El día comenzó con una imagen aérea tan impactante como inquietante: en una carretera cercana a Acatlán de Juárez, en Jalisco, un autobús y un automóvil ardían entre columnas de humo negro. Según las autoridades, habían sido incendiados por grupos del crimen organizado como respuesta a un operativo para detener a un objetivo prioritario. Desde arriba, la escena parecía congelar un instante de tensión que afectaba a toda una región acostumbrada a convivir con episodios de violencia repentina.
Muy lejos de allí, en un paisaje completamente distinto, la ciudad de Nueva York se despertaba bajo un manto blanco. En Central Park, la gente salía a admirar la nieve caída tras la fuerte tormenta invernal que había azotado el noreste de Estados Unidos. Familias, parejas y curiosos se mezclaban en los senderos, disfrutando del silencio mullido que sólo dejan las grandes nevadas, mientras la ventisca seguía dibujando remolinos en el aire helado.
En otro lugar del mundo, el cielo se convertía en protagonista. Un globo aerostático con turistas sobrevolaba el distrito financiero de Melbourne, ofreciendo una vista elevada de los rascacielos que se alzaban sobre la ciudad. Desde esa perspectiva tranquila y luminosa, la urbe parecía una maqueta perfectamente ordenada, bañada por la luz suave del amanecer australiano.
China mostraba a su vez una escena de movimiento constante. En la provincia de Anhui, los conductores se incorporaban a los carriles de la autopista tras pasar por la estación de peaje de Wuzhuang. Era el 22 de febrero de 2026, último día de las vacaciones por la Fiesta de la Primavera, la celebración que marca el Año del Caballo. Con el fin del descanso, millones de personas regresaban a sus ciudades, dando forma a una de las mayores migraciones humanas anuales.
En Kiev, una persona caminaba junto al Muro del Recuerdo de los Caídos por Ucrania, en vísperas del cuarto aniversario del inicio del conflicto a gran escala. Era el 23 de febrero de 2026, un día antes de que se cumplieran cuatro años desde la invasión rusa de 2022. El silencio del lugar, lleno de fotografías y nombres, recordaba la profundidad del dolor y la resistencia de un país marcado por la guerra.

























