Éfeso, el yacimiento más visitado de Turquía que fue encrucijada de civilizaciones
Arqueología
Esta ciudad de la costa jónica de Asia Menor es una de las que mejor conserva su legado griego y romano. Pese a ello, quienes la descubrieron a mediados del siglo XIX apenas la reconocieron

Efeso,Turquía
Las ruinas de Éfeso se han convertido en un referente obligado para aquellos que visitan Turquía, millones de personas cada año. No en vano, es una de las ciudades griegas de la costa oriental de Asia Menor que mejor conserva su legado arqueológico.
Existen varias teorías acerca de su origen. Algunos investigadores señalan que su pasado más remoto está relacionado con la ciudad hitita de Aphasus, ya que al norte del yacimiento se halló una inscripción que citaba a esta última. Lo que desconocen es si Aphasus corresponde a la actual Éfeso o su ubicación es otra. Otros apuntan que podría haber surgido de un asentamiento micénico de entre los siglos XV y XIV a. C, según parecen indicar varios vestigios (piezas de cerámica y restos arquitectónicos) descubiertos en y cerca del lugar.
Estas versiones conviven con las legendarias. Entre ellas, una atribuye la fundación de Éfeso a la tribu de las amazonas, y su nombre al de una de sus reinas. Otra, narrada por el historiador griego Heródoto, cuenta que en el siglo XI a. C. Androclos, hijo del rey Codros de Atenas, mandó levantar la ciudad en el lugar que hoy ocupan sus vestigios siguiendo las indicaciones del oráculo de Delfos: “Allí donde te muestren un pez y un jabalí”. Y Androclos vio cumplida la profecía cuando un jabalí le sorprendió mientras sus hombres freían pescado en un campamento improvisado.
Una ciudad codiciada
Los primeros habitantes griegos de Éfeso tuvieron que hacer frente a numerosos ataques, entre ellos de carios (procedentes de Anatolia) y de cimerios (de Tracia). Estos últimos fueron responsables –según la leyenda– de la primera destrucción de uno de los templos más importantes de la ciudad, el de Artemisa, su diosa protectora, hacia el siglo VII a. C.
Aquella fue una época en que los griegos iban aumentando su presencia en la zona con diversos asentamientos, como Mileto y Priene. Un siglo después, en el VI a. C., la ciudad cayó en manos de Creso, rey de Lidia, quien ayudó a reconstruir el templo. De hecho, su contribución a este monumento –y presumiblemente a otros de la ciudad– queda patente en una de las columnas de este edificio que salió a la luz durante las primeras excavaciones en el recinto, en 1868. En ella puede leerse “Presente del rey Creso”.

La dominación lidia no tardó en ser sustituida por la aqueménida. Con esta dinastía persa, fundadora de un imperio que se extendía desde el norte de India hasta el Mediterráneo oriental, Éfeso conoció un período de gran prosperidad. Se convirtió en capital de la satrapía, o provincia, de Jonia (costa de Asia Menor) y en referente cultural y científico del mundo griego. El filósofo Heráclito (siglo VI a. C.) Fue, por ejemplo, una de las figuras más relevantes nacidas en Éfeso.
Sin embargo, la situación de estabilidad de la capital se vio alterada por la rebelión de las ciudades jonias contra el Imperio persa, en 500 a. C. Aplastado el levantamiento, Éfeso se salvó del castigo persa gracias al escaso papel que desempeñó en la contienda, a diferencia de Mileto, líder de la resistencia griega, que fue destruida. En contrapartida vio cómo se reforzaba la autoridad del vencedor.
Por ello, cuando Alejandro Magno puso fin a los dos siglos de dominación persa en 334 a. C., los habitantes de Éfeso le aclamaron durante su entrada a la ciudad. Tras su muerte, once años después, varios de sus generales gobernaron la urbe. Lisímaco, uno de ellos, la rebautizó con el nombre de Arsinoeia, en honor a su esposa Arsinoe, y mandó levantar una muralla de 8 km de longitud de la que hoy apenas queda rastro.
Los seleúcidas, dinastía helénica que heredó parte del territorio del general macedonio, restablecieron la denominación tradicional nada más tomar Éfeso en el siglo III a. C., y pronto la entregaron al reino de Pérgamo, que una centuria después cayó en manos de los romanos.
Riqueza comercial
El momento de mayor esplendor de Éfeso se produjo bajo dominio romano (ss. II a. C.-V d. C.), cuando la ciudad llegó a contar con unos 250.000 habitantes. Son precisamente los edificios de esta época los que mayor presencia tienen en el yacimiento.

