Carlos Zanón admite que estuvo muy cerca.
Entrevista
El literato barcelonés exhibe 'Objetos perdidos', su obra con más carga existencialista, que relata la trayectoria de un jurista que localiza a otros individuos pero no consigue encontrarse a sí mismo.

El autor Carlos Zanón, en Barcelona, apenas unos días antes de que su reciente volumen, ‘Objetos perdidos’, esté disponible en las tiendas.

Barcelona posee múltiples perspectivas y una de estas pertenece a Carlos Zanón. El escritor lleva tiempo plasmándola a través de sus libros. En ocasiones sombría, en otras algo más radiante, aunque siempre poseedora de un espíritu que impacta a todo el mundo. “Es una protagonista más”, confiesa, al tiempo que degusta su café. Siendo las 10 de la mañana, en su mente aún perdura el planning de los debates del certamen BCNegra, acontecido la semana previa y bajo su dirección. Apenas concluye un compromiso inicia el siguiente: difundir su reciente relato, Objetos perdidos (Salamandra), disponible en tiendas desde el 19 de febrero y protagonizado por Álex Gual, un letrado con la misma habilidad para localizar gente que para extraviar objetos.
Segunda oportunidad
Existen personas cuya ausencia es preferible. Sin embargo, con otras, volvería a compartir un café.
El personaje principal ejerce de abogado, igual que usted en años anteriores. ¿Existen otras semejanzas entre ambos?
Tenía el deseo de crear un protagonista capaz de transitar por los límites de la legalidad siempre que hiciera falta y que no fuera policía. Alguien carente de superiores o jornadas fijas, un rasgo en el que guardamos cierta similitud.
Pero no en la droga que consume, imagino. Y usted tampoco vive en un hotel.
Durante mi etapa de letrado, el café era fundamental para aguantar los turnos de guardia y sigo recurriendo a él como autor. Respecto al hotel, me llamaba la atención como marco para representar la carencia de raíces. Álex Gual no experimenta problemas de dinero, pero está morando en un espacio impersonal.

Trata de compensarlo durmiendo acompañado siempre que puede.
Es verdad, aunque al mismo tiempo desea esfumarse. En la actualidad, esto no resulta tan complicado.
¿Por qué lo dice? ¿No sería lo contrario?
Simplemente hay que abandonar WhatsApp. Permanecer aislado en una sociedad tan vinculada, ¿acaso existe un error más grave? Las personas han dejado de telefonear y, en consecuencia, te borran pronto de su memoria.
Muy en el fondo, Álex Gual no quiere irse de este plano.
Conserva un impulso final de subsistencia. Reflexiona que, de fallecer, no hay problema, y de lo contrario, permanecerá presente para observar el desenlace. En parte logro comprenderlo.
¿Sí?
Hace algún tiempo, falleció mi padre, atravesé un divorcio y me trasladé de la que fuera mi casa. Todo sucedió en un periodo de tiempo muy breve. Por si no fuera suficiente, me detectaron un linfoma. Fue entonces cuando reflexioné: ‘bien, ya es suficiente, Carlos, suéltate’. Pero no con una actitud negativa.
Al confirmarme que padecía un linfoma experimenté alivio. Me dije: ‘Por fin’
¿Se puede ser optimista?
En realidad, experimenté un gran alivio. Se trataba de algo tan extremo, que mis opciones eran mínimas. Suponía que la resolución sería blanco o negro, y me libraba de las zonas intermedias, que suelen causar tanto tormento.
Y salió cara.
Conseguí sanar. Conté con fortuna puesto que no dañó mi médula ni ningún otro órgano. Realicé seis meses de quimioterapia y purificaron mi sangre.
Renació.
Es posible expresarlo de ese modo. A medida que pasaba el tiempo reflexioné sobre ese sentimiento de abandonar la resistencia y, simultáneamente, de emancipación. Consideré que resultaba atractivo indagar en ello a través de la narrativa, y terminó naciendo esta novela, cuya creación me ha tomado cuatro años.
¿Ha conseguido durante este lapso descubrir qué sucedió con el muchacho que se esfumó en Barcelona al poco tiempo del fallecimiento de un deportista de rugby? Pese a que emplee nombres ficticios en su obra literaria, se trata de hechos verídicos que han tenido lugar en la urbe.
Aquel joven se filmó en Instagram afirmando que lo estaban siguiendo y posteriormente desapareció sin dejar rastro. Asimismo resulta verídico, sin tratarse de un recurso literario, que un investigador llegó desde Inglaterra con el fin de esclarecer lo sucedido.
Suena a guion de película.
Ocurrió de esta forma. Ejerce como investigador de figuras célebres aunque, anualmente, consiente en tramitar un expediente sin cargo. Y viajó hasta Barcelona.
¿Y qué encontró?
Hechos sumamente insólitos. A tal grado que sus allegados le rogaron que detuviera la indagación. Elegían imaginar que el muchacho había perecido, pero en calma, o, incluso, conservar el anhelo de que quizás algún día volvería, dado que nunca se localizó el cuerpo. Sin embargo, los pormenores macabros prefirieron desconocerlos.

