Alcaraz-Djokovic, el desenlace en Melbourne: Dios salve al tenis

Tenis | Open de Australia

Dos semifinales fascinantes desembocan en una final icónica: Alcaraz-Djokovic

Alcaraz se viste de Nadal en Australia: ni los calambres ni Zverev frenan al número uno

Carlos Alcaraz of Spain celebrates after defeating Alexander Zverev of Germany in their semifinal match at the Australian Open tennis championship in Melbourne, Australia, Friday, Jan. 30, 2026. (AP Photo/Asanka Brendon Ratnayake)

Sobre el sintético de la Rod Laver Arena de Melbourne, Carlos Alcaraz celebra su pase a la final del Open de Australia, donde le espera Novak Djokovic 

Asanka Brendon Ratnayake / Ap-LaPresse

Dios salve al rey Federer

‘L’Équipe’, septiembre 2022

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Mientras espera fascinado a la final del próximo domingo en Melbourne, este Alcaraz-Djokovic que se presume decisivo en la historia del tenis (si vence el murciano, el traspaso de poderes será definitivo; si se impone el serbio, no cabrá duda ninguna: Djokovic quedará perpetuado como el tenista más glorioso de todos los tiempos), el cronista recupera una escena del pasado verano en el vientre de la Philippe Chatrier, la pista central de Roland Garros.

Novak Djokovic, 38 años ya, acaba de perder la semifinal ante Jannik Sinner, ha cedido en tres simples mangas.

Y sentado en una cómoda, rodeado de tenistas serbios, el hombre, tan derrengado como ilusionado aún, está debatiendo acerca de su futuro.

–No sé, chicos, aún me siento bien. Creo que todavía puedo dar algo más. Pero para plantarle cara a estos fenómenos (se refiere al italiano, y también a Alcaraz), debo elevar mi nivel. Por ahora voy a seguir. Ahora mismo, pongo mi límite de resistencia en el Open de Australia del 2027.

(Es decir, de aquí a un año).

Hace siete meses, los augures opinaban que Djokovic jamás volvería a batir a Sinner ni a Alcaraz

Quienes seguimos el circuito del tenis cerramos así el debate. Augures, nos decimos con la boca pequeña: es probable que el serbio tenga que conformarse con los 24 títulos del Grand Slam que ya luce, que no son pocos sino casi un imposible, pero que son tantos como los que había ganado Margaret Court. Vamos, que no habrá desempate. Que Djokovic tendrá que compartir el trono con la dama australiana. Quizá por los siglos de los siglos, se quedarán ellos dos en la cima del tenis.

O sí.

O no.

Pues siete meses más tarde, aquí permanece la tercera fracción del Big Three (la Santísima Trinidad del deporte, Roger Federer, Rafael Nadal y el serbio) y el mundo, asombrado, se rinde. El tenis se rinde ante Djokovic, este serbio tan derrengado como ilusionado que se planta en el centro de la Rod Laver Arena y le dice a Jim Courier:

–Yo no dije que era imposible derrotar a Sinner o a Alcaraz. Dije que debía elevar mi nivel para conseguirlo. Imposible no lo es, o no lo hubiera logrado.

Jim Courier y Novak Djokovic, este viernes en Melbourne

Jim Courier y Novak Djokovic, este viernes en Melbourne 

Martin Keep / AFP

El mundo del tenis se rinde a sus pies igual que en la segunda semifinal del Open de Australia, ayer en 4h09m, se rendía Jannik Sinner (3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4).

(...)

El murciano le ha añadido otro matiz a su juego: la capacidad de interrumpir el juego y desesperar al rival

Los analistas estarán de acuerdo. Durante lustros, el Big Three ha canibalizado a todos los miembros de la Next Gen.

Zverev, Medvedev, Auger-Aliassime, Tsitsipás, De Miñaur... Todos ellos han sido devorados por la Santísima Trinidad. La Next Gen nunca ha podido hacerse mayor, acoquinada y embutida entre la generación precedente y la que manda ahora, o eso se supone: el Big Two de Sinner y Alcaraz.

El robótico Sinner, ganador de cuatro títulos del Grand Slam (dos de ellos en Melbourne), hierático y flaco como una mantis religiosa, cedió ayer ante Djokovic y luego dijo:

–Ha ganado 24 Grand Slams, nunca me va a sorprender el nivel de su juego. Durante muchos años, ha sido el mejor.

Nunca me va a sorprender el nivel de Djokovic: ha ganado 24 grandes”, admite Sinner, resignado

Cuando Djokovic ganaba el primero de sus diez títulos en el Open de Australia (2008), Alcaraz apenas tenía cuatro años y medio, apenas sabía leer ni escribir y aún daba sus primeros raquetazos en El Palmar, para asombro de sus padres y sus entrenadores, que ya veían un potencial asombroso en aquel crío descarado.

–Ya de niño era un mago. Movía la mano como si fuera un guante –le dijo Carlos Santos, su primer técnico, a Fernando Murciego en Punto de Break.

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Hoy ya no es Santos quien dirige los pasos del murciano, y tampoco Juan Carlos Ferrero (su maestro durante siete años hasta el pasado diciembre; juntos, alcanzaron seis grandes y superaron las cincuenta semanas en la cima del circuito), sino Samu López, hasta ahora entrenador a la sombra, técnico tan exigido como exigente que le ha añadido un nuevo matiz al murciano: la capacidad de gestionar con inteligencia los instantes críticos, sobreponerse a los problemas físicos y desorientar al adversario.

Zverev, para desespero propio, lo vivió ayer, al cierre del tercer set, cuando el murciano solicitó al fisioterapeuta para que le aliviase de sus calambres.

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