Carlos Latre (46 años), sobre la crisis personal que afrontó tras la cancelación de ‘Babylon Show’: “Tenía un gran sentimiento de falta de confianza”
Relato de resiliencia
El polifacético imitador recupera su posición en la vanguardia televisiva mientras reflexiona sobre el bache anímico derivado de su último proyecto como presentador

Carlos Latre, en una imagen de archivo.

El regreso de Got Talent España a los sábados de Telecinco ha traído cambios. Entre las novedades más destacadas de esta temporada figura la incorporación de Carlos Latre al jurado, una silla que el castellonense ocupa con la veteranía de quien lleva tres décadas dominando el registro del entretenimiento. Su debut en esta edición ha dejado momentos de gran calado profesional, como el reciente reencuentro sobre el escenario con Leticia López Aguilar, una antigua alumna jienense a la que reconoció de inmediato. “Es una gran imitadora”, sentenció el ‘showman’, evidenciando que su ojo para el talento ajeno permanece intacto tras años evaluando perfiles en formatos de éxito como Tu cara me suena.
Esta estabilidad actual contrasta con el turbulento cierre de su anterior etapa en la cadena. Tras once años vinculado a Atresmedia, Latre decidió emprender un camino propio con Babylon Show, una apuesta personal y empresarial que buscaba ofrecer una alternativa blanca y humorística en la competitiva franja del access prime time. Sin embargo, la realidad de las audiencias fue implacable: el espacio apenas alcanzó un 3,6% de cuota de pantalla y fue cancelado tras solo doce emisiones. Lo que pareció una transición profesional lógica se convirtió en un punto de inflexión que afectó profundamente la seguridad del comunicador, quien ahora se sincera sobre la vulnerabilidad experimentada en aquellos meses de incertidumbre.

“La gota que colmó el vaso”
El estrepitoso final de su programa propio y la dependencia de los datos de audiencia
La cancelación de su proyecto más personal supuso un duro golpe para quien fuera el alma de Crónicas marcianas. Carlos Latre reconocía el pasado octubre en el pódcast Lo que tú digas que el fin de Babylon Show fue “la gota que colmó un vaso que estaba a punto de derramarse”. El imitador, que coproducía y lideraba el formato, confesaba en el citado espacio que la presión por los resultados le generó una dependencia absoluta: “Vives por y para ello, estás 24/7 intentando levantar un proyecto en el que hay más de 200 personas”. A pesar de haber solicitado un margen de 100 programas para asentar la propuesta, la cadena decidió cortar la emisión de forma prematura, sumiendo al humorista en un bloqueo personal.
Durante este periodo, Latre experimentó una crisis de identidad profesional. “Tenía un gran sentimiento de falta de confianza, de culpabilidad, de derrota”, admitía con perspectiva. El castellonense relató que se sentía atrapado en una “rueda de hámster”, donde a pesar del éxito externo como colaborador, sentía que no avanzaba hacia el reconocimiento que buscaba como conductor principal. “No quería estar toda la vida siendo un colaborador”, explicaba sobre su decisión de abandonar la zona de confort en Antena 3 para arriesgarse en Mediaset. Esta ambición, mezclada con el “ego y el éxito”, le llevó a un terreno de inseguridades que terminó por afectar su salud emocional y física.
Para el imitador, el problema no residía únicamente en el fracaso del programa, sino en un “cúmulo de circunstancias” que venían gestándose tiempo atrás. Latre se sentía “sobrepasado de todo” y “muy débil a nivel de confianza”, una situación que le obligó a detenerse para analizar su trayectoria. A pesar del dolor que supuso la retirada del espacio, el humorista asegura que volvería a tomar la decisión “2.000 veces”, pues considera que el aprendizaje obtenido en la derrota ha sido fundamental para su evolución. “La televisión no tiene paciencia”, reflexiona al comparar su experiencia con los inicios de otros formatos consolidados que tardaron años en cuajar.

“Volví a ser Carlos”
El viaje transformador a Nepal con Jesús Calleja que marcó su recuperación
La salida del pozo anímico llegó de la mano de la aventura y el aislamiento. Carlos Latre se unió a la expedición de Universo Calleja en Nepal, una experiencia que resultó ser el bálsamo necesario para su crisis. “Llegaba muy tocado y muy débil a nivel de confianza”, relataba sobre su llegada al Himalaya. Allí, lejos de los focos y las audiencias, el cómico logró desprenderse de los personajes que le han dado la fama. “En Nepal volví a ser Carlos y no todas las máscaras que yo mismo había creado alrededor de mi persona”, afirmaba con rotundidad sobre un viaje que compartió con figuras como Sandra Barneda.
El contacto con la naturaleza y el esfuerzo físico supusieron una “limpieza de alma”. Latre sorprendió incluso al propio Jesús Calleja al demostrar habilidades ocultas, como su formación en ballet clásico, disciplina que estudió en Londres para “cambiar su cuerpo”. El reto de subir a una altitud de 4.000 metros le devolvió la fe en sus capacidades: “Subí un 4.000 como si fuera Conan, cuando no daba un duro por mí”. Este hito físico fue el catalizador para entender que su mente le había jugado una mala pasada y que el ego era un “mal compañero de viaje”. Y ahora, como jurado de Got Talent, Latre retoma su carrera televisiva con la esencia renovada y la seguridad recobrada.