominado mes de carencia, “el cual posibilitaba no pagar la mensualidad inicial ya que se comprendía que era el periodo del traslado y, por tanto, no se disfrutaba todavía del inmueble. ¿Qué ha quedado de tales beneficios? ¿Es posible denominar hogar a un sitio donde no se permite ni siquiera colgar una pintura?

Lara Gómez Ruiz

Lara Gómez Ruiz

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Lara Gómez (Barcelona, 1993) se graduó en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y posee una especialización en género y cultura. Aunque puso empeño, no logró dominar el alemán. Su mayor entusiasmo es la escritura, por lo que cualquier vivencia resulta idónea para convertirse en un guion o un relato corto. Su anhelo es informar sobre los Oscars desde el lugar de los hechos.