Idea 3:* Un Vània de ritmo
Crítica de teatro
Joel Joan interpreta ocho personajes.
Versió en català, aquí

Joel Joan interpreta 'Vània'

Vània
(★★★✩✩)
Autoria: Simon Stephens
Dirección: Nelson Valente
Intérprete: Joel Joan
III/2026 (38 chars)
Si tienes el actor, tienes el Vania de Simon Stephens. No hay otra razón que el virtuosismo interpretativo tras este espectáculo que concentra los personajes de la obra de Chéjov en un único actor. En Londres, Stephens y el director Sam Yates tentaron y convencieron a Andrew Scott para que sostuviera este tinglado escénico.
En Barcelona, Focus y Nelson Valente, han hecho lo mismo con Joel Joan. Sobre él recae el mérito que la función mantenga el interés del público durante algo más de hora y media. Él es el principal reclamo en el Romea y corresponde generosamente a las expectativas.
De origen
Las dudas sobre este juego dramático forman parte de
Cualquier aspecto que pudiese generar incertidumbre sobre esta dinámica dramática es inherente. El resumen de Stephens aligera el sombrío trasfondo que sostiene la comedia chejoviana. Si bien mantiene los monólogos principales sobre la forma en que la vida puede olvidarnos, la obra se enfoca en resaltar la pugna tragicómica de los afectos no correspondidos. Pulsiones eróticas que han dejado de sugerirse mediante breves deslices del siglo diecinueve; la pasión se muestra cual secuencia de El cartero siempre llama dos veces. Tengan presente: únicamente existe un intérprete para el sujeto y el objeto del anhelo.
La sensación dominante es que importa mucho más el mecanismo, el frenético fregolismo, ese pasar en un microsegundo de un personaje a otro –y que el público participe del pasatiempo de la rueda de reconocimiento–, que aportar una lectura novedosa del universo chejoviano. Todo se basa en el quién es quién por una inflexión de voz, un gesto o un objeto asociado. Valente lo ha simplificado para que Joan trabaje más desde lo actoral, con menos muletas de utilería que en la producción original. También parece que ha recortado algo el texto cuando se adentra en profundidades para que la comedia decaiga lo justo y ha prescindido de esos tiempos de silencio destacados por la crítica de Londres y que quizá le hubieran dado más profundidad dramática a la propuesta.
Los mejores momentos del montaje del Romea son aquellos en los que Joan se apropia de las palabras sin preocuparse de la enésima metamorfosis. Cuando el actor se pone serio, como en el excelente estallido de Ivan en el acto III, o se olvida por un momento de la construcción externa del personaje y Sònia o Helena se expresan sin la voz o el ademán falseado. Cuando Joel Joan pone el foco en lo que dice, con su carga emotiva, que en el artificio de cómo lo dice.
Una función que se disfruta por todo aquello que no tiene nada de novedoso, por lo que es esencial: una buena interpretación de un texto que lo soporta todo. Que es lo que ofrece Joel Joan cuando Simon Stephens le deja.
