Economía

Larry Fink: El salvador del capitalismo

Detrás de la empresa

Al consejero delegado de BlackRock y copresidente del Foro Económico de Davos se le considera el hombre de negocios más poderoso del mundo. Ahora Larry Fink tiene delante de sí un nuevo reto: recolocar en la aldea global al Foro de Davos tras la salida de Klaus Schwab.

Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock 

Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock 

Brendan McDermid / Reuters

Larry Fink no necesita presentaciones. Ha creado (1988) el que es todavía hoy el mayor fondo de gestión de activos del mundo, BlackRock. Un imperio financiero, con un entramado de participaciones que controla el núcleo de las finanzas, por un valor de cerca de 14 billones de dólares, el equivalente de diez Españas. Si BlackRock fuera un país, sería el tercero más rico del planeta.

A sus 73 años Larry Fink ha empezado un nuevo reto en su exitosa carrera, el más difícil todavía: salvar el Foro Económico de Davos. Esta semana se ha estrenado en el cargo de co-presidente de esta institución (junto a André Hoffmann, vice presidente del gigante helvético de la farmacia Roche), después de la caída en desgracia de su fundador, Klaus Schwab, arrastrado por numerosos escándalos sobre la gestión del evento.

Larry Fink
Larry FinkGUSI BEJER / Colaboradores

En este capítulo de su segunda vida profesional, lo primero que hizo Fink fue tirar de su agenda de contactos. Consiguió así captar a Donald Trump, cuya presencia –como se vio–era necesaria para dar al acontecimiento su relevancia mediática y arrastrar también a otras delegaciones. Y los números le dan la razón: el foro de Davos ha cerrado en 2026 la edición de los récord, con casi 3.000 participantes.

Además de tener un gran olfato para las inversiones, Larry Fink detecta el espíritu de los tiempos. Este año los grandes líderes de Rusia, China, Brasil e India no han aparecido en Davos. Sin ellos, el gran evento que aspira a ser referencia mundial es un pato cojo. Así, en su primera intervención en la cumbre de la “montaña mágica” de Suiza, Fink delineó su visión para el futuro. Este financiero es consciente de que el mundo que vio nacer el Foro Económico, después de más de cincuenta años, ya no existe. En sus palabras, la cumbre “esta desfasada”. Reconoció la creciente distancia entre las élites y la sociedad. “El mundo ahora confía mucho menos en nosotros para ayudar a dar forma a lo que viene después. La montaña tiene que bajar a la Tierra”, resumió, con una metáfora alpina.

Este gestor de BlackRock ahora trata de redefinir el foro de Davos y hasta cambiarle de sede

El Foro económico de Davos no tiene la vocación de luchar contra las desigualdades, sino más bien de hacer negocios. Pero empiezan a surgir problemas, cuando incluso los milmillonarios comienzan a sentirse incómodos con el actual statu quo. “En las economías avanzadas esa riqueza ha ido a manos de un grupo más estrecho de personas de lo que una sociedad saludable puede sostener”, admitió Fink. En este sentido, es significativo que unos 400 millonarios de 24 países escribieron una carta (“ Time to win ”) dirigida a los líderes de Davos para pedir que se le apliquen más impuestos. “Un puñado de oligarcas globales con una riqueza extrema han comprado nuestras democracias”, denuncian.

De allí que Fink se está planteando incluso romper el último tabú: cambiar de sede al Foro Económico. “Tenemos que llevar los debates (…) a los lugares donde realmente se construye el mundo moderno.”. Su tesis es que Davos es “víctima de su propio éxito”. El ambiente elitista del resort helvético (dónde la habitación más modesta no baja de 10.000 euros la semana durante el evento), la dificultad de acceso y el coste exorbitante de la medidas de seguridad (unos 30 millones de euros, a cargo del contribuyente suizo) favorecen su imagen un tanto obsoleta.

Entre las posibles sedes se especula de Yakarta (capital de Indonesia, país emergente, la mayor economía musulmana del mundo), Dublín (el centro de las tecnológicas estadounidenses en Europa), Detroit (la ciudad del automóvil de EE.UU. Símbolo de la vieja economía en plena transformación) o Buenos Aires (donde se cuece el trumpismo en salsa latinoamericana). En vía excepcional el Foro ya se movió a Nueva York en 2002 como muestra de solidaridad con las víctimas del 11-S y durante la pandemia se barajó desplazar el evento a Singapur, pero finalmente Schwab desistió de la idea. Larry Fink pretende cambiar el tono, el marco y hasta el lugar de este evento global. ¿Pero puede cambiar de modelo quién más ha contribuido a crearlo?

Piergiorgio Sandri

Piergiorgio Sandri

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En Guyana Guardian desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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