Historia contemporánea

María Jesús González, catedrática de Historia Contemporánea: “A Maura lo llamaron ‘Monsieur Miura’, ‘Bismark de pacotilla’ o ‘Torquemada’, motes que revelaban lo polarizado de su figura pública”

Restauración

La especialista firma la clarificadora biografía ‘Maura. El estadista en su laberinto’, en la que se aprecian los esfuerzos del político mallorquín para sacar adelante su visión regeneradora

La historiadora María Jesús González, autora de ‘Maura. El estadista en su laberinto’ (Taurus)

La historiadora María Jesús González, autora de ‘Maura. El estadista en su laberinto’ (Taurus)

Javier Salas

A principios del siglo XX, la política española parecía girar alrededor de Antonio Maura, el más importante de los líderes conservadores de la época. María Jesús González, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Cantabria, lo ha biografiado en Maura. El estadista en su laberinto (Taurus), un monumental estudio basado en la consulta de numerosos archivos.

Con él entendemos mejor las claves del sistema de la Restauración, en el que lo viejo, en forma de elecciones poco limpias y caciquismo, convivía con lo nuevo: un país que aspiraba a modernizarse y buscaba el camino hacia la renovación. En medio de poderosas tensiones sociales, Maura encarnaba un conservadurismo ilustrado partidario de un programa reformista. Por otro lado, simbolizaba el progresivo protagonismo de las masas en la vida pública. De ahí que lo podamos contemplar pronunciando discursos multitudinarios en plazas de toros.

Con él no había término medio: se le adoraba o se le detestaba. En algunos aspectos, su mundo no nos parece tan alejado del nuestro, vista la polarización política o la problemática cuestión territorial. Maura no fue un simple gobernante. No se contentaba con una gestión rutinaria, sino que tenía un proyecto de largo alcance. El éxito, sin embargo, no siempre le acompañó. Por mucho que sus admiradores le consideraran un superhombre, determinados retos estaban muy por encima de la capacidad de una sola persona.

Maura era conservador y a la vez buscaba una “revolución desde arriba”. ¿En qué consistía?

Maura se adscribió al partido conservador, tras casi 20 años en el partido liberal, pero su formación, idiosincrasia y cultura política eran liberales en un sentido amplio. Tenía además una clara conciencia de las graves injusticias sociales y jurídicas que sufrían las clases populares, y temía que, si no se actuaba, las tensiones que se generaban pudieran desembocar en una revolución “desde abajo”.

Su proyecto de “revolución desde arriba” consistía en un conjunto de reformas legislativas y políticas orientadas a regenerar el sistema desde dentro: saneamiento de la justicia municipal y de las elecciones, apertura de cauces de participación, descentralización administrativa y profesionalización funcionarial, mejora de la legislación social y, en definitiva, establecimiento de condiciones que hicieran innecesaria revolución (o involución) alguna.

Antonio Maura fue presidente del Consejo de Ministros en cinco ocasiones a lo largo del reinado de Alfonso XIII
Antonio Maura fue presidente del Consejo de Ministros en cinco ocasiones a lo largo del reinado de Alfonso XIIIREDACCIÓN / Otras Fuentes

En otras palabras, pretendía anticiparse a los conflictos políticos y sociales ofreciendo reformas controladas y progresistas. Era un conservador consciente de que el correcto funcionamiento de las leyes, la modernización y la justica social eran necesarias para garantizar la pervivencia del régimen. La inacción podía conducir a una crisis insoluble.

A veces se dice que Maura pudo haber evitado la pérdida de Cuba. ¿Cómo?

Esta es una hipótesis contrafactual, ya que la independencia cubana tenía un fuerte componente de inevitabilidad debido al nacionalismo y a la presión de Estados Unidos. Lo que sí es comprobable es que Maura impulsó políticas reformistas que crearon un espacio de negociación y convivencia, ofreciendo concesiones que moderaban el descontento y fortalecían la lealtad hacia la metrópoli.

Durante su ministerio en 1893, sectores antes hostiles comenzaron a percibirlo como un político abierto al diálogo y a la libertad, lo que se reflejó en la admiración que recibió en Cuba, siendo vitoreado como el “Gladstone español”. Se evidenció que había abierto un sendero de respeto mutuo que desapareció tras su dimisión en 1894.

Se reintentó la conexión años después, cuando ya era demasiado tarde y entonces, según Maura refería con amargo sarcasmo, “Cánovas y Sagasta corrían por la manigua detrás de los cabecillas cubanos ofreciéndoles a espuertas la autonomía y la dignidad de la patria”.

Estas medidas demuestran su perspectiva “anticolonialista” y su capacidad de facilitar negociaciones que, si hubieran continuado, podrían haber alterado de alguna manera la dinámica de la independencia, aunque nunca se puede afirmar con certeza que hubiera evitado la pérdida definitiva de la isla.

