Al filo de lo imposible. Con tremendos calambres sufridos a finales del tercer set. En casi cinco horas y media. Se podría decir que a lo Nadal o al estilo Djokovic, el serbio siempre superviviente con más vidas que un gato. Pero habrá que convenir que su triunfo ante Zverev también es al estilo Alcaraz, el jugador más joven de la historia del tenis en alcanzar la final de los cuatro Grand Slam. Porque el estilo Alcaraz, su manera, como él lo definiría, no es solo divertirse, reírse, irse de fiesta con sus amigos, realizar afirmaciones un poco vacilonas y ser feliz. La marca Alcaraz también es mostrar un manto de acero, saber sufrir, madurar como ha madurado, tener una personalidad desbordante y poner alma, corazón y vida. Pero también cabeza. Hace unos años en Roland Garros tuvo que retirarse en semifinales ante Djokovic porque los nervios y la tensión habían hecho que su cuerpo se acalambrara.
Esta vez supo esperar, tener paciencia e ir recuperando sus piernas poco a poco. Hubiera sido fácil dejarlo, abandonar, tirar la toalla. Sobre todo después del cuarto set cuando no se veían fisuras en el alemán y la montaña que escalar se antojaba un Gólgota. Quien más quien menos lo veía perdido. Quizás todos menos él, esperando siempre que la magia se juntara con el coraje en la cabeza de su raqueta. Lo logró en otro triunfo inverosímil. Una victoria que va a parar a su colección de victorias increíbles junto a la última final de Roland Garros cuando le levantó dos sets a una máquina como Sinner.
Su carisma es inmenso, su manera de empatizar con la grada, también. Es un hombre que conecta con las masas, por el que vale la pena presentarse en una pista de tenis o levantarse a las cinco de la mañana para seguirlo por televisión. Una derrota en las condiciones de esta semifinal no habría sido decepcionante. Nadie hubiera podido decir que no se había partido los cuernos hasta la última gota de sudor, pero no perdió sino que volteó el guión que se estaba escribiendo.
El murciano Carlos Alcaraz
Puede parecer un chico frívolo pero sin trabajo y profesionalidad triunfos como este serían imposibles
Alcaraz, una victoria llamada deseo
Al filo de lo imposible. Con tremendos calambres sufridos a finales del tercer set. En casi cinco horas y media. Se podría decir que a lo Nadal o al estilo Djokovic, el serbio siempre superviviente con más vidas que un gato. Pero habrá que convenir que su triunfo ante Zverev también es al estilo Alcaraz, el jugador más joven de la historia del tenis en alcanzar la final de los cuatro Grand Slam. Porque el estilo Alcaraz, su manera, como él lo definiría, no es solo divertirse, reírse, irse de fiesta con sus amigos, realizar afirmaciones un poco vacilonas y ser feliz. La marca Alcaraz también es mostrar un manto de acero, saber sufrir, madurar como ha madurado, tener una personalidad desbordante y poner alma, corazón y vida. Pero también cabeza. Hace unos años en Roland Garros tuvo que retirarse en semifinales ante Djokovic porque los nervios y la tensión habían hecho que su cuerpo se acalambrara.
Esta vez supo esperar, tener paciencia e ir recuperando sus piernas poco a poco. Hubiera sido fácil dejarlo, abandonar, tirar la toalla. Sobre todo después del cuarto set cuando no se veían fisuras en el alemán y la montaña que escalar se antojaba un Gólgota. Quien más quien menos lo veía perdido. Quizás todos menos él, esperando siempre que la magia se juntara con el coraje en la cabeza de su raqueta. Lo logró en otro triunfo inverosímil. Una victoria que va a parar a su colección de victorias increíbles junto a la última final de Roland Garros cuando le levantó dos sets a una máquina como Sinner.
Su carisma es inmenso, su manera de empatizar con la grada, también. Es un hombre que conecta con las masas, por el que vale la pena presentarse en una pista de tenis o levantarse a las cinco de la mañana para seguirlo por televisión. Una derrota en las condiciones de esta semifinal no habría sido decepcionante. Nadie hubiera podido decir que no se había partido los cuernos hasta la última gota de sudor, pero no perdió sino que volteó el guión que se estaba escribiendo.
El partido da una vuelta de tuerca más en la vida deportiva de Alcaraz, ahora sin la compañía de Ferrero. Demuestra el murciano, por si todavía hacía falta, que no es solo talento, clase y muñeca. Con eso puedes hacerte rico en el tenis, pero con eso únicamente no sirve para pasar a la historia con mayúsculas. La profesionalidad, la mentalidad y el carácter marcan la diferencia. Y, sí, Alcaraz puede parecer un poco frívolo y es un chico que desea vivir la vida. Pero sin trabajo y sacrificio detrás victorias como esta serían imposibles.