La conexión entre el inesperado ascenso de Álvaro Arbeloa y las burlas que debía encajar en aquellos años es tan descarnada como inevitable.
La conexión viene del 2015, de los tiempos en los que Arbeloa y Gerard Piqué eran defensas importantes en nuestro país, el uno con los blancos y el otro, con el Barça.
Aquella era una rivalidad excesiva y atávica, y en las redes sociales ambos se agredían con la mano abierta, Piqué abusando del ingenio y Arbeloa, defendiéndose con uñas y dientes.
La historia es esta: en un error del equipo técnico del Madrid, el club alinea a Denis Cheryshev ante el Cádiz en una ronda de la Copa del Rey, ¡craso error!
La alineación es indebida, el Madrid gana el partido (1-3) pero la justicia deportiva le apea de la competición y Piqué, oportunista y populista, se burla en Twitter cuando la red social aún se llamaba así. Lo hace tuiteando unos emoticonos sonrientes.
A la burla, Arbeloa salta como un resorte. Le responde:
-A mi amigo Gerard, cualquier día pongo la tele y le veo en el Club de la Comedia. Y seguro que lo hará hablando del Real Madrid porque está un poco obsesionado con nosotros. Sabe que igual en su club, por mucho que gane, por mucho que sea la década más importante de su historia, nunca va a igualar la grandeza del Real Madrid.
Es la guerra.
Piqué se tira a fondo. En el barro, lo disfruta:
-Arbeloa me dijo que era amigo mío, pero yo no le consideraría amigo, sólo conocido, cono... Cido -proclama en una rueda de prensa.
Y ahí lo tenemos, el mote pasa a la leyenda.
Ante el ideario popular, Arbeloa, ex compañero de Piqué en la roja (juntos, ambos defensas habían ganado la Copa del Mundo del 2010 y la Eurocopa del 2012), se convierte en el cono.
(En argot, el cono es algo así como un defensa poco útil, rígido de movimiento y con poca comprensión del juego, a todas luces una caricatura excesiva, al menos vista la categoría técnica de Arbeloa).
Como futbolista, Arbeloa no es ningún cono. Sin embargo, así ha quedado, como el cono, verbigracia de Piqué.
Álvaro Arbeloa, con el uniforme blanco, en el 2015
Diez años más tarde, y tras haber colgado el uniforme en el West Ham porque “ya no encuentro la pasión ni la motivación por el fútbol en el día a día” (eso dijo en su discurso de despedida, en el 2017), Álvaro Arbeloa (42) regresa a un primer plano.
Lo hace tras haber dirigido al Castilla durante siete meses y con una experiencia relativa: como técnico, su recorrido se reduce a las categorías inferiores del club blanco, pues ha ido subiendo con Infantiles, Cadetes y Juveniles y el filial, hasta saltar ahora al gran escenario internacional, sin red y sin caricias, donde le espera un vestuario revoltoso y resabiado, una presidencia personalista y desconfiada, una afición tan enfurecida como resignada y una prensa desconcertada, pues hasta hoy mismo el aparato mediático de Madrid DF interpretaba que Xabi Alonso había obtenido una prórroga hasta final de curso y ahora deberá metabolizar el desembarco de un técnico inexperto y, al menos en apariencia, vulnerable.
Este martes, víspera del Albacete-Madrid de octavos de Copa, la previa del partido debería convertirse en la presentación del nuevo técnico blanco.
