Una retirada a tiempo es una victoria. En el Dakar y en la vida. Moi Torrallardona (59), leyenda del rally, único ganador español en la categoría de camión (2016), decidió en el podio final de Shubaytah que se bajaba de la cabina después de 15 ediciones y cinco estatuillas del tuareg. Que ya tenía bastante haciendo de copiloto a más de dos metros de tierra.
–Pese a que el resultado fue bueno [2.º de la general, su quinto podio], ya no estaba tan fino, ni tan concentrado. Tengo una edad y no quiero arrastrarme. Me importa ganar el tuareg, pero más me importa estar convencido de que he hecho un buen trabajo. Y en el 2025 no estuve muy contento de algunas decisiones técnicas de navegación. Así que le dije a Van den Brink [su piloto] que en el 2026 no quería correr. Además, hay mucha presión y decidí no continuar.
Filosofía
Pagar para correr el Dakar y colgarlo en Instagram, pues no. Hay mucho postureo”
¿Autoxigente?
–Llámalo como quieras. Quiero ser honesto conmigo mismo.
Moi Torrallardona cierra una etapa de 15 años en camión para iniciar una nueva función, también en el rally, como “responsable de las experiencias” de Defender, la marca de Land Rover que debuta en el Dakar 2026 en la categoría T2 (Stock). Es decir, que se pasa a la organización, aunque haciendo un poco de todo.
–Conocía a los de Defender de mi trabajo fuera del Dakar [organizando viajes de aventura]. Así que en esta edición tendré dos funciones: coordinaré las actividades de prensa, patrocinadores e invitados que siguen el rally, y daré apoyo a los trabajadores de logística y a los copilotos. Cada día les pasaré un informe de cómo será la etapa (navegación, terreno, puntos de repostaje). Eso implica estar relacionado con la logística y con la estrategia deportiva –detalla Torrallardona, un tipo metódico y ordenado que guarda en su ordenador una base datos con los recorridos de todos los Dakar.
Moi Torrallardona posa con tres de sus cinco tuaregs en su casa de Castellfollit del Boix
Su nuevo rol lo estimula. Sobre todo, por su faceta divulgativa.
–Lo que más me motiva de esta nueva función es llevar al Dakar a gente que tiene poca idea del rally. Llevas a los invitados a ver los coches en la ruta, les muestro el rally desde dentro para que entiendan cómo va la navegación, los mecánicos, las asistencias…
Derrocha pasión Torrallardona por un rally que considera más que una carrera.
–El Dakar es una experiencia que no se paga con dinero. Es un deporte, es una aventura, es un viaje, es una competición. Es una carrera Open , a diferencia de la mayoría: un aficionado puede correr contra profesionales. Y hay muchos valores y aspectos que ayudan a tener un buen resultado, no hace falta tener un hipertalento excepcional para ganar.
El Dakar es también buscarse la vida. “A veces tienes que hacer cosas completamente inusuales”, recuerda Torrallardona, retrocediendo su memoria al 2006 que corrió con Pep Vila. En la etapa entre Atar y Tidjikja rompieron.
–Tuve que ir con unos piratas del desierto de Mauritania en una pick up 400 km, nueve horas con tres tíos raros para buscar un recambio del ventilador del radiador. Pep temió por mi seguridad. Mi sorpresa fue que los piratas no se quedaron atascados en las dunas ni una vez; deshinchaban e inflaban los neumáticos con una bomba de bicicleta...
Los tuaregs, junto a la chimenea
No fue la vez que más miedo pasó en un camión. Esa ocasión la reserva al 2010, en Argentina, con el piloto francés Joseph Adua.
–Dimos la vuelta de campana. Jo era muy raro; íbamos por una pista de peligro 2 y el tío iba pasado. Le advertí dos veces. Ni me escuchaba. Pam, pam, pam, y saltamos por delante... Yo no me hice nada; a él se lo llevó el helicóptero. Solo hicimos ese Dakar juntos.
Los mejores recuerdos los tiene con Pep Vila, con quien debutó de copiloto en el 2004. Con el manresano se sentía seguro. “Con Pep había una amistad y aprendí mucho”. Con el belga Gerard de Rooy tuvo los mejores resultados, tres podios, incluida la victoria del 2016. “Era bestial su talento, y además íbamos en un Iveco de cambio manual”. Y también guarda una buena imagen del joven neerlandés Mitchel van den Brink (24), que lo fue a buscar en el 2023, cuando llevaba tres años retirado. “El chico era muy maduro y me tiré de cabeza. Fuimos 4.º, 3.º y 2.º”.
Moi Torrallardona
–Este 2026 le tocaba primero...
–No, no. No voy a competir. No por edad. Cuando hago algo, quiero hacerlo bien. Pagar para correr el Dakar y colgarlo en Instagram, pues no. Hay mucho postureo . Si no lo enseñas es como si no lo hubieras hecho. Yo prefiero subir al Everest y que no lo sepa nadie –dice Moi, con sus cinco tuaregs en el suelo, junto a la chimenea.
En la maleta
Libros sobre pájaros
Moi Torralladorna no se considera una persona supersticiosa –“Nací un martes y 13”, se ríe–, así que no carga su maleta con amuletos ni objetos de la suerte. No puede faltar, eso sí, “un libro de temática que no tenga nada que ver con las carreras”. Sus preferidos son sobre biología, naturaleza o animales, principalmente pájaros. “Estudié Biología –no la acabé– y mis dos hijos también, y en casa nos gusta observar aves”. Por eso años atrás se llevaba unos prismáticos y una guía de pájaros.
