Cultura

Richard Price: “Si recurres a los clichés, mereces que te manden a la guillotina”

Entrevista

El escritor y guinosta presenta en la BCNegra su última novela, ‘Lázaro resucitado’

Richard Price, este viernes en Barcelona

Richard Price, este viernes en Barcelona

Llibert Teixidó / Propias

Los más de cincuenta años de carrera literaria de Richard Price (Nueva York, 1949) le han permitido llegar a ser uno de los escritores más reconocidos, no solo por sus libros sino que también ha llegado a las retinas del público con guiones tan celebrados como los del filme de Martin Scorsese El color del dinero, la serie The Wire e incluso la parte cinematográfica del videoclip de Bad de Michael Jackson –dirigido también por Scorsese–, trabajos que tuvieron que ver en parte con la necesidad de ganar dinero. Tras una década sin publicar, acaba de presentar en BCNegra su última novela, Lázaro resucitado (Random House), una obra coral en que un hombre emerge de las ruinas aparentemente ileso dos días después del derrumbe de un edificio en Harlem.

¿Por qué le ha llevado tanto tiempo esta novela?

Por una parte, quería escribir sobre el barrio al que acababa de mudarme, que es como si fuera una ciudad en sí mismo, de la que yo no sabía apenas nada, así que tuve que vivir allí para aprender, para llegar a un conocimiento íntimo. Además, necesitaba dinero, así que por necesidad alternaba entre partes del libro y guiones. Todo llegó a un punto crítico, después de años, entre la covid y una huelga de guionistas, y como no podía escribir guiones me quedé sin excusas. Tenía mucha ansiedad porque estaba escribiendo sobre una zona que en ese momento se consideraba prohibida y tenía muchas ganas de escribir sin ser como un turista, y eso llevó tiempo.

No sería el primero que escribe sobre lugares donde no ha estado...

Cuanto más tiempo pasas en un lugar, más matices captas, como por ósmosis. Es como si hubiera venido a Barcelona, sin haber estado nunca antes, y al cabo de un mes escribiera una descripción panorámica de Barcelona, ¿qué calidad tendría? Sería vergonzoso.

Su novela se centra en el derrumbe de un edificio.

En el 2014 se derrumbó un edificio a diez manzanas de mi casa y fui allí inmediatamente. Llevaba ya un par de años escribiendo sobre Harlem, pero no tenía ninguna semilla que hacer crecer. Tropiezas con algo y, de repente, te das cuenta de que eso es lo que buscabas, lo que organiza el todo... Es la pieza central del libro.

En cierto modo ha hecho como su personaje Felix, el fotógrafo que documenta la vida del barrio...

Si supiera pintar o tocar el saxo, no escribiría ni una palabra. A la vez, siempre he pensado que si tuviera otra vida, me gustaría ser fotógrafo callejero, es algo con lo que realmente me identificaba en términos de mis gustos, y como no tenía conocimientos, pasé tiempo con amigos fotógrafos y leí algún libro para principiantes. La paciencia es la clave, y la composición.

Esfuerzo literario

“Si supiera pintar o tocar el saxo, no escribiría ni una palabra”

También son aspectos de la literatura...

Sí, así que al escribir había cosas con las que me identificaba, claro, era como un alter ego.

Un hombre sale ileso dos días después del derrumbe. ¿Se sale indemne de la escritura?

En Bangladesh se derrumbó una fábrica textil donde murieron cientos de mujeres, pero milagrosamente encontraron viva a una mujer 17 días después, y se convirtió en una celebridad. Era sospechoso.

Su hombre renacido encuentra una misión para llevar a cabo.

Antes del accidente él no era nadie y pasaba por momentos difíciles, y de repente, la gente lo trata como si fuera alguien, le animan y se convierte en un símbolo y crece su fama, pero si agarras a un tigre atrapado por la cola, ¿te tiene el tigre a ti o tú al tigre? Ese es su dilema. Él ha decidido renacer y convertirse en una persona que nunca ha sido y que no necesariamente siempre ha querido ser, pero ha renacido de sus cenizas como un fénix y ahora es una persona diferente. Está muy agradecido por toda la atención amable que recibe y quiere compartirla, y su inspiración es sincera y genuina.

Su renacido es espiritual, pero no abiertamente religioso.

Tus brazos son demasiado cortos para pelear con Dios. Mucha gente se refugia en la religión porque no hay respuestas. Coges tu inteligencia crítica, la cuelgas en un perchero y te diriges a la iglesia. Algunas personas creen profundamente en esto con toda sinceridad, pero a Anthony un día le es más fácil creer que es voluntad de Dios, y al siguiente cree que ni hablar. Cree en lo que se ha convertido, y eso es lo que transmite a la gente.

