No corren buenos tiempos para Florentino Pérez. Las dos grandes obsesiones de sus recientes años de mandato han hecho aguas. Por un lado el nuevo Santiago Bernabéu, estadio imponente por dentro pero enlatado por fuera, cuya defectuosa insonorización ha paralizado la celebración de conciertos, hipotética fuente de multimillonarios ingresos –se dijo–, por la vía judicial. Por otro lado, la derrota sin paliativos del proyecto de la Superliga europea, cuyo liderazgo exhibió sin complejos, así que en la derrota debe ser señalado como responsable en justa proporción.
Tienen un factor en común ambos fracasos: el ninguneo a la importancia del terreno de juego. Acostumbrado como está el presidente del Real Madrid a dominarlo con la correspondiente genuflexión de las instituciones políticas correspondientes, en esta ocasión de poco le ha servido la influencia.
Los vecinos y vecinas del Bernabéu no podían dormir en las noches de concierto por el exceso de decibelios, exageradamente superior al establecido por normativa, y no hay combatiente más tozudo que un vecino cabreado, no digamos si el vecino en sí, como es el caso, tiene dinero por posición social como para contratar a los mejores abogados. Si la razón le asiste y su enfado es el de muchos, no hay tentáculo habitual al que aferrarse o atajo extraoficial que tomar.
En cuanto a la Superliga, el invento no era español sino europeo, así que exigía un traje continental y no uno ibérico. La puesta en escena de la Superliga en “exclusiva mundial”, un domingo a las doce de la noche en un programa amigo (abril, 2021), ya delató la falta de europeísmo y de perspectiva, sensación confirmada de inmediato por el levantamiento de las aficiones alemana, inglesa y francesa, acompañadas por sus respectivos gobiernos, que leyeron la jugada con sentido de la oportunidad (u oportunismo): siempre al lado del pueblo. En España no pasó lo mismo porque la mitad del gobierno está en el palco del Santiago Bernabéu los días de partido, pero es que el campo de juego, como se ha dicho, era europeo y no español.
Dejando a un lado el puntual triunfo judicial (el Tribunal de Justicia de la UE denunció la posición de dominio y monopolio de la UEFA, un precedente que tener en cuenta ante futuros intentos), el resto de camino recorrido ha sido lamentable, cuando no humillante y altamente costoso: ¿cuánto dinero a fondo perdido han dilapidado Real Madrid y FC Barcelona durante estos años?.
Por cierto, hablando del Barcelona, el expresidente Joan Laporta, hoy precandidato, se la ha vuelto a jugar a Florentino al bajarse antes del barco con habilidad callejera. Un muesca más que añadir a la cacareada ruptura de relaciones con el Real Madrid. Hay quien espera una reacción furibunda de Florentino ante tanto desafío. Hay quien dice que eso no sucederá porque Florentino ya no es el que era. Hay otros que recuerdan y sostienen que esto es un circo y, simplemente, ambos se hacen los enfadados.