Cultura

María Rodés: “La presión por el amor romántico te hace más vulnerable a ser manipulada”

Nuevo disco

La cantautora catalana indaga en las facetas del amor más intenso en su octavo trabajo, ‘Lo que me pasa’

Maria Rodés presentará el álbum 'Lo que me pasa' el próximo 25 de febrero en la sala Apolo

Maria Rodés presentará el álbum 'Lo que me pasa' el próximo 25 de febrero en la sala Apolo

Mane Espinosa

El amor en todas sus facetas es el camino elegido por la cantautora Maria Rodés para vestir Lo que me pasa, octavo álbum donde se desprende de su vertiente más personal para adoptar las diferentes facetas del enamoramiento más intenso, aquel que raya con la obsesión. En los 14 cortes del disco, Rodés habla de la ilusión, la decepción, la obsesión o la sororidad mediante géneros habitualmente asociados al amor, algunos de los cuales no había utilizado hasta ahora y que sonarán este miércoles 25 de febrero en la sala Apolo.

Bachata, bossa nova o rumba aparecen acompasados por nueve colaboraciones que aportan su propio sello, desde la electrónica de Bronquio en Chico Malo al hip hop de Delafé en Hechizo o el sonido flamenco que rezuma en Te amé, junto a Soleá Morente, o Otro amor de la mano de La Tremendita. Una mezcla que nació del interés de la cantautora del Maresme, psicóloga de formación, por Lídia de Cadaqués, considerada hija de la última bruja de la localidad ampurdanesa, que se enamoró de Eugeni d’Ors y pasó toda la vida convencida de que su sentimiento era compartido, hasta el punto de prepar cada día la cena para el escritor pese a que éste nunca dio señales de vida.

¿Cómo nació la idea de dedicar un disco al amor?

Estaba un poco obsesionada con Lidia de Cadaqués, hija de la última bruja de Cadaqués, que se enamoró de Eugeni de Ors desde que lo hospedó en 1904. Ella era pescadera y quedó muy enamorada. Cuando se marchó no hubo ninguna relación, de hecho ella estaba casada y tenía una familia, pero se pensó que volvería y la leyenda dice que le hacía el cenar todas las noches esperándolo. Lidia leía las crónicas de D’Ors en La Veu de Catalunya e interpretaba los textos como cartas de amor cifradas. 

Su teoría era que él no manifestaba su amor por ella por un tema de conveniencia, pero estaba convencida que seguía enamorado de ella. Dalí, que la conoció, se quedó fascinado con su lógica interna a la hora de justificar esta relación de amor inexistente. Después descubrí que era un trastorno llamado erotomanía donde piensas que la otra persona está enamorada de tí cuando no es así, y te inventas una historia de amor.

A partir de aquí desgrana las variantes del amor.

Este caso no deja de ser una exageración de lo que pasa a veces cuando nos enamoramos: interpretamos señales o proyectamos en el otro rasgos que quizás no tiene. También me hizo pensar en los enamoramientos de preadolescente, cuando todavía no sabes muy bien qué es y te enamoras idílicamente de actores, esta imagen de la niña con el póster del actor guapo con quien de alguna manera también generas un vínculo inexistente, idealizado. Lo puedes llegar a vivir de una manera intensa cuando eres pequeño y después, con los años, desaparece. Por eso salgo yo en la portada de preadoslecente.

Es una fotografía de cuando usted tenía 12 años.

Pensé en las diferentes etapas del amor, en cómo lo vives cuando eres pequeña, a qué puntos puede llegar, donde está la línea entre un amor sano y un amor loco, qué cosas vemos como normales y cuándo empieza a pasarse de vueltas, ¿donde está la frontera?

¿De donde salen las ideas que aparecen a las canciones?

Busqué otros casos clínicos que me inspiraron para hacer algunas letras, también historias de amigas, de gente que alrededor o mías, de mi propio saco. Lo puse todo en un estilo confesional, como si fueran historias mías. Normalmente parto más de la verdad del que yo he vivido, pero en este caso me apetecía jugar.

