La familia Carbonell, propietaria de Copcisa, una de las grandes constructoras catalanas, vive enfrentada tras el fallecimiento del fundador de la empresa, Benet Carbonell, en 2017. El actual presidente y consejero delegado de la constructora catalana e hijo menor del fallecido, Eloi Carbonell, interpuso dos demandas para anular los pactos sucesorios y los protocolos familiares que le obligaban a repartir la empresa familiar y Egarpianc, el family office , con su madre, sus cuatro hermanos (Josep, Marissé, Ramon, y Oriol) y dos sobrinas.
La primera causa, centrada en los pactos sucesorios, parece haber llegado a su fin y abre la puerta a un cambio en la propiedad de la empresa. El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) acaba de inadmitir un recurso de casación presentado por el benjamín de la familia, y, por tanto, valida la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona, que falló a favor de los pactos sucesorios. La segunda causa, centrada en el protocolo familiar, estaba paralizada por cuestiones prejudiciales a la espera de la resolución del primer proceso.
El fallo valida los pactos sucesorios y ahora queda pendiente resolver la causa sobre el protocolo familiar
La providencia, a la que ha tenido acceso Guyana Guardian , afirma que “el recurso que interpone la defensa del Sr. Eloi Carbonell no puede ser admitido en ninguno de sus motivos”. La demanda reconvencional señalaba a grandes rasgos que hubo una intimidación grave y un dolo o engaño en la libre voluntad a su padre en el último reparto de la herencia por parte de sus hermanos y esposa.
Benet Carbonell traspasó el control de Copcisa y Egarpianc a su hijo menor sin ponerlo en pleno conocimiento de la familia en 2015, como recoge la documentación judicial. Además, años atrás, inició un proceso de desheredación a su primogénito, Josep, al considerar que había gestionado erróneamente el negocio familiar con una importante inversión inmobiliaria. Durante los años posteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria, Copcisa tuvo que realizar una importante reestructuración.
Sin embargo, en sus últimos años de vida, reconsideró la decisión y firmó unos nuevos pactos sucesorios y protocolos familiares para repartir la herencia y el control de la constructora entre todos sus descendientes.
En una sentencia anterior, la Audiencia de Barcelona consideró que no quedó probada la existencia ni de intimidación ni de dolo o engaño. “Que sus decisiones vinieran motivadas por las circunstancias familiares que se produjeron tras la oculta donación de todas las acciones de la empresa al hoy recurrente, sin entrar a considerar por quiénes o cómo fueron provocadas, no empece la anterior conclusión”, señala la sentencia actual. Y remata: “Lo que muestra el motivo es la discrepancia del recurrente con las decisiones adoptadas por la Audiencia, lo que no es susceptible de conformar ningún interés casacional con efectos generales”. El escrito, contra el que no cabe recurso, impone el pago de las costas al demandante.
Copcisa cerró el año pasado con una facturación de 350 millones de euros, mientras que Egarpianc cuenta con un patrimonio neto de cinco millones de euros. La compañía llegó a facturar más de 850 millones en los años de la burbuja inmobiliaria, pero la crisis impactó de lleno en el negocio. Para salir de una situación muy complicada a nivel empresarial, Copcisa se deshizo de varias participaciones de negocios no centrales, como Factor Energia, Meroil o Enex.
Contactadas por este medio, ambas ramas familiares han declinado participar en este artículo.
