Agnès Marquès busca la verdad tras el ‘clickbait’
Novedad editorial
La ganadora del premio Ramon Llull narra en ‘La segona vida de Ginebra Vern’ el cambio en una periodista después de encontrarse escribiendo artículos virales
Versió en català, aquí

Agnès Marquès, fotografiada en Barcelona

Nos encontramos con Agnès Marquès (Barcelona, 1979) en la recepción de un hotel con una pared forrada con libros de arriba abajo, pero algo chirría: son y no son reales, porque los libros han sido guillotinados para causar impresión y solo han dejado sus lomos, bien alineados. Es una anécdota que da pie a hablar de La segona vida de Ginebra Vern (Columna, Destino en castellano), el libro por el cual ha ganado el premio Ramon Llull –que recibe este martes en un acto en la Capella del Convent dels Àngels–, en la cual una periodista se ve arrastrada por una historia que encuentra detrás de un anuncio publicado en un periódico local de Texas, en que una mujer felicita a su marido y a su amante por el hijo que esperan y lo convierte en una historia viral. Parece una venganza, sí, pero ¿qué hay detrás? ¿Qué consecuencias tuvo el escándalo en un pequeño pueblo que no llega a mil habitantes? Aquel anuncio real fue el lomo decapitado de una novela que Marquès se sintió obligada a escribir.
“Buscaba historias de venganza, que me parecía un buen material porque habla de la condición humana, y me apareció aquel anuncio en forma de artículo viral publicado aquí y en otros medios europeos, sobre tres personas de un pueblo muy remoto que no eran conscientes de que su vida íntima había volado tanto –recuerda la periodista, que todavía duda si llamarse escritora–. Pero me incomodó, porque emocionalmente ya estaba tomando partido, que es lo que provocan las noticias clickbait, y me pregunté qué derecho tengo yo de conocer una parte tan íntima de la vida de estas tres personas y sobre todo qué pudo haber pasado realmente”.
Igual que en la novela hace su protagonista, Ginebra Vern, Marquès decidió que no tenía bastante con lo que ella se imaginaba, y necesitó viajar al origen de todo, Hemphill: “El anuncio lo había publicado el Sabine County Reporter –nacido en 1883, solo dos años después que Guyana Guardian–, que me sirvió para encontrar a algunos de los protagonistas y empezar a investigar y a escribir, pero cuando tenía la novela bastante hilvanada, vi que tenía que ir allí, me parecía un fraude describir ese entorno cultural y relacional sin pisarlo. Quizá es deformación profesional, pero aquella experiencia la traslado a Ginebra, porque no había que inventarlo”.
Encontró un pueblo muy diferente del estereotipo de Texas, “a tres horas y media de Houston, sin tren ni bus. Muy aislado, y donde las relaciones se rigen en función de Trump y de la existencia de Dios, una vida marcada por la ideología política y por la fe”, pero donde también hay transgresiones, porque “en todas partes, la vida se parece, y me interesaba ver cómo estallaba todo en una comunidad tan pequeña”.
“He encontrado artículos sobre mí que, si me hubieran llamado, habría confirmado o desmentido, pero los hacen solo buscando el clic y un posicionamiento emocional rápido”, señala Marquès
Entró en contacto con los protagonistas, que “se tuvieron que marchar del pueblo, tienen una percepción de injusticia y no quieren hablar mucho”, así que a partir de allí la novela toma el camino de la ficción, tanto respecto a los protagonistas del anuncio como a la periodista, tocando, temas como la maternidad y qué seríamos capaces de hacer por nuestros hijos: “Es una novela atravesada por el amor en todas sus formas: el romántico, el deseo sexual y el amor paternofilial. El amor como en su sitio que nos protege, pero también como un lugar desde donde se toman decisiones conflictivas o cuestionables, porque también puede motivar decisiones opacas o actitudes no del todo transparentes”, también porque “cuando las relaciones no te dejan espacio propio, sientes ahogo”.

Aunque buena parte de la trama se aguanta sobre la crisis y el cambio de la prensa escrita, “no es una crítica salvaje al periodismo. Todo el mundo trata de vivir tan bien como puede y sobrevivir, pero Ginebra está desencajada, porque vive un mundo de cambio acelerado que empieza a no ser el suyo y eso le provoca un desconcierto que muchos compartimos”. “Ginebra se debate con la idea de que explicar la historia de alguien es una operación de poder. ¿Cómo lo puedes hacer con la máxima responsabilidad sin cambiar mucho la historia del otro? Como periodista intentas quedarte lo más cerca posible de la realidad, pero el resultado es un relato, un constructo. Yo misma he encontrado artículos sobre mí que, si me hubieran llamado, habría confirmado o desmentido, pero los hacen solo buscando el clic y un posicionamiento emocional rápido”, señala Marquès.
¿La historia que explica es la de los protagonistas reales del anuncio? “Podría haber pasado así”, dice la narradora sin querer dar más pistas, consciente de “la distancia entre el relato que hacemos de las cosas y como son en origen. Si tú y yo explicamos la misma historia, lo explicaremos diferente porque nuestras experiencias previas no son iguales”.


