La escalada bélica en Oriente Medio marcó la agenda internacional en una jornada que dejó imágenes de tensión, impacto diplomático y consecuencias económicas en distintos puntos del planeta. Desde Washington hasta Teherán, pasando por Jerusalén, Berlín o Tokio, la crisis derivada de los ataques cruzados entre Estados Unidos, Israel e Irán centró la atención política y financiera, mientras en otros escenarios la actividad institucional y social seguía su curso.
En Washington, la imagen de la Casa Blanca simbolizó la implicación directa de Estados Unidos en la ofensiva, mientras en Jerusalén las fuerzas de seguridad inspeccionaban carreteras dañadas tras el lanzamiento de misiles. En Minab (Irán), equipos de rescate buscaban entre los escombros tras un ataque contra una escuela, reflejo del coste humano del conflicto. La reacción a la muerte del líder supremo iraní reunió a simpatizantes en Beirut, donde una mujer lloraba durante una concentración.
La crisis tuvo también eco diplomático. En Berlín, el Gobierno alemán activó su unidad de crisis, mientras en Londres dirigentes del partido Reform UK comparecían ante la prensa. En Peshawar (Pakistán), manifestantes quemaron imágenes del presidente estadounidense durante una protesta contra los bombardeos. La inestabilidad se dejó sentir en los mercados: en Tokio, el índice Nikkei 225 registraba caídas en la apertura, y en Frankfurt los paneles del aeropuerto mostraban cancelaciones de vuelos hacia Oriente Medio.
En Nueva Delhi, el primer ministro indio, Narendra Modi, y su homólogo canadiense, Mark Carney, escenificaban la firma de acuerdos bilaterales en un intento por reforzar la cooperación internacional en un contexto convulso.
Al margen de la crisis, otras imágenes retrataron la vida que continúa. En Barcelona, Felipe VI visitó los pabellones del Mobile World Congress. En Sao Paulo, simpatizantes de Jair Bolsonaro se manifestaron en la Avenida Paulista. En Dunkerque, activistas de Greenpeace bloquearon un carguero en protesta por el transporte de material vinculado al sector nuclear. En Pekín, visitantes recorrían zonas comerciales junto a símbolos tradicionales, mientras en Phnom Penh monjes budistas caminaban por el recinto del Palacio Real.
También hubo espacio para el deporte y la cotidianeidad: un jugador de la NHL se preparaba para saltar al hielo en Elmont (Nueva York); un saltador participaba en una exhibición en Montreal; caballos islandeses corrían en una granja cerca de Frankfurt; y en la playa de Tel Aviv, un hombre hacía ejercicio frente al mar.
Un mosaico de escenas que, juntas, dibujan un día atravesado por la incertidumbre internacional, pero también por la persistencia de la actividad política, económica y social en distintas latitudes.






















