De un despacho en Nueva York a operar en cinco continentes: así ha crecido Bonhill en el mercado de los relojes de lujo, las joyas y los diamantes
Joyería
Bonhill consolida un modelo internacional de compra de lujo basado en la transparencia, la especialización y la rapidez

Bonhill es experto en la valoración técnica de relojes y piezas de joyería de alta gama
Desde finales de los años ochenta, el mercado de la compraventa de piezas de lujo ha vivido transformaciones profundas, impulsadas por la globalización, el auge de las marcas de alta relojería y la evolución digital. En ese contexto nació Bonhill, una empresa fundada en 1987 con el objetivo de ofrecer a cualquier persona un proceso seguro, rápido y confiable para vender un reloj, una joya o un diamante de alto valor, en un entorno donde esa experiencia era todavía poco habitual. Aquel planteamiento, que respondía a una necesidad evidente en el mercado, se convirtió en el germen de un modelo que en la actualidad opera en múltiples países, cinco continentes y que ha hecho de la transparencia su mayor sello.
Los primeros años estuvieron marcados por la expansión internacional. Las oficinas de Nueva York y Miami consolidaron la presencia de Bonhill en el mercado estadounidense, mientras que Hong Kong abrió la puerta al circuito asiático, siempre activo en el lujo y en la inversión en relojería. “Nuestro origen está muy ligado al comercio internacional, a entender cómo se mueve el valor real de las piezas y a profesionalizar un sector que durante mucho tiempo funcionó de forma muy opaca”, explica Jorge Mateo, del departamento de comunicación de la compañía. Ese espíritu global se convertiría con los años en uno de los elementos que más han diferenciado al negocio.

La llegada a Europa se produjo en 2013 con la apertura de las oficinas en Barcelona, un movimiento estratégico que permitió captar un mercado en crecimiento y fortalecer el posicionamiento de la marca. Un año después nació el programa Buy-Back, diseñado para dar salida a los stocks antiguos de joyerías, distribuidores y marcas. Aquella iniciativa fue clave para establecer puentes entre Bonhill y el comercio tradicional.
Ya en 2019 se sumó Watchupgrade, un programa exclusivo para joyerías que facilita al público la compra de un nuevo reloj, mejorando la rotación de piezas y aumentando las ventas del establecimiento. “Siempre hemos tenido claro que nuestra labor no es solo comprar, sino aportar soluciones reales al sector, innovando de forma constante”, afirma Mateo.
Esa voluntad de innovar explica también la creación de las franquicias Time Heritage, la expansión a Londres, Dubai y Madrid.
Nuestro origen está muy ligado al comercio internacional y a profesionalizar un sector que durante mucho tiempo funcionó de forma muy opaca

La diferenciación de Bonhill respecto a otras empresas del sector se explica desde varios ángulos. El primero es su capacidad económica y logística para comprar piezas que van desde unos pocos cientos de euros hasta modelos exclusivos de Richard Mille, Patek Philippe o Audemars Piguet, valorados en millones de euros. El segundo es su canal propio de distribución en Estados Unidos, un elemento que muy pocos operadores poseen y que les permite asumir un volumen muy superior de marcas y modelos. Y el tercero es su forma de trabajar: salas privadas, tasación gratuita, recogida a domicilio, pago inmediato, atención personalizada y un nivel de discreción que forma parte de su identidad empresarial.
La confianza, sin embargo, es el eje central. En un sector donde la transparencia no siempre ha sido la norma, Bonhill ha construido un modelo basado en la verificación experta, la valoración inmediata y la comunicación clara durante todo el proceso. “Cuando alguien vende un reloj o una joya importante, lo que busca es tranquilidad. Nuestro compromiso es acompañarlo en cada paso, con rigor y una valoración ajustada al mercado real”, explica Mateo. Esa fidelización sostenida es, de hecho, uno de los principales indicadores de la solidez de la marca.
Seguridad, profesionalidad y claridad
Los próximos años estarán marcados por seguir creciendo sin renunciar a la esencia que ha guiado a la compañía desde sus inicios. La rapidez tecnológica y la sofisticación del mercado obligan a perfeccionar constantemente los procesos de tasación, verificación y acompañamiento al cliente. Pero la prioridad de la empresa sigue siendo la misma que en 1987: ofrecer seguridad, profesionalidad y claridad en cada operación. “Queremos que cada persona que llega a Bonhill viva una experiencia de lujo, entendida no como ostentación, sino como la máxima excelencia en servicio”, resume Mateo.
En un mercado globalizado, dinámico y altamente competitivo, Bonhill combina la agilidad de una compañía moderna con la fiabilidad de una firma con décadas de experiencia. Esa mezcla explica por qué muchos clientes vuelven, por qué otros llegan recomendados y por qué la empresa se ha convertido en un referente internacional. “Al final, en el mundo del lujo, el valor está en la pieza, pero la confianza se construye con cada detalle”, acaban desde el negocio.
