El plan iba según lo previsto. Carlos Alcaraz dominaba y sonreía, como había hecho durante todo el torneo. Su tenis fluía sobre la Rod Laver Arena, y a pesar de las dificultades que le había planteado Alexander Zverev hasta ese momento, el número uno del mundo iba dos sets arriba y el marcador reflejaba el 4-4 en el tercero. Llegaba el tramo decisivo. Tenía a su alcance una nueva final del Open de Australia, el único título de Grand Slam que se le resiste. Pero algo se torció.
Unos inoportunos calambres mermaron el físico del murciano y dieron alas a Zverev para reaccionar a tiempo y complicarle la existencia al murciano. El alemán lo tenía todo de cara. Se adjudicó el tercer y cuarto set y elevó su juego en el quinto. Sin embargo, ni con break arria se rindió nunca Alcaraz, al más puro estilo nadalesco, hasta el punto de sobreponerse a las adversidades y llevarse un partido maratoniano, épico, memorable (6-4, 7-6(5), 6(3)-7, 6(4)-y 7-5) en casi cinco horas y media).
Incluso con un Alcaraz limitado -también tuvo vómitos- durante más de un set vibró Melbourne con el espectáculo ofrecido por ambos tenistas, vaciados sobre la pista, en la primera semifinal de la jornada. La calidad y el pundonor permitieron a Alcaraz mantenerse siempre en el partido, también cuando el físico le dejó de acompañar en unas primeras semifinales disputadísimas y agónicas, con tensión hasta el último punto.
Alcaraz y Zverev regalaron cinco horas y media de tenis para el recuerdo. Un encuentro imborrable para los asistentes en Melbourne Park y los más madrugadores en España. Con una temperatura más agradable ya en Melbourne, ambos salieron a pista con decisión, cómodos en el saque, sin dejarse inquietar al resto. No fue hasta el séptimo juego del primer parcial cuando Alcaraz dispuso de la primera bola de break, salvada por el alemán. Sí supo sacar mejor tajada de la segunda de la cual dispuso, ya con el 4-4. Demérito de Zverev al regalarle el juego con una doble falta. Con todo a su favor, Alcaraz no perdonaría en su siguiente turno con el saque: juego en blanco y primera manga en el saco.
Nada que ver tuvo que ver el primer set con el segundo. Los puntos empezaron a ser más peleados, con intercambios intensos que deleitaban al público. Un prólogo de lo que estaba por venir. Zverev tomó las riendas con un break en el sexto juego, pero Alcaraz no se rindió. Del 5-2 Alcaraz llevó la segunda manga al tie-break. Vio dudas en su rival y cuando Alcaraz huele sangre, no perdona. Se le encogió la mano a Zverev, Alcaraz apretó y a la primera minirrotura se adjudicó el segundo parcial.
En el tercero Alcaraz y Zverev volvieron a mostrarse firmes en el servicio. Todo se empezó a torcer con el 4-4. Alcaraz notó un pinchazo en el muslo de la pierna derecha durante el quinto juego y se le borró la sonrisa que le había acompañado hasta ese momento. El rostro ahora era de preocupación, no solo el suyo. También el de Samu López, su nuevo entrenador, y el del resto de su banquillo. El tiempo médico pedido -por el cual se quejó Zverev- no pudo hacer milagros al instante. Allí empezó a ponérsele el partido cuesta arriba, pero jamás hincó la rodilla.
Perdió el tercero y plantó cara también en el cuarto. Ni el break en contra en el quinto, ya más recuperado físicamente, le frenó. Un partido que podía haber firmado el propio Nadal.
El sueño de conseguir su primer Grand Slam en Australia sigue intacto. Su rival saldrá del Sinner-Djokovic que se disputa a continuación.
