Muere un creador de contenido colombiano después de lanzarse desde un puente por un reto de internet.
El precio de un “like”
Ángel Montoya, de 30 años, se arrojó a las turbulentas corrientes del río Cauca con la intención de figurar en una grabación.

Ángel Montoya, momentos antes de lanzarse al río Cauca

Cualquier cosa por un “like”. O miles de ellos. No obstante, el río Cauca es ajeno a los algoritmos y su potencia no tuvo clemencia. Pese a esto, para el influencer Ángel Montoya, de 30 años, el vigor del torrente lucía como un impedimento pequeño ante la expectativa de la viralidad. El creador de contenido colombiano, cuya trayectoria se basó en la temeridad y el suspenso, llegó al término de su vida al arrojarse desde un puente persiguiendo el encuadre ideal.
Montoya se alistó para el desafío desestimando los avisos meteorológicos y la bravura de un área famosa por sus flujos violentos. Tras chocar con la superficie acuática, se vio superado. Quienes presenciaron el hecho narran que el esfuerzo del muchacho frente a la corriente resultó angustiante aunque infructuoso; las aguas lo arrastraron en instantes, convirtiendo una tendencia viral en un despliegue de salvamento masivo.
Lo que aconteció después fueron noventa y seis horas de desesperación. Brigadas de bomberos, buceadores expertos y colaboradores lidiaron con un Cauca desbordado y peligroso. Por último, el cadáver se localizó a varios kilómetros, enredado en la espesa flora, apartado de los focos y el resplandor de las plataformas digitales.
El reconocimiento de su filiación no únicamente concluyó una etapa para sus parientes, sino que inició una discusión imprescindible acerca de la psicología del peligro en la red. El suceso de Ángel Montoya no representa un hecho fortuito, sino una señal de una inclinación mundial. Especialistas señalan que la satisfacción inmediata —el estímulo que producen los “me gusta” y las interacciones— está modificando la noción del riesgo entre la juventud.
El ansia por aventajar el material de la competencia empuja a los autores a contextos cada vez más peligrosos. Desde el “Blackout Challenge” hasta los saltos base sin protección, el número de perjudicados por la “fama fugaz” se incrementa constantemente en todo el planeta.
A pesar de que plataformas como TikTok han vuelto más estrictos sus controles e incorporado avisos de riesgo, la verdad es que el sistema sigue privilegiando lo inusual, lo que frecuentemente bordea la temeridad.