Cultura

Paula Vogel examina la forma de gestionar el maltrato infantil sin rev

Entrevista

La autora teatral de Estados Unidos presenta 'Com vaig aprendre a conduir' en la sala Beckett.

Versió en català, aquí 

Paula Vogel en la sala Beckket, donde se ha estrenado 'Com vaig aprendre a conduir' 

Paula Vogel en el interior de la sala Beckket, lugar en el que se estrenó 'Com vaig aprendre a conduir' 

Nacho Vera / Propias

La escritora teatral Paula Vogel (Washington DC, 1951) ha arribado por fin a Barcelona presentando su pieza más reconocida, Com vaig aprendre a conduir, la cual debutó en 1997 y obtuvo el galardón Pulitzer. Dentro de la sala Beckett, bajo la batuta de Marilia Samper y con la versión de Helena Tornero, una magnífica Mireia Aixalà interpreta a la figura principal, una joven víctima de agresiones sexuales dentro de su familia. El magnífico elenco lo integran también Ivan Benet, Alba Gallén, Blai Juanet Sanagustín y Kathy Sey. Vogel se ha desplazado hasta Barcelona con el fin de presenciar el debut y ha tomado la oportunidad de conocer a fondo la urbe y a sus habitantes. El responsable de la Beckett, Toni Casares, afirma que el equipo entero ha quedado cautivado por ella.

¿Cómo está siendo su visita?

Adoro Barcelona. Es mi tercera estancia y me encuentro muy feliz porque me detengo más en los detalles. Sin embargo, es la vez primera que me incorporo a una organización, y estar en un grupo lo transforma todo. La gente intercambia ideas conmigo, me sugiere lugares que conocer y lecturas que disfrutar. No comprendo por qué observo con más interés la arquitectura. Siento que me estoy cautivando.

El jueves asistió al estreno. ¿Cómo se sintió?

Resultó una experiencia de gran carga emocional. Consideré magníficas las elecciones de la directora, ya que desconocía el desenlace mientras redactaba la pieza. El elenco me dejó asombrado y la composición musical me resultó excepcional. Conforme transcurría la función, me percibí como un asistente fascinado. En apenas unos instantes comprendí que me hallaba bajo una excelente dirección.

Es necesario transitar desde la vivencia de víctimas hacia la de supervivientes; por tal motivo me dedico a escribir.

Paula Vogel

Dramaturga

Aunque fuera en catalán, ¿siguió el texto sin problemas?

Entendía a la perfección cada término que pronunciaban. Asimismo, me asombró gratamente la labor de la madre (Kathy Sey) y de los dos miembros del coro (Alba Gallén y Blai Juanet Sanagustín). En relación al decorado, me impactó la manera en que los muros se fragmentaban de forma repentina. Era similar a disponer de una cámara. La directora y la actriz estructuraron la pieza de tal modo que siempre percibía distintos puntos de vista. De improviso, me hallé confinada en una estancia sin saber cómo escapar mientras la representación avanzaba. Me fascinó.

¿Su obra cobraba vida propia?

Sinceramente, no me interesa oír mi propia voz. Ese es el atractivo del teatro: se le da un giro y pasa a ser su creación. Al colaborar con dramaturgos noveles, si demandan que todo sea fiel a su perspectiva y a lo que redactaron, los llamo en privado y les manifiesto: “Eres un escritor maravilloso, pero quizá deberías escribir novelas o poesía, porque el teatro siempre es un trabajo en equipo”.

La obra tiene casi 30 años y sigue vigente.

Surgió en mi mente a los 20 años, aunque no la redacté hasta los 44. Al surgir el concepto, me dio pavor ya que comprendía su naturaleza autobiográfica y dudaba de mi capacidad para plasmarla. La mantuve apartada, no obstante, terminas por redactarla puesto que no se desvanece. Comienza a acecharte. Intentas concentrarte en un proyecto distinto y, súbitamente, te menciona: “Préstame atención, préstame atención”. Requería mayor experiencia vital y la compuse una vez que hube dejado atrás el enfado de mi juventud.