En el siglo I Augusto declaró Éfeso capital de la provincia de Asia del Imperio romano y la convirtió en un centro comercial de primer orden gracias a su puerto, uno de los más importantes de Anatolia. Era también uno de los mejor protegidos del Mediterráneo, ya que se abría al mar a través de un estrecho canal. Por desgracia, los sedimentos arrastrados por el río Kaistros impidieron su operatividad, pese a las reformas llevadas a cabo. Hoy el canal ha desaparecido y cerca de 5 km separan la ciudad del mar.
La tradición cristiana
El presunto paso de María y algunos de los apóstoles por Éfeso
Según la tradición, la Virgen vivió en Éfeso desde los años cuarenta del siglo I hasta su muerte. La casa en la que residió, declarada santuario católico en 1896 y reconstruida en 1950, es hoy destino de peregrinación.
En el año 53 el apóstol san Pablo se estableció en Éfeso, donde desarrolló una labor misionera y fundó una iglesia. Tras su marcha, la religión siguió extendiéndose en la ciudad y su región. En tres siglos, Éfeso se había convertido en uno de los centros principales del cristianismo.
El apóstol san Juan Evangelista llegó a Éfeso junto con la Virgen huyendo de la persecución romana de los cristianos en Jerusalén. A las afueras de la ciudad se ubican los restos de una basílica que Justiniano mandó edificar sobre una pequeña iglesia del siglo II dedicada a san Juan.
La decadencia de Éfeso vino marcada por incursiones (los godos la destruyeron en el siglo III), factores económicos (el declive imparable del comercio obligó a la población a trasladarse a otras zonas próximas) y desastres naturales (en el siglo IV varios terremotos la sacudieron). Abandonada desde el siglo XI, cuando los turcos tomaron la región tres centurias más tarde la ciudad ya estaba en ruinas.
Las excavaciones
La ubicación exacta de Éfeso se desconoció hasta que, en 1863, un equipo británico liderado por John Turtle Wood sacó a la luz los primeros restos. Sin duda, el arqueólogo inglés fue autorizado por el gobierno turco a realizar las primeras excavaciones gracias a sus contactos con las autoridades locales, con quienes trabajaba como arquitecto en la construcción de estaciones de ferrocarril en la zona.
El Museo Británico sufragó los trabajos, que revelaron el teatro, uno de los mejor conservados de la antigua Grecia, y el odeón. El último día del año de 1869 Wood por fin halló también restos del Templo de Artemisa. Lo tuvo difícil, ya que buena parte de los vestigios se hallaban sumergidos (la zona es hoy pantanosa).
La escasez de piezas descubiertas en el santuario motivó, entre otros factores, que el museo dejara de costear los trabajos arqueológicos en 1874. Incluso años después denegó al propio Wood su petición para reanudarlos. El yacimiento permaneció olvidado hasta 1895, cuando el gobierno turco otorgó la concesión de excavar en Éfeso al Instituto Arqueológico Austríaco.
La mayoría de los hallazgos llevados a cabo por esta entidad corresponden a los períodos helenístico y romano. Gracias a un acuerdo con Turquía, muchas de las piezas descubiertas se trasladaron a Viena y pasaron a engrosar el futuro Museo Éfeso de la ciudad. A principios del siglo XX, sin embargo, el país decretó una ley de antigüedades que prohibía la salida de sus vestigios fuera de sus fronteras.

Desde la segunda mitad de la pasada centuria, las acciones del Instituto se han centrado en restaurar los monumentos, entre ellos la biblioteca de Celso, uno de los edificios más impresionantes del yacimiento, y el teatro griego. Junto al trabajo de recuperación, a principios de este siglo expertos austríacos y arqueólogos locales también empezaron a excavar en las zonas colindantes a Éfeso con el propósito de conocer mejor el período previo a la época helenística, dando con piezas y restos arquitectónicos de origen micénico.
El mismo año en que fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 2015, se aprobó un plan para volver a conectar Éfeso con el mar a través de un canal navegable, con el turismo en el foco, aunque el proyecto sigue en una fase inicial. El yacimiento vio detenerse las excavaciones al año siguiente debido a tensiones entre Austria y Turquía. Por suerte, en 2018 se reanudaron las colaboraciones, que transcurren en paralelo a los flashes de los visitantes.
Este texto forma parte de un artículo publicado en el número 467 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a [email protected].


