Un nuevo canon del arte español
Tras la salida de Borja-Villel
El Reina Sofía retira de sus salas el 15-M y multiplica la presencia de creadores locales

Vista de Escena urbana, de Rafael Canogar, una de las obras que se exhiben en la cuarta planta del Reina Sofía

El canon lo construye cada generación”, reflexiona el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Segade, tras la maratoniana visita a la nueva ordenación de las obras que van de 1975 a nuestros días y que ocupan toda la cuarta planta del edificio Sabatini.
Se trata de un nuevo recorrido por el arte contemporáneo que se inicia con un cuadro de Juan Genovés de 1975, el año que marca el principio de la transición, y en el que figuran 224 artistas y 403 obras. “Una relectura crítica en diálogo con los procesos culturales de cinco décadas” que para el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, trasciende las paredes del “palacio del pueblo” que es el museo y apela a la ciudadanía en un momento en el que la conquista de la democracia no se da por descontada.
Entran Miquel Barceló, Teresa Solar
y Jordi Colomer, pero Manuel Segade
no ha incluido a Jaume Plensa
La mayoría de los artistas representados –un 77%– son españoles, y entre el 23% restante destaca la presencia de latinoamericanos. Sin embargo, no se ha podido cumplir, lamenta Segade, la ley de paridad y aunque la presencia femenina ha dado un gran salto, es del 35%.
Sea como fuere, estos más de 3.000 metros cuadrados de espacio expositivo, a los que pronto se añadirá la llamada Alacena, un lugar donde sentarse a preparar la visita, proponen un paseo por los últimos cincuenta años del arte contemporáneo a través de las figuras más representativas de la pintura, la fotografía, la escultura o el videoarte de la colección del Reina Sofía, que sigue creciendo con nuevas adquisiciones y donaciones.
“Hemos priorizado a los creadores vivos”, explica el director del museo, que insiste en que la selección, que incluye obras de Miró o Picasso en la primera sala, se puede cambiar permanentemente, ya que su planteamiento es “revisable y flexible”. Aun así, asume Segade, eso no sucederá hasta que pasen al menos tres años, porque ahora la prioridad es revisar las otras dos plantas del edificio Sabatini, que concentrará la exposición permanente mientras que al Nouvel irán las temporales.
Culminará entonces la renovación del “discurso caducado” del que habló Segade cuando en el 2023 llegó a la dirección del Reina Sofía tras el relevo de Manuel Borja-Villel, cuya salida estuvo marcada por la polémica. Así, han abandonado las salas las controvertidas pancartas del 15-M, porque, según el actual responsable del centro, que cierra los ojos para pensar antes de responder a la prensa, cuenta más la obra de arte en sí que el documento histórico.
Si a su llegada, aclara Segade, todo estaba “preparado” a partir del relato de su predecesor, es ahora cuando su impronta puede al fin ver la luz. Y en esta nueva visión, la escultura tendrá “carta de naturaleza”, ya que en ocasiones ha sido relegada, razona, y, sobre todo, “el arte español será el centro”.
“Ya sé que nos encanta lo de quién falta, pero con un 64% de nuevos artistas, cubrimos grandes lagunas. Es lo importante”, se defiende Segade ante las preguntas sobre destacadas ausencias, sin ir más lejos la de Jaume Plensa, uno de los escultores más reconocidos internacionalmente y del que el Reina Sofía no tiene ninguna obra.
No son “solo los nombres” lo que construye la multiplicidad de relatos a los que quiere dar cabida la nueva ordenación del arte de 1975 hasta hoy del Reina Sofía, argumenta su director, para quien su obligación es precisamente discutir el canon, al que se llega, en todo caso, a través del diálogo entre diferentes generaciones y en cuyo horizonte se sitúa un consenso que, como en el caso del Gernika , debería ser incuestionable. Entre los elegidos, Miquel Barceló, Teresa Solar, Chus Burés, Jordi Colomer, Rubén H. Bermúdez, Cristina Lucas, Pepe Miralles, Rodríguez-Méndez o Susy Gómez, que no estaban representados. “No es una cuestión de gusto personal”, aduce Segade, quien, a sus 48 años, reconoce no entender bien algunas propuestas de los más jóvenes. “Pero tienen que estar”, zanja.
Tres itinerarios en 21 salas
Un recorrido ordenado pero imprevisible
La idea que resume la nueva ordenación del arte de 1975 a la actualidad es que el visitante pueda reconocer que en el pasado ya se planteaban los “futuros deseables” que hoy están aquí, anuncia el director del Reina Sofía. El arte contemporáneo es una expresión del “pensamiento crítico sobre la modernidad precedente”, continúa Segade, por lo que el museo ha dado cabida a los movimientos contraculturales, la segunda ola del feminismo o el proceso de descolonización emprendido por los artistas del Sur Global en una muestra de la “celebración de la diversidad” que define su propuesta, a la que se suma la mirada del colectivo LGTBIQ+. El recorrido se inicia con una Introducción –una sala en la que una canción inédita de Jota, de Los Planetas, hace de banda sonora a una filmación nocturna de Iván Zulueta desde la Torre de Madrid el 20 de noviembre de 1975, la fecha de la muerte de Franco– y sigue con tres itinerarios. En ellos, la colección se ordena, en varios capítulos, no de forma lineal o cronológica, sino por temáticas, que van de la historia de los afectos en el arte a “mirarse el ombligo” y reflexionar sobre la institucionalización y el mercado, pasando por los poderes de la ficción.
Al margen de los vaivenes ideológicos, que, dice, no le preocupan, ya que “el arte siempre es político” por cuanto apela a un tiempo y una sociedad concretos, y además él ha trabajado con administraciones de distinto signo, Segade apunta que el feminismo u otras miradas presentes, como la perspectiva racial –hay una sala dedicada a los artistas afroespañoles– o queer , forman parte del devenir de la sociedad y su discurso, el fondo, no se puede desvincular de la obra, la forma.