La economía española ha destacado por encima del resto de las europeas en los últimos años, marcados por la inestabilidad geopolítica. Este crecimiento presenta un cambio de patrón respecto a anteriores fases expansivas, como en plena burbuja inmobiliaria: la economía ya no crece únicamente por el aumento del empleo y el capital —maquinaria, equipos, activos inmobiliarios, infraestructuras— sino también por la mejora de la eficiencia con la que se utilizan ambos recursos productivos.
El Observatorio de la Productividad y la Competitividad Española (OPCE) de 2025, un programa de investigación desarrollado por la Fundación BBVA y el Ivie, señala en su último informe que la productividad total de los factores (PTF) de España creció casi un 2% en 2024 (último año completo disponible) frente a la reducción del -0,7% de la media europea. Desde 2020 ha aumentado a un ritmo medio del 1,4% anual, la tasa más elevada desde 1995, mientras se estanca en el 0% en la Eurozona.
Sin embargo, el estudio La productividad en España: condicionantes tecnológicos y empresariales advierte de que estas mejoras en productividad han de mantenerse en el tiempo para compensar los retrocesos de los años 90 y la Gran Recesión, cuando afloró el problema de la baja utilización de la intensa inversión en activos inmobiliarios poco productivos durante el boom de la construcción.
El patrón inversor de España se caracterizaba en esos años por una fuerte inversión en activos inmobiliarios y una escasa acumulación en activos intangibles y tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que son claves para las mejoras de productividad. En los años previos a la Gran Recesión que comenzó en el 2008 el crecimiento económico se basaba en la acumulación de empleo y capital, pero sin mejoras en la eficiencia productiva. Tras un periodo de fuertes ajustes, a partir de 2014 vuelve el crecimiento, pero se interrumpe de nuevo en 2020 por la crisis provocada por la pandemia
A partir del 2021 España avanza en un cambio en el patrón de crecimiento, que pasa a basarse en la eficiencia con la que son empleados los factores productivos a la vez que se mantiene una fuerte creación de empleo. Entre el 2021 y el 2024 la mejora de la PTF explica el 33% del crecimiento del PIB y la intensa creación de empleo -que aumenta un 11,7% respecto al de 2020- aporta un 60% al crecimiento.

