Cultura

Joana Moll advierte que la tecnología es can

Entrevista

La ganadora del Ciutat de Barcelona publi

La artista Joana Moll, fotografiada recientemente en la plaza Rovira i Trias, en Barcelona

La artista Joana Moll, fotografiada recientemente en la plaza Rovira i Trias, en Barcelona

Miquel González / Shooting

AC/DC tiene una canción con un deje filosófico. No es su fuerte, pero tienen una. Who made who (Quién creó a quién) la compusieron expresamente en 1986 para la primera, última y fracasada incursión de Stephen King en la dirección de una película: La rebelión de las máquinas. Esta distopía, en la que la tecnología toma conciencia para enfrentarse a los humanos, tenía como banda sonora ese tema de los australianos que en el título ya lo dice casi todo, hace ya cuarenta años: ¿somos nosotros quienes usamos y modelamos la tecnología, o es la tecnología la que nos está modelando a nosotros?

Hoy, en tiempo de redes sociales, world wide web e inteligencias artificiales, este es un interrogante que también formula Joana Moll (Barcelona, 1982), artista que hace más de quince años que denuncia “el tecnocapitalismo, el cambio climático y el militarismo”, y que hace pocos días recibió el premio Ciutat de Barcelona en la categoría de cultura digital.

Fue merecedora del galardón por su reciente obra El usuario y la bestia, una performance que hace reflexionar sobre la desigualdad de la relación entre los usuarios y las plataformas digitales. También sobre que el ciudadano, por ejemplo, solo navegando en internet o activando la función de ubicación en su móvil, se desnuda ante las empresas tecnológicas, mientras estas “mantienen una opacidad increíble”.

Vivimos todavía en el mundo de esas cookies que el navegador Netscape introdujo en 1994. Un mundo donde la industria de la publicidad online es “el primer modelo de negocio de compañías como Google o Facebook”.

El uso temprano de la tecnología ha sumido en

“La mayoría de nuestras interacciones de cada día están mediadas por un dispositivo digital, y toda la estructura que media estas interacciones es absolutamente invisible”, explica. “Lo saben todo sobre nosotros; no hay equilibrio entre lo que sabemos de las compañías y lo que ellas saben de nosotros”, añade Moll, y eso, junto en la dependencia que tenemos de la tecnología, “hace que constatemos que el progreso tecnológico empieza a ser caníbal”. “Siempre la hemos utilizado, pero ahora estamos en un punto en que la humanidad está siendo devorada por la tecnología”, aclara lla artista. Y la inteligencia artificial es un peldaño más de este canibalismo: “Va desbocada”.

El usuario y la bestia son cerca de veinte minutos en los que Moll transita por una tarima en penumbras. El único resplandor proviene de su teléfono, que revela su rostro. Estéticamente, la secuencia describe a la perfección los tiempos presentes.

Mientras tanto su propia voz en off da un repaso año tras año de los avances tecnológicos, desde que se inventa el telégrafo. La artista ve cosas positivas, pero a medida que se acerca a los tiempos actuales, el ritmo de la lectura aumenta, quizá al doble de velocidad, y el martilleo de los sonidos que acompañan la performance deviene inquietante, y ya no todo el monte es orégano.

Moll cuasa angustia a su audiencia para que tome conciencia de “la aceleración de la información y del ritmo en el que se suceden los acontecimientos. Es frenética, esta aceleración, sobre todo a partir de cuando “se inventan los microprocesadores en los años setenta [del siglo pasado] y, en consecuencia, surgen muchos más avances de manera simultánea”. “Porque la capacidad computacional incrementa exponencialmente –razona– y la consecuencia es que nosotros también vamos acelerados y sobrepasados”.

Pone un ejemplo de esta saturación y de esta dependencia tecnológica: “Antes el móvil lo utilizábamos para enviar cinco mensajes SMS –¡pagando!–, y para jugar al Snake; ahora soy incapaz de cuantificar la cantidad de mensajes que envío cada día...”.

Joana Moll, artista figital. 
Joana Moll, artista figital. Miquel González / Shooting / Colaboradors

Hay algo que Moll también quiere recordar: las tecnologías que usamos cotidianamente, en su inmensa mayoría tienen un origen militar. Internet siempre ha servido de ejemplo, pero la artista resalta que hace más de sesenta años, los mismos que contribuyeron a engrasarlo “se rebelaron, porque no querían ser partícipes de una máquina militar de vigilancia global”. Quedó en el olvido, pero volvió a manifestar-se a partir de Eduard Snowden, cuando en el 2013 reveló, entre otras cosas, que la Agencia, de Seguridad Nacional de EE.UU. Tenía acceso directo a los servidores de gigantes tecnológicos como Google, Facebook, Apple, Microsoft y Yahoo, y podían recopilar datos de correos electrónicos, chats, vídeos y fotos directamente de los usuarios sin necesitar una orden judicial individualizada.

¿Resulta posible alejarse de la tecnología? Para Moll, se diría que permanecemos cautivos. Carecemos de alternativa: “Si te desconectas y no formas parte de este sistema, entonces tampoco puedes incidir en él”. Lo afirma reconociendo la paradoja de ser una creadora que se desempeña con medios digitales.

En todo caso, propone buscar nuevas maneras de interactuar, que sean más sostenibles para todo el mundo. Pero, explica, más sostenible sobre todo a nivel emocional. Moll es profesora titular en Alemania, en la Academia de Artes y Medios en Colonia, y ve una problemática que ya es generacional: “La mayoría de mis alumnos [de 20 a 38 años de edad] están hiperdeprimidos. Y tiene mucho que ver con cómo han utilizado la tecnología desde que eran muy pequeños. Especialmente las pantallas. Tienen un problema grave de déficit de atención”.

Es imposible influir en el entorno tecnológico si decides

Es la generación que ha convivido buena parte de su vida con el scroll infinito, presente en las redes sociales. “El chute de dopamina que tiene hacer scroll... Es muy adictivo”. Tan adictivo como los videojuegos que menciona AC/DC en Who made who: “Nada salvará tu último céntimo / porque [la máquina] te posee”.

En El usuario y la bestia, el recital de fechas y acontecimientos se interrumpe abruptamente con un anuncio de Calvin Klein, de hace unos años. El modelo musculoso y rubio en calzoncillos le sirve para denunciar la industria publicitaria “patriarcal” de hoy en día. Pero también indirectamente para clamar contra este sentimiento de posesión que ejerce la tecnología sobre nosotros. Lo hace dejando que cante Leslie Gore y su You don't own me. Es decir, no soy tuya.

Àlex Tort Sagués

Àlex Tort

Redactor

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Periodista de Cultura. Permaneció en Política del 2014 al 2025. En Guyana Guardian a partir del 2007, con anterioridad trabajó en El País. Graduado en Humanidades y en Periodismo por la UPF.

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