Muchos de los temas giran alrededor de la expectativa, cuando el amor es un ideal, un objetivo ¿Es el mejor momento del amor?

No diría que es la parte más bonita, quizás la más intensa, la que dispara más pasiones, la más romantizada. El enamoramiento tiene implícito el tema de la idealización, proyecta en el otro características que quizás ni tiene, pero que tú quieres que tenga. Después, cuando conoces a la persona, ves la realidad, el amor profundo empieza cuando ves lo que hay, lo aceptas y lo abrazas como parte de la persona. Es lo que sucede en las relaciones largas, nadie es como el ideal que te imaginas al principio.

¿Las mujeres tenéis más presión para encontrar una pareja estable?

Cuando eres niña, en este momento de preadolescencia, hay mucho bombardeo del amor romántico como objetivo vital. Es un refugio, un lugar al que tienes que llegar, y esto te lo dicen de mil maneras como en las historias Disney, donde el final feliz es casarse con el príncipe, o en las revistas de mi generación como Superpop o Ragazza. También se convierte en un tipo de canalización de todas las emociones, porque de pequeños estamos capados con muchas emociones: la rabia, el dolor, muchas cosas que no salen, y el amor romántico nos permite sentir un montón de cosas.

De ahí este sentimiento de urgencia.

La mujer tiene tanta presión para encontrar esta historia de amor que, cuando crece y no la encuentra, quizás lo vive como una frustración mucho más que los hombres, que también tienen esta presión pero mucho menos acentuada, porque de pequeños se incentivan otros aspectos como la aventura o la independencia. Esto ha cambiado un poco por suerte, pero creo que no suficiente. El hecho que a la mujer se la presione tanto con el éxito del amor romántico te hace más vulnerable a ser manipulada conscientemente o no, a que se juegue con tus ilusiones.

En el disco suenan muchos géneros ¿de dónde fueron saliendo?

Quería introducir géneros típicamente románticos como la bachata, el tango o la rumba, que muchas veces tratan el tema del desamor, la alegría, géneros que normalmente vinculamos a canciones románticas. También tenía pendiente trabajar el tema del ritmo porque en otros discos no tiene tanta presencia, y este disco quería que se pudiera bailar, que tuvieran este elemento más corporal. Me gusta poner incentivos nuevos y con este aún no había jugado.

También trabaja con muchas colaboraciones.

Nunca lo había hecho, siempre había sido la invitada, y me pregunté qué pasaba si era yo quien invitaba y arriesgarme a que me dijeran que no. Por suerte recibí muchos síes, aunque también algún no. Me hacía ilusión trabajar con otros artistas e impregnarme de otras sensibilidades, por eso elegí gente que hacía cosas diferentes, del mundo de la electrónica o incluso del hip hop para hacer un poco de fusión.

Colabora de nuevo con Joel Condal ¿es su productor de cabecera?

Dicen que, si encontrar pareja es difícil, encontrar productor todavía lo es más. Los últimos tres años he trabajado con él porque es muy detallista. Cuando trabajo soy perfeccionista y esto no siempre se entiende, pero Joel sí que lo entiende, repite las cosas todas las veces que haga falta para encontrar aquello que estás buscando. También tiene una parte más disciplinada que quizás a mí me cuesta más, hemos hecho un buen tándem.

En el disco dominan las historias con partes tristes ¿es porque el amor es así o porque resulta más fácil cantar la pena?

Hay historias de amor muy duras y otras luminosas, pero este disco va de amores intensos, quería reflejar lo que se llama dependencia emocional. Lidia de Cadaqués tenía una forma de amar obsesiva, idealizadora, y busco reflejar esto aunque no creo que el amor sea esto, hay historias de todo tipo. Pero por lo que percibo, a la gente le gustan los dramas, cuando he hecho canciones dramáticas como “Pienso en ti” la gente empatiza bastante. De alguna manera todo el mundo ha vivido estas situaciones en algún momento y hay una parte de tí que conecta.

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano

Periodista

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