Mascotas

Karolina Westlund, etóloga: “Darles a tu perro o gato el alimento en un plato elimina totalmente su oportunidad para explorar”

Cuidados 

La ciencia del bienestar animal busca descifrar la experiencia emocional para comprender y mejorar su calidad de vida

Entender el comportamiento de un animal implica considerar sus procesos emocionales, no sólo su conducta visible. 

Entender el comportamiento de un animal implica considerar sus procesos emocionales, no sólo su conducta visible. 

Unplash

¿Qué pasa realmente por la mente de un perro cuando mueve la cola o de un gato cuando juega? Durante siglos fue un misterio, pero la neurociencia afectiva y la etología tienen la respuesta. La Dra. Karolina Westlund, etóloga y profesora en la Universidad de Estocolmo y fundadora de ILLIS Animal Behaviour Courses, ha encontrado en los siete sistemas emocionales de Jaak Panksepp un “marco completo para entender el bienestar animal”, que revela que compartimos con los mamíferos mucho más de lo que creemos.

La Dra. Karolina Westlund empezó a preguntarse por qué el uso del clicker funcionaba tan bien al enseñar a los animales. Al investigar más a fondo, entendió que no se trataba solo de una técnica de aprendizaje, sino de cómo el clicker activa el sistema de búsqueda del cerebro: ese sistema emocional que impulsa a los animales (y a las personas) a explorar, aprender y entusiasmarse con lo que viene después.

En ese proceso fue clave el estudio del científico estonio Jaak Panksepp sobre los siete sistemas emocionales que compartimos los mamíferos: duelo, miedo, ira, sexualidad, búsqueda, cuidado y juego.

Karolina Westlund señala que el comportamiento de los animales es la expresión visible de un estado emocional interno
Karolina Westlund señala que el comportamiento de los animales es la expresión visible de un estado emocional internoDapetrus.com

Percepción: las gafas con las que se ve el mundo

Westlund señala que el comportamiento de los animales es la expresión visible de un estado emocional interno. Para explicar cómo estos estados influyen en la percepción, utiliza una metáfora especialmente clara: las “gafas emocionales”. Los animales no ven el mundo tal como es, sino filtrado por su estado emocional y fisiológico. Su conducta surge como respuesta a las emociones que atraviesan, y el estado emocional en el que permanecen la mayor parte del tiempo moldea directamente cómo perciben su entorno, inclinándose hacia interpretaciones más positivas o negativas.

Este filtro emocional también interactúa con el sistema nervioso autónomo, de manera que modifica la percepción y guía la conducta. Un animal en un estado emocional positivo es más propenso a percibir a otro perro o estímulo como neutral o incluso amistoso; el mismo estímulo, bajo un estado negativo, puede interpretarse como una amenaza. En otras palabras, la percepción cambia según el estado emocional, y ese cambio es lo que da forma directa al comportamiento.

Westlund explica este filtro a través de la herramienta del concepto de afecto central, un marco que describe el estado emocional de un individuo según dos dimensiones: cuán agradable o desagradable resulta una experiencia y si su activación es alta o baja. Cada emoción o estado de ánimo ocupa un lugar en este espacio, y esa posición determina cómo el animal interpreta lo que ocurre a su alrededor. De este modo, un mismo estímulo puede tener significados completamente distintos según la posición que el animal ocupe en su espacio emocional.

“Un perro que se cruza con otro perro durante un paseo no responde simplemente al estímulo en sí, sino a la evaluación emocional que hace de él. Si su afecto central se sitúa en un estado positivo, es más probable que perciba al otro perro como neutro o incluso amistoso. En un estado negativo, ese mismo encuentro puede interpretarse como una amenaza”, explica.

“El movimiento de la cola en el perro está estrechamente relacionado con el nivel de activación del animal, que puede ser positivo o negativo, y refleja el estado emocional” y añade que “la cola forma un arco, y la amplitud de los movimientos cambia según la emoción que el animal está experimentando”, añade la etóloga.

Cuando la reacción emocional es positiva, el perro tiende a mover la cola más hacia el lado derecho de su cuerpo; en cambio, si la reacción es negativa, se mueve más hacia el lado izquierdo

Dra. Karolina Westlund

Etóloga 

También destaca un detalle importante sobre la dirección de los movimientos: “Existe una asimetría significativa: cuando la reacción emocional es positiva, el perro tiende a mover la cola más hacia el lado derecho de su cuerpo; en cambio, si la reacción es negativa, se mueve más hacia el lado izquierdo”.

Entender el comportamiento de un animal implica considerar sus procesos emocionales, no sólo su conducta visible. La manera en que un animal percibe y responde al entorno está profundamente ligada a quién es y en cómo ese individuo habita el mundo.

