Maldivas como punto de inflexión: la historia de la pareja que convirtió un viaje en un método para volver a la vida
Viajes
El proyecto nacido en Maldivas evoluciona hacia Marezen, un nuevo modelo que combina experiencias, formación y comunidad

Maldivas, un archipiélago donde el mar, el silencio y la sencillez definen otra forma de habitar el tiempo
Maldivas suele asociarse a descanso, lujo y evasión. Para Eva y Xavi, en cambio, este archipiélago del Índico representa algo muy distinto: un lugar donde parar, recomponerse y volver a empezar. La relación de Eva con Maldivas no comenzó como respuesta a una crisis inmediata. Antes de enfermar ya había viajado en varias ocasiones a este archipiélago del Índico. Algo en ese lugar —el ritmo, el mar, la sencillez de la vida cotidiana— le ofrecía una sensación difícil de explicar, pero profundamente reconocible.
Tiempo después, una grave enfermedad estuvo a punto de costarle la vida. Tras superar ese episodio límite, Maldivas adquirió un significado distinto. Ya no era solo un destino al que regresar, sino el lugar que había funcionado como anclaje emocional en uno de los momentos más frágiles de su existencia.
Fue entonces cuando tomó una decisión poco convencional: mudarse a vivir allí. Instalarse en el paraíso que, sin prometerle nada, le había devuelto la calma, la presencia y la sensación de estar viva. Ese proyecto de vida se vio interrumpido por un acontecimiento global inesperado. Con la irrupción de la pandemia, Eva quedó atrapada en Maldivas durante meses. Cuando finalmente pudo regresar a España, lo hizo con una experiencia vital intensa a sus espaldas y una mirada transformada sobre el tiempo, la vida y las prioridades.

Fue en ese regreso cuando conoció a Xavi. El encuentro no fue casual. Ambos se encontraban replanteándose cómo vivir y desde dónde construir. De esa conversación constante entre experiencia, aprendizaje y observación crítica empezó a tomar forma una pregunta común: ¿Por qué viajamos tanto y, sin embargo, regresamos casi siempre iguales?
La experiencia acumulada de Eva en Maldivas, unida a la mirada estratégica y constructiva de Xavi, dio lugar a algo que iba más allá de un proyecto turístico. Empezaron a imaginar el viaje como proceso, no como escape; como espacio de pausa, no como acumulación de estímulos. Así nació ExperienciaMaldivas, no como una agencia al uso, sino como una propuesta diseñada para que el entorno, el ritmo y el acompañamiento generaran un impacto real en quienes la vivían.
Experiencia Maldivas, más allá del destino
“No se trataba de llevar gente a un lugar bonito”, explican. “Se trataba de crear las condiciones para que algo se moviera por dentro”. El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. Maldivas también les ha confrontado con dificultades profundas: obstáculos administrativos, decisiones erróneas por parte de terceros, momentos de gran incertidumbre y experiencias de engaño que pusieron a prueba tanto la viabilidad del negocio como la fortaleza emocional de quienes estaban detrás.
“No ha sido un camino fácil ni idealizado”, reconocen. “Ha sido exigente y, en muchos momentos, muy complicado. Precisamente por eso, también ha sido formativo”.

Vivir y emprender en un contexto tan distinto al propio les obligó a desarrollar una gran capacidad de adaptación, gestión emocional y toma de decisiones conscientes en momentos de presión. Ese recorrido se convirtió con el tiempo en una auténtica escuela de vida, que hoy da forma al enfoque del proyecto.
Una experiencia pensada para estar y no solo visitar
Las experiencias se desarrollan en islas locales, lejos de los resorts aislados, con una inmersión real en la vida cotidiana maldiva. Los grupos son reducidos y el acompañamiento es constante, siempre en español, algo que los participantes valoran especialmente por la cercanía, la confianza y la profundidad que permite el proceso.
El mar ocupa un lugar central: snorkel en arrecifes llenos de vida, encuentros con mantas, delfines al atardecer, bancos de arena y largos momentos de silencio. Pero el viaje no se queda en lo externo. Quienes participan describen la experiencia como una oportunidad para bajar el ruido, ordenar ideas y reconectar con lo esencial. Hay tiempo para la reflexión, para conversaciones profundas y para observarse sin prisas ni exigencias. “El mayor regalo no es lo que ves”, señalan. “Es la claridad con la que vuelves”.

Además, el contacto con la población local forma parte esencial de la experiencia. No como un elemento folclórico, sino como un aprendizaje mutuo que invita a cuestionar el propio estilo de vida y la relación con el consumo, el tiempo y la naturaleza. Compartir el día a día con la comunidad maldiva permite observar otras formas de organizar la vida y de entender el bienestar desde la sencillez.
Otro de los elementos diferenciales del proyecto es la integración de procesos formativos y de acompañamiento dentro de la experiencia. “No se trata de terapia ni de promesas de cambio inmediato, sino de ofrecer herramientas de reflexión, autoconocimiento y gestión emocional que cada persona puede integrar a su propio ritmo”, describen. El objetivo es que lo vivido durante el viaje no se quede en una sensación pasajera, sino que tenga continuidad real en la vida cotidiana.

Marezen: un nombre a seguir
De este enfoque surge algo que va más allá del viaje: una comunidad. Personas que, tras vivir la experiencia, continúan vinculadas al proyecto porque encuentran un espacio donde no se les exige estar bien, sino estar presentes. Esta dimensión comunitaria es uno de los pilares de Marezen, la marca paraguas que Eva y Xavi han lanzado este 2026. Bajo este nombre se agrupan experiencias de viaje, formaciones y espacios de acompañamiento con el objetivo de acompañar, sostener y crecer junto a las personas en distintas etapas de su vida.
Con las fechas de 2026 ya abiertas, Marezen inicia una nueva etapa que va más allá de Maldivas, sin perder aquello que lo hizo nacer: la cercanía, el cuidado y la intención.
Lejos de prometer soluciones rápidas, el proyecto propone algo más sencillo como es crear las condiciones necesarias para que cada persona pueda volver a sí misma y tomar decisiones más coherentes con la vida que quiere vivir. “Maldivas no es el final del camino; para muchas personas es solo el lugar donde se permiten empezar de otra manera”, concluyen.