¿Usted se siente renacer con cada libro o proyecto?

Mire, cuando escribo un guion, la gente me dice lo que quieren que haga. Es como la diferencia entre ser diseñador de moda o un tipo con una máquina de coser en una tintorería, donde tienes que arreglar unos pantalones o lo que surja. Para escribir algo propio suelo tener un interés previo hasta que doy con algo que lo pone en marcha, que pueda unir todo el entorno.

Usted, le guste o no, también es una celebridad...

Cuando publiqué mi primer libro, de repente pasé de ser un escritor a ser un autor, y eso no solo me emocionaba sino que me hizo diferente porque me dio confianza, quizá demasiada porque escribí basura, pero era joven y no sabía mucho. Yo venía de una familia en la que se va a la universidad para conseguir trabajo y tener seguridad, y si quieres dedicarte al arte, te miran como si estuvieras loco. Me impuse a la ansiedad de mi familia. Luego empeoré por la adicción a la cocaína y mis libros empezaron a ser cada vez peores. Cuando terminé el cuarto, ya no sabía sobre qué escribir, porque todos eran autorreferenciales. Cuando empecé a escribir guiones dejé la coca, que es más fácil de dejar que Hollywood. Me casé y tuve hijos, y volví a ser aclamado y exitoso de una manera que me hizo sentir optimista. Pasaron ocho años y, cuando quise escribir una novela policíaca, me incliné por narrar la adicción al crack en los barrios marginales, y por primera vez en ocho años tuve claro que no quería que fuese un guion para que me lo cambiaran todo. Tenía suficiente dinero para poder parar y explorar, y volví como un escritor completamente diferente porque me dejé a mí mismo en ello. Sentí que volvía a ser yo mismo, pero sin ser tan gilipollas y engreído como cuando tenía 20 años.

Infancia

“Crecí en un complejo de viviendas sociales con mayoría blanca de clase trabajadora, pero había mezcla”

¿Y ahora?

Tengo 76 años, y a estas alturas, me resulta difícil hacer lo que hacía antes, tal vez debería escribir un libro que no requiera salir de casa. Pero claro, he acumulado muchas experiencias, y al fin y al cabo lo mío se llama escritura creativa. En este libro, de hecho, no hay un problema que resolver, no hay homicidios, ni detectives, solo son personas que viven en una zona determinada unidas por esta catástrofe. ¿Cómo fueron sus vidas a partir de allí? Todo el mundo se ve afectado, pero no de forma que de repente aprendan a volar. Quiero decir, el libro fue escrito por el tío drama y la tía clímax.

Es raro un libro en que no hay malas personas, al contrario de lo que tantos pueden prejuzgar de Harlem...

Son seres humanos. Tenía ganas de escribir algo con cierta amabilidad, en contraposición a la urgencia que se refleja en la escritura, pero que no se refleja realmente en las vidas de los personajes. Nadie va a morir si no hacen nada. Nadie es la próxima víctima. Solo hay un edificio que se ha derrumbado. Hoy no lo escribiría, hay demasiadas cosas que invaden la vida de todos los estadounidenses, con un gran ejército de seguidores de Trump... Hay un verso de Yeats que viene a decir que las mentes más brillantes están distraídas mientras que las que tienen malas intenciones llenan ese vacío oportunistas, mezquinas y malvadas. Mucha gente cree que en Harlem solo hay vidas desesperadas, pero yo fui a escribir sobre que el culo de todo el mundo está a un metro de su cerebro, seas del color que seas. Solo quería escribir sobre la gente y normalizarlo, no hacer un anuncio de servicio público. No lo es, pero si vives allí el tiempo suficiente, no es que no puedas notar la diferencia entre tú y los demás, pero hay menos diferencia, y cuanto más tiempo vives allí, más matices desarrollas a la hora de interpretar algo. A medida que la situación cultural se ha vuelto más grave y el Gobierno se volvía cada vez más severo y siniestro, vi claro que no quería escribir sobre Trump, ni siquiera sobre Obama. Solo quería escribir sobre el mundo, sin estar bajo la sombra de la corrección política, de los guardianes que deciden quién tiene derecho a escribir sobre qué. Crecí en un complejo de viviendas sociales donde la mayoría eran blancos de clase trabajadora, pero el 25% no era blanco, e juntos íbamos a las mismas escuelas, pero eso no me convierte en un experto, porque no sé cómo es estar dentro de alguien cuyo color de piel no es el mío, igual como tampoco sé realmente cómo es ser mujer, claro, pero puedo usar la imaginación y crear seres humanos plenamente realizados. Si lo haces de forma superficial y recurres a los clichés, mereces que te manden a la guillotina.

Francesc Bombí Vilaseca

Francesc Bombí Vilaseca

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Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)

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