Cultura

María Stepánova: “Como ciudadana rusa, me siento culpable de que no supiéramos frenar la guerra”

Entrevista

La escritora aborda la diáspora rusa en su nueva novela, 'Desaparecer', donde literatura y vida se funden

La escritora María Stepánova, residente del CCCB, en Barcelona 

La escritora María Stepánova, residente del CCCB, en Barcelona 

Ana Jiménez

Antes de empezar la entrevista, María Stepánova (Moscú, 1972) sabe que se le va a preguntar por Putin. “Es normal, no son tantos los autores rusos que ahora mismo están alzando su voz, en comparación con los ucranianos. Somos el bando opresor”, reflexiona mientras sube las escaleras del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), su casa durante las próximas semanas, pues se incorpora como sexta participante del programa de residencias internacionales. Media hora antes, ha tenido una rueda de prensa con otros medios por la publicación de Desaparecer , una novela que contempla la diáspora y que llega a las librerías en castellano (Acantilado) y en catalán (Angle). “Allí también me han preguntado por él. ¿Qué quieres saber?”

Su opinión. ¿Es optimista en cuanto al final de la guerra?

No demasiado, esto se está alargando y lo peor es que no veo horizonte. No es fácil derrocar a alguien como Putin y menos desde dentro. Mi país es ahora un estado totalitario.

¿Por eso se marchó?

Me mudé a Alemania cuando empezó la invasión. No compartía la posición rusa aunque, como puedes imaginar, no fue una decisión fácil cambiar de ciudad. Durante un tiempo, me costó escribir. Me quedé estancada. Traté de escribir un ensayo que me ayudara a comprender mejor lo que sucedía a mi alrededor y en mi cabeza, pero me estanqué todavía más.

Me encontré en medio de una ciudad alemana desconocida, sin nada que hacer y sin nadie que me esperara. Me sentí libre”

¿Cómo se desbloqueó?

Tras un año de exilio, sucedió algo verdaderamente casual. Me invitaron a participar en un festival en otro país y, debido a una gran huelga nacional, el tren que se suponía que me tenía que llevar allí, se canceló.

Igual que le ocurre a su protagonista.

Sí, pero debo decir que esta no es una obra autobiográfica, aunque se inspira en muchas vivencias mías.

¿Y qué ocurrió entonces?

Me encontré en medio de una ciudad alemana desconocida, sin nada que hacer y sin nadie que me esperara. Pero, lejos de agobiarme, me sentí libre, curiosa y hasta joven. Hacía muchos meses que no me sentía viva.

Y se le quedó marcado ese momento.

No me lo quitaba de la cabeza. Cuando regresé a casa, me senté y empecé a escribir este pequeño libro que terminé en menos de un mes. No fue una novela que planeara, pero el bloqueo se esfumó. Mientras escribía, era como si estuviera viendo una película. Mi propia película privada que ni yo misma sabía cómo iba a terminar, porque también era espectadora.

La escritora María Stepánova en Barcelona
La escritora María Stepánova en BarcelonaAna Jiménez

¿No planeó entonces explorar el exilio? ¿Es algo que le vino solo?

Cuando llevaba pocas páginas supe que tenía que hablar de ello, pero quería que fuera diferente. Tenía que capturar el exilio antes de que fuera conocido. Es decir, antes de que la persona exiliada sepa que lo está.

¿Usted no lo sabía?

No siempre es fácil poner etiquetas. Aunque no tardas en darte cuenta de que la experiencia de un exiliado no dista tanto de la de otro. Y no es una cuestión cultural, porque da igual que vengas de Marruecos, de Siria o de Rusia, por eso, de forma intencionada, no especifiqué los orígenes de mi heroína.

Aún así, muchos lectores interpretan que ‘la bestia’ que usted define en su libro es Rusia o, mejor dicho, Putin.

No es tan fácil como eso. En realidad, la bestia es la capacidad humana para la violencia. Es verdad, que hay muchos tipos de diferentes de violencia. Algunas son totalitarias; otras, nacionalistas, pero todas tienen sed de sangre y, pese a que durante periodos están en letargo, tienden a regresar.

Fui ingenua porque no creía que la guerra fuera a extenderse a la escala actual”

La protagonista se atormenta porque cree que tanto ella como su pueblo están dejando que la bestia crezca. Pero, ¿hasta qué punto el ciudadano es culpable de algo así?

Esta es una pregunta para la que no tengo respuesta. Me la hago todos los días y cada vez me surgen más dudas. Sé con certeza que sí, que tanto yo como mis compatriotas, o los de cualquier país como el mío, hemos sido parte del proceso. En mi caso, y en el de muchos otros, intenté evitar que pasara pero es evidente que no lo logré, no lo logramos. No puedo hablar por el resto, pero yo sí me siento culpable de que no supiéramos frenar la guerra.

Otro tema que aborda su novela es el papel que juega la lengua materna en la percepción de identidad de alguien que vive fuera de su país.

Durante un tiempo, igual que sucede con la protagonista, cuando conocía a otra persona rusoparlante, ya fuera de Bielorrusia o, obviamente, de Ucrania, empezaba a hablar en inglés por definición ya que no quería herir los sentimientos de nadie. Estoy segura de que un ucraniano no se siente cómodo escuchando el idioma del enemigo. Con el tiempo comprendí que, aunque está bien hacer esto en determinadas situaciones delicadas, no puedo cambiar el idioma para todo. Creo que dejar de hablar o escribir en ruso significaría dejar el idioma en manos de quienes quieren convertirlo en un instrumento de violencia. Por eso escribí este libro en ruso.

¿Qué queda en ausencia de una patria y una lengua?

La propia ausencia. Tengo el fantasma de un hogar donde solía tener un hogar; el recuerdo de una lengua, porque no la empleo del mismo modo; y, también de un cuerpo, porque, al fin y al cabo, yo también he cambiado, para empezar con mis pensamientos. Fui ingenua porque no creía que la guerra fuera a extenderse a la escala actual. Pronto entendí que acabar desplazado es una lotería. Nos puede tocar a cualquiera en cualquier momento.

Lara Gómez Ruiz

Lara Gómez Ruiz

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Lara Gómez (Barcelona, 1993) se graduó en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y posee una especialización en género y cultura. Aunque puso empeño, no logró dominar el alemán. Su mayor entusiasmo es la escritura, por lo que cualquier vivencia resulta idónea para convertirse en un guion o un relato corto. Su anhelo es informar sobre los Oscars desde el lugar de los hechos.

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