El incremento poblacional deteriora las infraestructuras públicas.
Redes de transporte
Poca inversión para mejorar las carreteras

La carretera N-II a

Mantener la inversión en las infraestructuras no es suficiente para conservar las carreteras y vías de tren en un estado óptimo. El crecimiento demográfico (3 millones más desde el 2019) en España tensiona más las redes de transporte y esto provoca incidencias. Los datos de stock de capital no engañan y muestran que ni una cosa ni mucho menos la otra: no solo no se invierte lo suficiente para cubrir la depreciación y desgaste de las carreteras y vías, sino que lógicamente no se mejoran esas redes para acomodarlas al incremento del censo.
La crisis por la que atraviesa la red de ferrocarriles de alta velocidad en España y la de Rodalies en Catalunya se debe a que el deterioro normal y habitual de las infraestructuras como consecuencia del desgaste por el paso del tiempo y el uso no ha sido compensado suficientemente con inversión nueva. Con los datos numéricos en la mano, en las infraestructuras viarias podría pasar algo parecido.
Desde hace años, el Ivie y la Fundación BBVA calculan el stock de capital de las infraestructuras en España. Es algo así como el valor que tienen las carreteras o los ferrocarriles teniendo en cuenta lo que costó construirlas, el desgaste que sufren por el paso del tiempo y la inversión anual que se efectúa en mantenimiento, mejora o ampliación.
Tratándose de las redes de ferrocarril y carreteras, su estimación presente (considerando 2024 como el ejercicio final con cifras publicadas) se situaba por debajo de los picos de 2015 y 2016 en un 2% y un 0,4%, en ese orden. “El stock de capital va aumentando siempre y cuando la inversión que se haga cada año supere a la depreciación. Cuando el stock cae, es que no se ha llegado a cubrir la depreciación. No se está reponiendo lo que se está estropeando”, detalla visualmente Matilde Mas, economista y directora de proyectos internacionales del Ivie.
La tasación de las redes viarias y ferroviarias se sitúa por debajo del pico alcanzado en el periodo reciente.
Es lo que sucede actualmente por la fuerte caída de las inversiones que se dio después de la crisis financiera del 2007. Cuando hay que llevar a cabo políticas de recorte es muy difícil ajustar en partidas de servicios sociales como sanidad y educación y se tiende siempre a optar por meter la tijera en las infraestructuras y especialmente en las inversiones de reposición, entre otras razones, porque el cambio de vías, catenaria o arcenes no se inaugura por parte de los políticos. “Cuando las cosas vienen mal dadas, lo que es más fácil es reducir la inversión, por ejemplo, en infraestructuras, porque si la reduces, en el corto plazo se nota menos. Si recortas en sanidad o en educación, te enteras enseguida. Lo menos doloroso, entre comillas, para un político, y lo más fácil es recortar la inversión en infraestructuras, en inversión pública. Y eso es lo que pasó de una forma alarmante en España en el 2008”, reflexiona Mas.
Se prioriza la sanidad y la educación redu
Pero incluso si España hubiera sido capaz de mantener el valor de las inversiones en sus infraestructuras de transporte -alertan los economistas- no hubiera sido suficiente porque el aumento de la población implica un mayor uso y desgaste de las mismas. El director de coyuntura de Funcas, Raymond Torres, recuerda que “hemos tenido 3 millones más de habitantes desde el 2019”, con lo que el simple mantenimiento no es suficiente y debe invertirse más para dar servicio a ese mayor uso. Matilde Mas explica que “tendrías que tener más stock de capital porque tienes que reponer más” dado que la depreciación es superior. Pone el ejemplo de como la liberalización de la red ferroviaria de alta velocidad aumentó el uso de las redes de ferrocarriles con más convoyes circulando de las compañías Iryo y Ouigo. Por lo tanto, la depreciación del activo es mayor y la necesidad de inversión lógicamente también.
Ocurre lo mismo con las infraestructuras viales. La información reciente de Anfac señala que en 2024 circulaban 31 millones de coches, un 1,9% por encima del año anterior. Evidentemente, el empleo de las rutas será mayor. “Depende de cuánto se use y de cuántas personas, si tienes más población, van a utilizar más las carreteras”, comenta Mas.