¿Cómo la planteó?

Me cuestioné: ¿Cómo se puede narrar el maltrato sin afectar psicológicamente a los espectadores? Seguramente existe una forma de conseguirlo. Pues generar ese impacto tampoco es de ayuda. No permite la comprensión. Si resulta demasiado violento, se siente como una sentencia. Me tomó tiempo notar que si relataba los hechos de forma regresiva, tal vez tendría éxito. ¿Cuántas veces acudimos a cenar y notamos a un varón de cierta edad con una mujer bastante menor y creemos que se aman? Se ven como una unión ideal. Y comprendí que la pieza podía arrancar en ese instante. Me agrada verlos contentos. Sin embargo, ¿qué pasaría si volvemos diez años al pasado? ¿Qué ocurriría si él tiene 40 años y ella 18? ¿Cómo reaccionaríamos si él tiene 35 años y ella 13? Preciso que el público se sienta a salvo, que bromee y esté relajado antes de que empecemos a compartir esa sensación de malestar.

¿Fue duro encarar esta autoficción?

Durante mi juventud, consideraba que no me correspondía narrar mis vivencias personales por temor a vulnerar la esfera privada de mis allegados. Sin embargo, en última instancia, todo el mundo acaba escribiendo sobre sí mismo. Los hombres no son la excepción. Eugene O’Neill se apoya en su biografía y los griegos ya plasmaban sus relatos personales. No obstante, existe la percepción de que es una práctica exclusiva de las mujeres, lo cual me causa un gran fastidio. Resulta imprescindible hacerlo para que el pasado no dicte nuestro futuro. Es preciso evolucionar desde el sentimiento de ser víctimas hacia la realidad de ser supervivientes. Tal es una de las motivaciones que guían mi labor literaria.

En Barcelona converso con todas las personas que me es posible, ya que desconozco bastantes aspectos de esta capital del teatro.

Paula Vogel 

Dramaturga

¿Ha tenido problemas en alguna producción de esta obra?

Durante el ensayo inicial realizado en una localidad de Alaska, seleccionamos a una joven de 15 años para el papel principal de menor edad. Previo a la secuencia donde ella se convierte en una pequeña de 11 años, me puse de pie y comenté: “Tengo que parar la obra. No puedo ver esto”. Su progenitora se encontraba presente y me aseguraron que no había inconveniente, no obstante, mi respuesta fue: “No, no es seguro. Para mí no está bien”. He hallado la capacidad de metamorfosis de las intérpretes, quienes logran encarnar a una infante de forma espléndida. Dicha opción resulta lícita y bastante más fiable para los involucrados. Su ductilidad y cambio, tal como demuestran las dos artistas en la sala Beckett, constituye un prodigio, es pura fantasía. Me conmovió profundamente el instante en que la intérprete de más edad observa a su versión juvenil, de modo similar a una madre contemplando a su descendiente. Aquel detalle fue lo que me quebró por dentro.

¿Conocía la dramaturgia de aquí?

A Lorca, a Sergi Belbel... Ya que no existen demasiadas versiones al inglés. Por este motivo, estos días me dedico a leer y hablar con todo el mundo, pues desconozco gran parte de esta urbe teatral. Llevo aquí tres jornadas y tengo claro que mi escritura no volverá a ser la misma. Este es el obsequio que me brinda el teatro. Y percibo que los habitantes de Barcelona estiman la escena de una forma que no se da en mi país. Allí, cada semana clausuran entre diez y doce salas. Aquí, los espectadores comentan las múltiples obras que han presenciado. Regreso a mi hogar y tal vez coincida con personas que han visto Mamma mia! Diez veces.

Magí Camps Martin

Magí Camps Martin

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Periodista de Cultura y responsable de los manuales de estilo de las versiones en español y catalán del rotativo. Docente adjunto en la UPF e integrante de la Secció Filològica del IEC.