Las (escasas) opciones de Fernando Alonso y Carlos Sainz en el Mundial de F1 que ha arrancado

F1 | GP Australia

Los primeros ensayos de Melbourne confirmaron el descalabro de Aston Martin y el bajo rendimiento del Williams del madrileño

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Fernando Alonso observa las piezas de su AMR26 desmontado durante la primera sesión de entrenamientos del GP de Australia 

Asanka Brendon Ratnayake / Ap-LaPresse

“Cada momento de la vida te pide un coche”, dice Fernando Alonso en un anuncio televisivo mientras conduce un carrito de golf. A sus 44 años, Aston Martin y Honda han preparado al asturiano un monoplaza desastroso, triste epitafio para la lustrosa pero declinante carrera del bicampeón mundial. 

Un AMR26, el primer Aston Martin diseñado por Adrian Newey, que se quedó en el garaje de Albert Park en la primera sesión de libres del GP de Australia y solo pudo completar 17 vueltas y ser el antepenúltimo en la sesión de tarde, lastrado por sus problemas del motor Honda. 

El primer día de clase se confirmó lo que se temía: el descalabro de la escudería verde, la sexta casa de Alonso en la Fórmula 1, y el pobre rendimiento de Carlos Sainz con un Williams con muchas carencias. 

¿Qué se puede esperar de los dos pilotos españoles en este Mundial 2026 que ha levantado el telón en Australia?

Fernando Alonso

En su cuarto curso en Aston Martin, el asturiano esperaba revivir el éxito de la mano de Newey, pero Honda le vuelve a poner en el suelo

Fernando Alonso (Oviedo, 1981) afronta su 23.ª temporada en la F1 (es el piloto más veterano y con más experiencia). Tenía el objetivo inicial de volver a saborear una victoria, la ya utópica 33, que se le resiste desde el 2013 (con Ferrari, en el GP de España). Pero el asturiano ha tenido que rebajar sus expectativas por el desastre del coche que han preparado Aston Martin y Honda.

Su cuarto curso con la escudería verde tenía que ser, así se lo planteó, el de la resurrección, de la mano del AMR26, el primer coche diseñado por Adrian Newey, su gran esperanza de volver a ser uno de los grandes. 

Pero el prototipo del ingeniero inglés, que desató la euforia entre los fans por su diseño radical, no está funcionando. En buena parte, por la unidad de potencia que fabrica Honda: los japoneses han admitido que las vibraciones provocadas por el motor provocan la rotura de la batería del sistema híbrido y a su vez, las vibraciones se transmiten al chasis, lo que causa daños en los nervios de las manos de los pilotos. Por lo que no pueden dar más de 15  o 25 vuelta seguidas. Un drama de difícil solución.

El problema del motor, por el mal ajuste en la estructura del coche diseñado por Newey, ha acumulado un retraso en la puesta a punto desde el primer día de pretemporada, que ha impedido que Aston Martin esté a la altura, en evolución y rendimiento, de todos sus rivales.

“Seguimos en un punto casi cero de salida, intentaremos dar más vueltas y seguir aprendiendo... Hasta que no podamos dar vueltas seguidas no podremos mejorar el coche. El motor tiene una limitación grande y el coche, al no poder rodar, también. Así que a ver si poco a poco lo ponemos a punto”, se encoge de hombros Alonso, que pese a todo mantiene la esperanza. “Somos menos negativos que la prensa y la gente. Sabemos dónde estamos, tenemos un gran desafío delante y todo el equipo está haciendo todo lo posible para salir de la situación. Esto es F1, la tecnología es muy compleja, y se requiere un poco de tiempo”, buscaba donde aferrarse.

Por lo tanto, se adivina otra temporada aciaga para el asturiano, cuya carrera deportiva -que se estancó hace años- ha estado marcada por sus vaivenes y sus decisiones a la hora de elegir volante: dejó un Renault bicampeón irrompible (2006) para emular a Ayrton Senna y buscar el tricampeonato con McLaren, el mejor coche del momento; la guerra con Hamilton y Ron Dennis lo hizo salir antes de tiempo del equipo de Woking (2007) para volver con Briatore a Renault, como equipo puente para ir a Ferrari (2010-14), su gran deseo, del que salió decepcionado y derrotado por un Red Bull sobre raíles al que había renunciado en el 2008. 

