
Un poco de esperanza
Opinión
Un año más, al hacer balance de lo ocurrido en el 2025, no tengo más remedio que volver a concluir que el futuro de nuestra industria sigue siendo preocupante. Pese a la crisis del sector, las autoridades comunitarias no acaban de adoptar todas las medidas necesarias para reforzar su competitividad, como si no fueran conscientes del impacto que la caída de la actividad industrial está teniendo en la economía europea.
Año tras año, los problemas de la industria siguen siendo los mismos: el coste de la energía, que es mucho más alto que en Estados Unidos; la dependencia de China, que en 2025 amagó con prohibir las exportaciones de semiconductores y tierras raras; y el precio de los derechos de emisión de CO₂, que supone un lastre para competir con industrias de países que no cuentan con este sistema. Si a todo esto añadimos los conflictos arancelarios con China y Estados Unidos, las perspectivas del sector no parecen halagüeñas.
Y, sin embargo, estoy convencido de que todavía hay margen para la esperanza. La alternativa pasa por combinar la elevada capacidad de innovación de la industria con el apoyo de las instituciones públicas. Esta fórmula permitiría dar un impulso a la competitividad del sector, con multitud de proyectos para modernizar sus instalaciones y construir nuevas plantas, con inversiones que pueden contribuir a reactivar la economía.
Urge combinar la capacidad de innovar de la industria con el apoyo de las instituciones
En los próximos años, uno de los sectores más dinámicos será el de los combustibles renovables. En este campo hay proyectos tan innovadores como la biorrefinería de Östrand, en Suecia, que será la primera del mundo capaz de producir combustibles sostenibles de aviación a escala industrial a partir de residuos forestales, y la Ecoplanta de Tarragona, una iniciativa pionera en Europa que permitirá convertir residuos sólidos urbanos en metanol renovable, y que en la reciente Cumbre del Clima de Brasil fue reconocida como uno de los proyectos más destacados de entre los 600 presentados.
Otro proyecto emblemático es el de la cementera de Lumbres, en Francia, que será la primera de Europa en producir cemento neutro en carbono, gracias a la combinación de un nuevo tipo de horno que incorpora la captura y el almacenamiento de CO₂. Estas tecnologías se aplicarán también en la zona industrial de Zandvliet, en Bélgica, desde donde el CO₂ capturado será conducido por tuberías hasta el puerto de Amberes para su licuefacción y envío a almacenes submarinos en el Mar del Norte.
Estos proyectos son solo una muestra de la capacidad de innovar de la industria, un sector que requiere de un apoyo más decidido por parte de la UE. Es fundamental contar con un contexto más favorable a las inversiones industriales, con menos burocracia, una regulación más estable y, sobre todo, un mayor soporte financiero. De la capacidad de Bruselas para crear este nuevo marco dependerá la supervivencia de la industria y el mantenimiento de miles de empleos.