En medio de este lío, la historia incorpora al personaje del señor Paco, un sujeto oscuro que percibe el beneficio y utiliza a Álex para subastar pruebas al postor más alto.
Disfruté enormemente dándole vida. Se trata de un individuo despiadado y feroz que, no obstante, posee un lado sensible. Me evoca ligeramente a Vito Corleone o a Tony Soprano. Dentro de la narrativa, esta clase de personajes resultan muy eficaces. Al público lector le suelen atraer. Los antagonistas cautivan, especialmente cuando presentan diversas facetas. Guardo ciertas identidades en mi mente, aunque prefiero no revelarlas.
Con regularidad busca plasmar las debilidades varoniles, que históricamente se han procurado alejar de la mirada pública.
Resulta una deuda pendiente. Diversas acciones o posturas que antes sosteníamos han perdido su lógica, resultan anacrónicas y ya no forman parte de tus convicciones. Personalmente, me atraía la figura de Álex por un motivo distinto: su total falta de motivación sexual. Previamente, exceptuando las cintas de Tarantino donde el deseo físico parece inexistente, solía encontrar varones melancólicos que, a pesar de todo, afirmaban mantener apetito sexual.
¿Es su novela más existencial?
Me parece que es así. Asimismo, medito frecuentemente acerca del transcurso de los años. Es una faena, pero es obligatorio amoldarse. Sobre todo si tu labor es creativa, con el fin de no perder el ritmo. Personalmente, detesto la melancolía y considero que bastantes personas la utilizan en exceso. No creo que cualquier época anterior fuera superior; sencillamente, teníamos menos edad. A los 20 años, incluso la situación más adversa puede albergar un pequeño rayo de ilusión.
Los vínculos interpersonales se fracturan con mayor celeridad y las urbes presentan una cantidad superior de pertenencias extraviadas que nunca.
Álex halla esa ilusión en Inés, la empleada del Donna Summer, el local donde se reúne con el señor Paco.
Se aferra a un vínculo imprevisto. Es ese destello de claridad que atraviesa una pequeña fisura. No pienso que sienta amor, pero ella encarna la posibilidad de recobrar su esencia y no precipitarse al abismo. Y eso ya resulta significativo.
Resulta imperdible. Puesto que conversamos sobre artículos extraviados en este relato, ¿siente la falta de alguno?
Más allá de lo tangible, lo que realmente añoro es a todos esos individuos a quienes has amado o con los que mantuviste un vínculo pero que, súbitamente, de un momento a otro, dejas de frecuentar. Existen personas cuya ausencia es positiva, incluso lo festejo. Sin embargo, con otras, quizás desearía compartir un café y conversar para resolver asuntos o reiniciar la relación.
Siempre puede dar usted el primer paso.
Quizás el volumen mismo me sirva de apoyo para eso. Algún día, con melodías de fondo, lo analizaré.
¿A qué suena esta novela? Usted acostumbra a escribir con música de fondo.
Esta obra ha resultado diferente en diversos sentidos. Anteriormente, requería identificar el sonido de mis relatos. No obstante, es la ocasión inicial en que no experimento tal sensación, a pesar de incorporar numerosos temas musicales en los pasajes. Para no defraudar a quien lee, tal vez afirmaría que Inés me recuerda a Shakira o que existe una gran influencia de Mano Negra, de los 80. Sin embargo, tal como mencioné, en este volumen el proceso fue totalmente diferente.
Tal vez, es usted quien ha cambiado.
Sin duda alguna. La colectividad lo ha provocado. Nos hemos esforzado tanto por ser individuos independientes, que actualmente buscamos con ansias protección y afecto, y resulta difícil hallarlo. Los vínculos personales se rompen con mayor celeridad y los núcleos urbanos albergan más pertenencias extraviadas que en cualquier otro momento.
