Maria Arnal: “No tengo miedo de mirar al dolor, la muerte ha dado mucho sentido a mi vida”
Experimentación y tradición
La catalana presenta ‘Ama’, primer disco en solitario con voces polifónicas trabajadas con IA

Maria Arnal, fotografiada junto al órgano del Palau Güell

“Los organistas de Collbató son como las casas de Harry Potter” explica con mirada fantasiosa María Arnal, sentada frente al teclado del órgano del Palau Güell, una pieza única del organista Albert Blancafort instalada a 10 metros de altura, en el tercer piso de la residencia construida por Gaudí como colofón de un patio de 17 metros de altura que deja entrar la luz natural por la punta de su cúpula, como si se tratara de una pequeña constelación.
Arnal conoce bien este espacio que aparece en el videoclip de Que me quiten, donde canta entre los 1.300 tubos de un instrumento que suena en la canción junto con los organillos que el propio Blancafort –constructor de los órganos de Montserrat y de la Sagrada Familia- fabricó por encargo la artista, enamorada de ellos desde que descubrió que estos aparatos de origen medieval incorporaban ahora la tecnología midi. “Es un lenguaje que controlo por la producción musical y los sintetizadores, aquí se abrieron un montón de posibilidades fascinantes” explica mientras se atusa el pelo y su mirada recorre el espacio. “Es un instrumento importante del disco”.
Hacía cuatro años que la artista de Badalona no publicaba un disco, desde Clamor, junto a Marcel Bagés. Fue el final de una colaboración que dio paso a una nueva etapa donde Arnal ha hecho de todo, y todo forma parte de Ama, su primer disco en solitario con aroma de ópera prima a pesar de la larga carrera de esta compositora, que presentará su nuevo trabajo en la sala Paral·lel 62 de Barcelona los próximos 7 y 8 de marzo después de avanzarla en el pasado Sónar. “La gente que me haya seguido estos años encontrará muchas cosas que beben de colaboraciones con artistas como Marcos Morau, para quien hice la música de La mort i la primavera”. Este espectáculo, estrenado en la Bienal de Venecia, continuó las colaboraciones con el fundador de la compañía de danza La Veronal, al que acompañará próximamente a Tokio para una producción del teatro Bunkamura con músicos tradicionales.
“Digo que no a muchas propuestas porque mi prioridad es mi proyecto, pero estos años he aprendido muchísimo” explica Arnal, que encadena ideas con velocidad, convencimiento y orgullo. “Gracias”, responde cuando se le comenta este hecho, y sin detenerse pasa a explicar su colaboración con el Barcelona Supercomputing Center (BSC), uno de los ordenadores más avanzados de Europa ubicado en Barcelona donde ha experimentado con voces sintéticas.
También ha trabajado con el Intelligent Instruments Labs, un laboratorio de instrumentos digitales –ella los describe como luthiers digitales- ubicado en Reikiavik, y ha compuesto la banda sonora del filme Polvo serán, ganadora del Gaudí, donde la música es íntegramente suya. “Siento que todo esto convive en el disco con solidez, para mí era importante que no fueran como setas, que pertenecieran a las canciones y cada canción tuviera su carácter único, fuera intensa, magnética”.

