El mundo del deporte y el del golf en concreto han visto de todo, pero lo ocurrido este sábado en Adelaida (Australia) forma parte de esas gestas que aparecen muy raramente y que enamoran a los aficionados por su final feliz, el clásico 'happy end' de las películas. Un golfista norteamericano, Anthony Kim, se llevó el segundo torneo de la temporada, el LIV Golf Adelaida, de la Liga saudí. Hasta ahí todo normal. Lo relevante del caso es que Kim, tiene 40 años, llevaba doce retirado por una lesión en el talón de Aquiles y varias adicciones y no había ganado nada desde el 2010.
La victoria de Kim se concretó en la última vuelta con un 63 y nueve birdies, batiendo a la referencia de este circuito, el vasco de Barrika Jon Rahm, ganador aquí las dos últimas temporadas, que sólo pudo firmar un 71. Y justo en la semana en la que, por fin, un equipo había confiado en Kim: los 4aces de Dustin Johnson, con el que habían suplido a Patrick Reed.
La historia parece de película de Hollywood. Los médicos habían despedido a Kim para el deporte de élite. La bebida había acabado muy pronto con una figura prometedora. Su vuelta a los circuitos hace dos años parecía más bien una operación de mercadotecnia. Pero no era así.
“Nunca ha dejado de pensar que esto podía ser posible incluso en los peores momentos”, contó Kim sobre el green nada más ganar. Y esos malos momentos fueron muy malos para alguien que había logrado tres victorias en el PGA Tour antes de los 25 años y había celebrado con EE UU la Ryder de 2008.
Y es que Kim no solo se había roto el tendón de Aquiles. A lo largo de su carrera también había tenido que operarse el hombro, la espalda y una mano. Y no estaba contento con lo que hacía. Lo cuenta en sus entrevistas: “Creo que nunca me ha gustado el golf. Solo fingía ser feliz para ganar más dinero”, dijo años después.
“Mi familia había pasado por muchas cosas para darme esta oportunidad de jugar y con esa presión yo estaba dispuesto a arriesgar mucho más. Esa era mi naturaleza. Era agresivo en el campo de golf y era agresivo fuera. Y eso me llevó a la ruina. Me volví tan bueno ocultándolo que perdí me identidad, pero es muy difícil jugar grandes torneos y parar cada pocos hoyos para ir al baño. Era muy infeliz. Alguien que siempre sonríe y que nunca tiene un mal día en público atrae a los patrocinadores, pero eso no era mi vida real”, explica.
Kim confesó haber llegado al borde del suicidio: “Pensé en quitarme la vida todos los días durante casi dos décadas, incluso mientras jugaba en el PGA Tour, cuando para el público parecía feliz mientras luchaba contra la adicción y la enfermedad mental. Una vez que caes por esa pendiente resbaladiza, es difícil volver atrás y, por desgracia, yo seguí cuesta abajo. He tenido momentos muy oscuros, muy bajos. Me he sentido muy solo incluso teniendo un millón de personas alrededor. No sabía cuál era mi propósito en el mundo. No voy a mentir, estuve rodeado de mala gente que se aprovechó de mí, estafadores. Cuando eres joven no te das cuenta de las serpientes que viven bajo tu techo”.
Rahm, el mejor golfista español desde Severiano Ballesteros, quedó asombrado al conocer a Kim. “Espero de verdad que encuentre a la persona adecuada para contar su historia, ya sea en una película, una serie documental, un libro o lo que sea, porque lo que está haciendo es impresionante”, dijo el vasco de quien le había arrebatado la victoria.
En su rueda de prensa como ganador Anthony Kim dejó un mensaje: “Cualquiera que esté luchando, lo puede superar. No te rindas, ese es mi mensaje. Quiero inspirar a otras personas. Hoy nada me frena, puedo volver a la cima. No fui la mejor persona, pero hoy soy distinto. Mi hija ha visto que no soy un perdedor. Abrazarla al ganar ha sido el mejor momento de mi vida. No estoy orgulloso de quién fui, pero sí de quién soy ahora”.
