Mette-Marit y Haakon de Noruega visitan a Marius Borg en prisión mientras avanza el juicio más mediático de la monarquía
Crisis en la realeza
La imagen de los futuros reyes entrando en la cárcel de Oslo, donde permanecieron una hora, ha causado un profundo impacto en la opinión pública noruega

Haakon y Mette-Marit, herederos al trono, en una imagen de archivo

La monarquía noruega ha protagonizado en las últimas horas una imagen inédita y de enorme impacto simbólico: los príncipes Haakon y Mette-Marit, herederos al trono, entrando en la prisión de Oslo para visitar a Marius Borg Høiby, hijo de la princesa. La escena, captada el jueves por la tarde, ha dado la vuelta al país y refleja el delicado momento que atraviesa la familia real en pleno desarrollo de uno de los procesos judiciales más mediáticos de su historia reciente.
El BMW negro oficial cruzó las puertas del centro penitenciario alrededor de las 19.25 horas, escoltado por otro vehículo idéntico con agentes de policía. En su interior viajaban Haakon y Mette-Marit, que acudían por primera vez a ver a Marius desde que se encuentra en prisión preventiva. La visita duró aproximadamente una hora y se produjo tras la tercera sesión del juicio que se sigue contra el joven de 29 años en el Tribunal del Distrito de Oslo.

Marius Borg cumple actualmente una orden provisional de cuatro semanas de prisión, dictada tras su cuarta detención el pasado domingo. Está acusado, entre otros delitos, de agresión, amenazas con un cuchillo y de incumplir una orden de alejamiento. Aunque ya había sido visto recientemente en un hospital acompañado por su madre, su padrastro y su hermana, la princesa Ingrid, la imagen de los futuros reyes entrando en una cárcel ha causado un profundo impacto en la opinión pública noruega.
Marius Borg cumple actualmente una orden provisional de cuatro semanas de prisión, dictada tras su cuarta detención el pasado domingo
El juicio, que se reanudó este viernes en la sala 250 del tribunal y se prolongará durante siete semanas, comenzó el martes 3 de febrero. En su primera comparecencia, Marius Borg se declaró culpable de 24 de los 38 cargos presentados por la fiscalía, entre ellos delitos relacionados con drogas, infracciones de tráfico y uno por tomar fotografías sexualmente explícitas sin consentimiento. Sin embargo, negó los cargos más graves: cuatro acusaciones de violación, abusos en relaciones cercanas y acoso a la policía.
La expectación mediática es máxima. Un total de 56 medios siguen el proceso desde dentro de la sala, aunque no se permite difundir ninguna imagen del acusado, que ha ejercido su derecho a no ser fotografiado. El caso no solo afecta a la familia real por la relación directa del acusado, sino también por el contexto en el que se produce, marcado además por la polémica en torno a la vinculación pasada de Mette-Marit con Jeffrey Epstein, un asunto que ha vuelto a la actualidad tras la publicación de nuevos documentos en Estados Unidos.

Durante el tercer día del juicio, la atención se centró en una presunta violación ocurrida en diciembre de 2018 en el sótano de Skaugum, la residencia oficial de los príncipes Haakon y Mette-Marit, mientras ellos se encontraban en la vivienda. Marius Borg niega cualquier responsabilidad penal por este episodio y por las otras tres violaciones de las que se le acusa. La presunta víctima declaró que solo fue consciente de lo sucedido cuando la policía le mostró vídeos y fotografías. “Veo que estoy completamente inconsciente. Ni siquiera parece que esté respirando”, afirmó, asegurando estar convencida de que fue drogada.
Uno de los pilares de la acusación es el contenido del teléfono móvil de Marius. La fiscalía sostiene que en él se encontraron numerosos vídeos y fotografías que sustentan los cargos sexuales. Varios agentes testificaron que detectaron intentos de borrado remoto del dispositivo durante la investigación. Incluso se leyó en sala un mensaje enviado por Marius a una mujer ajena al caso en el que afirmaba haber borrado todo su teléfono antes de ser arrestado. Él lo negó ante el juez, asegurando que se trató de una frase dicha para tranquilizar a la destinataria del mensaje.
La jornada también incluyó los testimonios de dos mujeres presentes en una fiesta posterior a los hechos y de dos antiguos guardias de Skaugum. Todos coincidieron en describir un ambiente aparentemente normal, sin signos de embriaguez extrema. No obstante, la denunciante habló de un “agujero negro” en su memoria y de la sensación de traición al descubrir lo ocurrido.
En su declaración libre ante el juez, Marius Borg ofreció un discurso cargado de emoción. “He vivido una vida con la que muy pocos pueden identificarse. Soy conocido solo por ser el hijo de mi madre”, afirmó, reconociendo una “necesidad extrema de validación”. También criticó duramente a la prensa por el seguimiento constante desde su infancia y negó que su madre interviniera en la supuesta manipulación de pruebas.
Defendido por dos de los abogados más prestigiosos del país, Petar Sekulic y Ellen Holager Andenæs, Marius afronta un proceso complejo en el que la fiscalía, dirigida por Sturla Henriksbø, insiste en subrayar un principio clave: la igualdad ante la ley. “Su pertenencia a la familia real no debe implicar ni indulgencia ni mayor severidad”, ha reiterado el fiscal, consciente de que cada paso del juicio será observado con lupa dentro y fuera de Noruega.

