De un sueldo de 30.000 euros brutos, ¿cuánto se va en impuestos y Seguridad Social?
Claves fiscales
Entre el impuesto a la renta y otros cobros, gran parte de su salario se destina a cumplir con obligaciones fiscales.

Todas las nóminas sin excepción se verán reducidas a partir de este año 2026

Cada vez que llega la nómina, el dinero que llega no es el mismo que se ve al principio, pues detrás de cada nómina hay deducciones que reducen su valor.
En España, para un sueldo medio situado entre 25.000 y 30.000 euros brutos anuales, la suma de cotizaciones a la Seguridad Social e IRPF suele absorber entre un cuarto y un tercio del salario, según datos de la Agencia Tributaria en 2026.
En sencillo, parte del salario se destina a cubrir costos como impuestos, mientras que otra parte se destina a otros fines.
Un descuento fijo cada mes
El primer descuento es casi imperceptible, pues el porcentaje dedicado a esta aportación es mínima, y con él se cubre el gasto derivado de la cotización; el porcentaje correspondiente a la Seguridad Social se mantiene estable, mientras que el resto —el 100% de la aportación— se destina a financiar el sistema, cuya carga se distribuye de forma sostenida.
La abogada Montse Martínez Mora, exsecretaria de la sección de derecho laboral del Il·lustre Col·legi d’Advocats de Barcelona, lo explica con claridad: “La cotización del trabajador se corresponde con el 6,50% de la base reguladora, que es el salario mensual bruto más la prorrata de pagas extras. Es una deducción fija que se aplica cada mes”. Y se hace hasta la base máxima establecida por ley; una vez alcanzada, la cotización queda topada y no sigue aumentando.
A diferencia del impuesto sobre la renta, aquí el tipo es prácticamente el mismo para todos.
El IRPF, la parte variable
El segundo gran cambio radica en que el tipo de imposición se ajusta según los ingresos, y el tipo impositivo varía según la renta, mientras que el primer tramo se mantiene fijo.
En los ejercicios fiscales, los contribuyentes enfrentan tasas que varían según sus ingresos, con el tipo impositivo aplicado según sus ingresos totales. En el caso de los contribuyentes, la estructura fiscal puede variar, y en ciertos casos, la tributación se ajusta según los ingresos declarados, manteniendo así el marco establecido por la normativa vigente.
En la práctica, un trabajador con salario medio suele soportar retenciones de entre el 15% y el 20%, aunque el porcentaje final depende de factores personales: estado civil, hijos, discapacidad o tipo de contrato. “El IRPF va en función del salario y de las circunstancias personales”, señala Martínez Mora. “Dos empleados con el mismo sueldo pueden tener retenciones distintas”.
Catalunya: Les retencions seran més altes, segons el previst per a 2024.
La cuantía final a pagar puede variar según la comunidad, pero en general el tipo aplicado se ajusta según la normativa autonómica, con ligeras variaciones según la comunidad autónoma, mientras que el tipo medio se mantiene estable y se ajusta según la recaudación.
Para el ejercicio 2026, los tipos autonómicos catalanes parten del 9,5% en los primeros 12.500 euros y aumentan progresivamente hasta el 25,5% en los tramos más altos, con escalones intermedios del 12,5%, 16% o 19%. Aún así, la experta recalca que puede haber casos que el mínimo de retención sea incluso del 0%, en función de los ingresos y según las tablas de la AEAT.
En la práctica, dos trabajadores con el mismo salario pueden ver que uno paga más impuestos que el otro, según la comunidad autónoma.
No son diferencias enormes, pero sí notables con el tiempo; cada pequeño detalle suma al final.
Del bruto al neto: el paso entre ambos
El efecto conjunto de ambas deducciones se nota rápido en el bolsillo. Con un salario bruto anual de 28.000 euros, por ejemplo, un empleado puede acabar cobrando entre 1.400 y 1.600 euros netos al mes en 12 pagas, tras restar Seguridad Social e IRPF.
En términos prácticos, cerca de un tercio del salario se queda por el camino. La comparación cotidiana lo ilustra mejor: de cada 1.500 o 2.000 euros brutos, varios cientos se descuentan antes de que el dinero llegue a la cuenta. Es el motivo por el que el salario prometido y el salario real raramente coinciden.
Es importante recordar que el retención en la fuente no implica que se haya pagado definitivamente; más bien, es conveniente recordar que el contribuyente debe ajustar su situación, ya que el rendimiento tributario se ajusta según los cambios.
Lo que no se ve en la nómina
Más allá del salario bruto, además de lo que aporta el empleador, el costo para el empleador incluye otros componentes: además de lo que aporta directamente, la carga laboral se eleva al incluir, además de los aportes a la seguridad social, contribuciones que se acumulan y que, en conjunto con el resto, gravan la nómina.
Es una información clave que, aunque no se vea directamente, influye en el costo real del empleo.
En resumidas cuentas, comprender que el salario neto no es simplemente una resta directa, sino el resultado de deducciones previas, ayuda a clarificar por qué lo que se percibe no siempre coincide con lo esperado.