Con las puertas cerradas de casi todos los equipos, recaló de nuevo en McLaren, que iniciaba su aventura con una inexperta Honda, y acabó desquiciado por el motor, las roturas y los pobres resultados (2015-18), tanto como para tomarse un descanso de la F1 (2019-20). Tras los dos años sabáticos (corrió en resistencia y el Dakar), regresó al gran circo de la mano, de nuevo, de Renault (bajo la denominación de Alpine), y después de dos años insulsos (2021-22), lideró la revolución verde de Aston Martin, con un gran primer año (4.º en el 2023) y dos cursos mediocres. Y ahora en el 2026 vuelve a vivir otra pesadilla con Honda, once años después de aquel “GP2 engine”.

Carlos Sainz

El madrileño de 31 años, que aspiraba a llevar a Williams a la cima, deberá arremangarse para volver al menos a la zona media con un coche pesado 

Carlos Sainz (Madrid, 31 años) ha iniciado en Melbourne su 12.ª temporada en la Fórmula 1, la segunda con Williams, una se las más complejas desde que debutó en el gran circo en el 2015. Este año le toca tener paciencia y arremangarse con un Williams que ha retrocedido en prestaciones respecto a un buen 2025 (fue la 5.ª escudería). En el primer ensayo de Australia, el madrileño fue el 17.º, a 2,5 segundos del líder, tras sufrir una avería que le dejó casi sin rodar. Mal presagio.

“Por desgracia en los Libres 2 hemos sufrido un problema que me ha impedido probar el neumático más blando y después tampoco he podido hacer una tanda larga al final”, comentaba el madrileño, que admitía que su FW48 acumula retraso. Se perdió el shakedown de Barcelona por no superar el crash test y pagó su exceso de peso y una aerodinámica muy simple.

“El coche está verde y lo vamos a mejorar en todo. Pero ahora no estamos a la altura de donde acabamos el año pasado”, admitía el madrileño en Madrid, a pocos días del arranque del curso. 

Sus expectativas para esta 12.ª temporada son más bien discretas, básicamente ir mejorando de manera paulatina e ir escalando posiciones hasta llegar a la zona media. 

“Ha sido un invierno muy duro para el equipo, pero eso no quiere decir que toda la temporada vaya a ser como vaya la primera carrera. Va a ser una temporada en la que se va a desarrollar muchísimo el coche y los motores, y vamos a ver a qué nivel llegamos a final de curso. Me gustaría estar al menos donde estábamos a final de año pasado”; es decir, el quinto equipo.

Sainz, que es el sexto piloto más veterano de los 22 de la parrilla, al no ser renovado por Ferrari firmó por Williams con la intención de llevar a la mítica escudería de Grove a la primera línea, y optar, por qué no, a luchar por un título mundial que se antoja utópico. En su primer curso, Sainz fue uno de los artífices de la recuperación vivida por Williams (5.º en el Mundial de Constructores) después de haber sido el penúltimo pasajero de la parrilla (9.º en el 2024). Su regularidad y sus buenos resultados saltaron a la vista: dos podios (3.º en Bakú y 3.º en Qatar), un cajón en Sprint (3.º en Austin) y 12 carreras en los puntos le valieron el noveno puesto del Mundial.

Pero con la nueva reglamentación y el supuesto inicio de cero para todos no ha resultado beneficioso para Williams, que ha dado un paso atrás respecto a la competencia. 

“Todo el mundo en la F1 esperaba que un cambio de reglamentación pudiese ayudar a acercarnos a los equipos top. Pero como ha pasado siempre históricamente, los equipos que ya están bien carburados han dado un paso grande hacia adelante, en cambio los equipos que todavía nos falta un poco de carburación acabamos fallando en cosas, tonterías”, reflexionaba el madrileño de 31 años, al que la salida de Ferrari le redujo las opciones de ser campeón mundial. 

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