Sistemas emocionales optimistas: cuidado, juego y búsqueda 

El sistema emocional de cuidado es fundamental para el bienestar de cualquier animal; es el que se activa en la crianza, un estado acogedor, de seguridad y comfort; las hormonas involucradas son la oxitocina, endorfinas y prolactina. El cuidado no se limita a la relación con la madre o los hermanos., también abarca la amistad y la socialización entre iguales, así como el afecto que los animales reciben de los humanos donde se forma el apego, el cual puede ser seguro o inseguro.

La Dra. Westlund subraya su importancia del desarrollo de este sistema en el primer tiempo de vida. “Me preocupa la separación prematura de los animales jóvenes, como cuando son destetados a las seis semanas y luego separados a las ocho. Esto como etóloga activa todas mis alarmas”, explica. “Las habilidades de cuidado y socialización se aprenden observando a la madre y recibiendo atención; perder estas experiencias tempranas puede afectar el desarrollo emocional para toda la vida”.

Las habilidades de cuidado y socialización se aprenden observando a la madre y recibiendo atención; perder estas experiencias tempranas puede afectar el desarrollo emocional

Dra. Karolina Westlund

Etóloga

Si las emociones positivas son esenciales para el bienestar, el juego es el sistema emocional aliado para el desarrollo y resiliencia. Según Westlund el juego permite a los animales desarrollarse cognitiva y emocionalmente, y en las primeras etapas de la vida, especialmente en cachorros, estimula el cerebro y favorece estados emocionales optimistas. Incluso quienes no tuvieron estas experiencias de pequeños pueden beneficiarse, ya que el juego ayuda a trasladarse hacia estados emocionales positivos.

“Cuando vemos animales jugando, solemos pensar: ¡qué bonitos son!, dejamos que sigan un rato, pero luego decimos: 'ya es demasiado travieso'. Esto es crucial: el juego desarrolla el cerebro, la resiliencia, reduce la sensibilidad al estrés y mejora la competencia social. Es una emoción básica que facilita el cambio hacia estados positivos”, explica la etóloga.

Según Westlund “El juego permite a los animales interactuar socialmente, simular peleas y explorar con seguridad, ya sea en solitario, con objetos, o de forma social, incluyendo la interacción lúdica con las personas que los cuidan”. Para la experta, se convierte en un aliado estratégico que afianza el vínculo, mejora la percepción del entorno y favorece respuestas más positivas, potenciando el bienestar y la capacidad de aprendizaje.

Según Westlund “El juego permite a los animales interactuar socialmente, simular peleas y explorar con seguridad”. 
Según Westlund “El juego permite a los animales interactuar socialmente, simular peleas y explorar con seguridad”. Getty Images

El sistema emocional de búsqueda impulsa la exploración, la curiosidad y el aprendizaje. Motiva al animal a descubrir su entorno, encontrar recursos y enfrentar desafíos con interés y energía. Como señala la Dra. Westlund, “sin oportunidades para explorar, los animales pueden desarrollar ansiedad, frustración o reactividad. Este sistema es esencial tanto en la naturaleza como en entornos urbanos, donde la estimulación adecuada ayuda a mantener el bienestar físico y emocional”.

Hoy en día, muchas personas no son conscientes de que los perros y gatos son animales en cautiverio y que somos responsables de su bienestar y felicidad. En los últimos 30-50 años, el fenómeno del mascotismo ha llevado a que los animales pierdan agencia y libertades. Uno de los problemas más importantes que señala la Dra. Westlund es la forma en que alimentamos a los animales: “Servir el alimento en un plato elimina completamente la oportunidad de exploración y desafío, colocándose en el extremo opuesto del sistema emocional de búsqueda. En la naturaleza, obtener alimento no es un acto pasivo: los animales investigan, persiguen, manipulan y resuelven problemas para conseguirlo”.

La Dra. Westlund recomienda observar cómo cada especie obtiene su alimento en su hábitat natural y emular esas condiciones mediante enriquecimiento ambiental. Convertir la hora de la comida en una actividad estimulante, por ejemplo usando juguetes interactivos, promoviendo la masticación o dispersando el alimento para forrajeo, activa el sistema de búsqueda, mejora el bienestar emocional y promueve la salud mental del animal.

Una herramienta novedosa y altamente beneficiosa que activa el sistema de búsqueda y que a la mayoría de los perros suele gustarles es el nosework o detección de sustancias. En esta actividad, la Dra. Westlund explica que el animal aprende a buscar o rastrear un olor específico, recibiendo refuerzo positivo al encontrar la sustancia. Esta actividad no solo permite expresar conductas naturales, sino que también tiene un efecto regulador sobre la activación emocional. Según la Dra.: “Los perros que mostraban ansiedad generalizada se volvían más calmados y su sistema parecía más equilibrado, mientras que los perros más deprimidos o apáticos lograban incrementar su motivación y energía”.

Aplicar estos conocimientos sobre sistemas emocionales como el cuidado, el juego y la búsqueda implica diseñar entornos y rutinas que los respeten y estimulen, permitiendo que los animales bajo nuestro cuidado desarrollen un estado emocional optimista. Estos sistemas son fundamentales para garantizar su bienestar integral.