Con su voz como epicentro y la música electrónica dominando todos los temas, Ama refleja “mundos que en mí conviven de manera natural, pero que a priori no parece que puedan ir juntos”, comenta, mientras unos turistas japoneses la observan curiosos desde una ventana del piso inferior. “Ama habla de un momento en que me siento más madura, capaz de sostener mi honestidad y presentarme al mundo en paz. Soy mejor compositora, mejor cantante y productora” explica de un trabajo que considera como su verdadero debut artístico “desde un lugar donde acepto mi rareza”.
Los múltiples significados de Ama se reflejan en el título, imperativo del verbo amar y al mismo tiempo mezcla de los dos primeros fonemas que aprende a pronunciar la voz humana: “a” y “ma”. “La 'a' es la vocal más sencilla, y aprendemos la 'm' gracias a la musculatura que utilizamos para mamar del pecho de la madre”. Las tres letras son también las iniciales de su prima hermana, fallecida de niña pero muy viva en su memoria. “Este disco está dedicado a la primera herida de mi corazón, que es la muerte de mi prima hermana en unas circunstancias de silencio y estigma alrededor de la enfermedad que sufría, el virus del sida”.
Durante muchos años –y todavía hoy- el Sida ha sido un tema tabú en la sociedad, y sus portadores apestados, como han relatado Carla Simó, Eduardo Casanova o Roy Galán, dando visibilidad a esta situación. “Ahora puedo explicar esta historia como no se me transmitió a mí, desde una paz interior y un agradecimiento, porque una vida más larga no tiene más valor que una vida corta”.
Esta libertad para hablar de una vivencia tan personal forma parte del momento de plenitud en que afirma sentirse la artista. “No tengo miedo de mirar al dolor, no es un disco de pérdida como tal porque esta muerte ha dado mucho sentido a mi vida, me ha dado la fuerza de un amor sin límites”. De ahí que comience con Dilo, otro imperativo como ama, que refleja la necesidad de expresarse para conjurar la advertencia de Safo, presente en la canción, cuando afirma que lo que te quede por decir te quedará por llorar. “Pero no lloramos solo de tristeza, lo hacemos por amor, ternura, empatía, alegría o agradecimiento, que es lo que siento en este momento. Este disco es una liberación”.
El coro de voces, las docenas de Marías creadas mediante inteligencia artificial, se mezclan con los órganos midi y la sonoridad electrónica, Ama se mueve entre el pop y el folk con arreglos contemporáneos que, sorprendentemente, suenan como cántigas renacentistas, caso de Madrigal. “En el renacimiento es cuando la polifonía deja de ser cantada hacia Dios y pasa a mostrar las voces interiores”. Mediante este género centenario, Arnal relata el paseo por la ciudad de una mujer que siente que “el mundo es sensual y voluptuoso” y que ella es dueña de la calle, una idea que la entronca con Xiqueta meva, la canción tradicional que cierra el disco.
Cortes pop como Pellizco o Tic tac conviven con cantos de empoderamiento como Que me quiten o la cuasi religiosa Por tus penas, donde resuena de nuevo la polifonía. “Quería que el disco mostrara muchas de mis caras, todas pueden convivir”. Ahí es donde aparece el trabajo con inteligencia artificial, que le ha permitido clonar su voz y utilizarla de forma múltiple y simultánea, e incluso desprenderse de ella en los conciertos. Sobre el escenario, las bailarinas de La Veronal que acompañan a Arnal portan unos brazaletes que se trajo de Islandia, “son sensores de movimiento en tiempo real que modulan mis clones de voz”. De este modo, al danzar actúan al mismo tiempo como un coro, y su baile suena con las voces de Arnal. “Quiero crear nuevos instrumentos alrededor de la voz humana, que es el instrumento más antiguo, y combinarlo con el patrimonio musical tradicional”.
Arnal compara su uso de la IA con la del microscopio o el telescopio, “herramientas que nos permiten ver de una manera que nuestro cuerpo físico no puede, son prótesis oculares que amplifican un sentido”. Ella amplía su voz mediante clones que le permiten hacer cosas imposibles, “a veces son simplemente sonidos robóticos”. Al mismo tiempo ha trabajado su voz para hacerla más sofisticada, “ahora canto mejor que en los otros discos, he entrenado mucho mi voz, tengo devoción por la técnica”. Por eso concluye que en el disco “la unión hace la fuerza, ni lo físico intenta hacer lo digital, ni lo digital hacer lo físico, no he de elegir”.
Para este trabajo la artista ha creado bases de datos a partir de su voz, y utiliza algoritmos trabajados por físicos del BSC. “Son cosas difíciles de replicar tal y como yo los he hecho”, reconoce, y los diferencia de los grandes modelos entrenados con bases de datos masivas “que no tienen derechos de autor ni nada”. Utilizar esta tecnología ha llevado a Arnal a establecer unos principios éticos sobre la inteligencia artificial “para experimentar con ella de una manera que yo creyera correcta y tuviera sentido creativamente”.
“Hay un mensaje de miedo mal dirigido, apunta a la tecnología y no a quien decide cómo se utiliza”, comenta, y advierte de la importancia “más que nunca, por el auge de la extrema derecha y la destrucción de valores que considerábamos básicos” de afirmar los valores éticos, compartir los miedos y entender cómo funcionan estas tecnologías. “Estamos en un mundo ultracapitalista que velará por el interés de quienes tengan más dinero”.
Comprender esta nueva tecnología, explica, no significa simplemente vetarla o limitarla, como se quiere hacer con los grandes modelos masivos, porque “hay muchos artistas que estamos experimentando desde lugares interesantes que no tienen nada que ver con esta cosa de hacer una canción en dos minutos”, expone. “Defiendo la IA como una herramienta de producción musical, pero también como una oportunidad de luchar por nuestros derechos”, y concreta: “Regulación sí, organicémonos, modelos públicos, no solo privados”, y estos últimos “regulados por las instituciones públicas de forma ética. Son luchas del presente que marcaran nuestro futuro, no podemos dejarlas pasar”.