Calma, co-regulación y resiliencia

Cuando el sistema nervioso percibe seguridad, se activa un estado que favorece la calma, la conexión social y el bienestar. En este estado, humanos y animales pueden influirse mutuamente: una persona tranquila puede ayudar a calmar a su perro, y un animal relajado puede tener el mismo efecto sobre nosotros. Este proceso se denomina co-regulación.

La Dra. Karolina Westlund se apoya en la teoría polivagal para explicar cómo el sistema nervioso influye en las emociones, la percepción y el comportamiento, tanto en humanos como en animales. Esta teoría permite comprender por qué, cuando nos sentimos seguros, podemos relajarnos, conectar y comunicarnos y por qué, ante el peligro, nuestro cuerpo entra en estado de alerta o inmovilización.

Nuestro estado de calma influye en el de los demás y viceversa; animales relajados pueden ayudarnos a sentirnos tranquilos. Este mecanismo es la base fisiológica de la co-regulación, y explica por qué la calma del cuidador afecta directamente el bienestar de los animales.

Nuestro estado de calma influye en el de los demás y viceversa; animales relajados pueden ayudarnos a sentirnos tranquilos. 
Nuestro estado de calma influye en el de los demás y viceversa; animales relajados pueden ayudarnos a sentirnos tranquilos. Pexels / Andrew Neel

La calma no se impone desde fuera con órdenes. Muchas veces se confunde un animal calmado con un animal congelado o inmóvil por miedo. “La calma viene de dentro, no de fuera; es un estado interno”, dice. La autorregulación emocional del cuidador, junto con un entorno seguro y predecible, es una de las herramientas más efectivas para promover el bienestar de los animales bajo su cuidado.

Westlund enfatiza que enseñar a los animales a entrar en estados de calma no consiste en imponer órdenes, como “siéntate” o “estate tranquilo”. Requiere que los humanos estén centrados, equilibrados y conscientes, utilizando herramientas como mindfulness, respiración, meditación o simplemente compartiendo un espacio de calma que les lleve a ese estado de relajación. Esta autorregulación es crucial, ya que un humano estresado puede inducir estrés en el animal a través de la resonancia emocional.

Además de la co-regulación, la Dra. Westlund, para fomentar la calma, subraya la importancia de modificar el entorno del animal, eliminando estímulos que puedan inducir activación —visuales, auditivos, olfativos o táctiles— y añadiendo señales de seguridad, como espacios de referencia y rutinas predecibles. El tacto consciente también resulta fundamental: mediante tests de consentimiento, se puede verificar si el animal disfruta del contacto físico. Por ejemplo, preguntar “¿Está bien si te toco?” Y observar su respuesta fortalece la confianza, respeta la autonomía y mejora el vínculo afectivo.

El enriquecimiento ambiental es un aliado clave, especialmente mediante actividades de lamido, masticación y detección de sustancias, recomendadas para canalizar el exceso de energía. Estas conductas favorecen la liberación de opioides endógenos, contribuyendo a la reducción del estrés y al bienestar emocional.

Desde el marco de la co-regulación y la teoría polivagal, la etóloga explica que, cuando cambia el estado interno desde el que opera el sistema nervioso de un animal, también cambia la forma en que percibe el mundo y, en consecuencia, su comportamiento. Situaciones que antes se vivían como amenazantes o que activaban miedo y reactividad pueden dejar de hacerlo. Así, un perro reactivo puede mostrarse menos ansioso o agresivo cuando logra entrar en un estado de mayor calma y seguridad, incluso sin intervenir directamente sobre la conducta problemática.

La capacidad de un animal de recuperarse de estados emocionales negativos y volver a un estado de regulación mental, social y conductual saludable es lo que Westlund explora actualmente como resiliencia. “Las experiencias positivas, como la exploración, el juego, el cuidado, el contacto y el control sobre su entorno, fortalecen esta resiliencia. Incluso los contratiempos pueden ser valiosos: superar desafíos genera logro, orgullo y potencia la capacidad de afrontar adversidades futuras”, sugiere Westlund.

La Dra. Westlund concluye que no toda emoción negativa es perjudicial; cumple un propósito adaptativo. Parte de nuestro aprendizaje con animales y humanos consiste en permitir experiencias difíciles de manera controlada y segura, sin sobreprotegerlos, para que puedan aprender a autorregularse. La naturaleza nos ha dotado de la capacidad de aprender de manera experimental, tanto de experiencias positivas como negativas.

Entender qué sienten los animales y por qué importa va más allá del bienestar animal. La ciencia demuestra que humanos y otros mamíferos compartimos sistemas emocionales y nos regulamos mutuamente al convivir. Por eso, aprender sobre sus emociones es también aprender sobre las nuestras: mejora su bienestar y nos invita a desarrollar mayor conciencia, empatía y equilibrio emocional, fortaleciendo un vínculo que beneficia a ambas partes.