¿Cuál fue su actitud hacia el catalanismo?

Maura comprendía que Catalunya contaba con un dinamismo social y cultural notable, con un fuerte sentimiento particularista que podía llegar a desbordar las estructuras del Estado. Sin embargo, él no veía esta realidad como un obstáculo insalvable, sino como una fuerza, una energía que debía ser canalizada y, en lo posible, integrada en su proyecto regenerador.

Contrario a muchos miembros de su partido, e incluso a liberales y republicanos, Maura intentó atraer y encauzar el catalanismo político y a los catalanes, estableciendo puentes simbólicos, económicos y políticos. Si para los catalanistas España significaba corrupción y caciquismo, él les llamaba a convertirse en un contingente útil para apoyar sus reformas contra ambas lacras.

Alfonso XIII hablando con Antonio Maura durante la ceremonia de la jura de la bandera en el paseo de la Castellana en 1909.
Alfonso XIII hablando con Antonio Maura durante la ceremonia de la jura de la bandera en el paseo de la Castellana en 1909.Dominio público

Es curioso constatar que esta filosofía de respeto y atracción era equiparable a su actitud con Cuba, donde apelaba a instalar la soberanía española “en el corazón de los cubanos”, y Marruecos, donde pedía, literalmente “una política de cariño” y respeto a sus costumbres: “No estamos en guerra”, decía.

Su gobierno concedió a Prat de la Riba la Gran Cruz de Isabel la Católica. ¿Significa que promovía un nacionalismo español dialogante?

Sí, esta acción refleja su enfoque inclusivo y dialogante. Maura mantenía una excelente relación con Prat de la Riba, y en los archivos privados del líder catalanista se observa que este lo consideraba la “única tentativa de redención política” y alababa su sentido “hondamente liberal”. Esta relación trascendía la mera simpatía personal, demostrando una sintonía política profunda.

Maura también contó con Cambó como ministro hasta en dos ocasiones, manteniendo diálogo y colaboración incluso cuando discrepaban sobre la autonomía catalana. Ello evidencia que su nacionalismo español no buscaba la imposición ni la homogeneización autoritaria. Lo que anhelaba era integrar y encauzar fuerzas regionales para fortalecer la estabilidad y regeneración del país, sin renunciar a los principios del Estado central o al fortalecimiento simbólico de la nación española que potenció.

En el Parlamento se criticó la supuesta subordinación de Maura a Cambó. ¿Se parece a polémicas actuales?

Efectivamente, durante su “gobierno largo” (1907-1909) se generaron críticas sobre la relación de poder entre Maura y los catalanistas, tanto desde ambos partidos dinásticos como desde sectores catalanistas. Los primeros acusaban al líder conservador de ceder demasiado a Cambó, mientras que los segundos criticaban la falta de autonomía de este último frente a Maura.

Este doble ángulo recuerda, de manera superficial, debates políticos actuales sobre coaliciones y subordinaciones parlamentarias. Sin embargo, es importante notar que las correlaciones políticas eran muy distintas entre el sistema liberal de la Restauración y la actual democracia. Aun así, se refleja la constante tensión entre liderazgo centralizado y colaboración con fuerzas regionales, independentistas o políticamente minoritarias.

Francesc Cambó, líder de la Lliga Catalana Regionalista, se dispone a pronunciar un discurso en el Palau de la Música en 1933
Francesc Cambó, líder de la Lliga Catalana Regionalista, se dispone a pronunciar un discurso en el Palau de la Música en 1933Carlos Pérez de Rozas / Colaboradores

Maura no buscaba dominio en Marruecos, pero no retiró tropas. ¿Qué pasó en esa guerra?

Maura se resistió durante años a la intervención del ejército en Marruecos más allá de su presencia defensiva, rehusando una política expansionista y buscando un equilibrio diplomático. Desde 1904 intentó mantener una política de protectorado basada en cooperación con el sultán y potenciando las relaciones civiles sin avances territoriales. Sin embargo, la presión del rey, los militares “africanistas” y la diplomacia internacional, sumadas a la inestabilidad política local marroquí y la ocupación francesa de Uchda y Casablanca, complicaron la situación.

Además, los intereses económicos y mineros, frente a la opinión pública, ejercieron una presión contradictoria sobre su gobierno. Este conflicto reflejaba la complejidad de mantener una política de no beligerancia en un contexto de tensiones internacionales, ambiciones militares y expectativas nacionales, en un país que aún se dolía de la pérdida humillante de las colonias y donde muchos apelaban a recuperar el “honor nacional”. Y por encima de todos, el propio monarca.

Cinco años después, en 1914, Maura solicitó que se creara una comisión parlamentaria de responsabilidades para examinar lo pasado y demostrar su “inocencia”: él jamás, insistía, había promovido esa desastrosa intervención bélica en Marruecos.

El conflicto de Marruecos

¿Se convirtió Marruecos en “otra Cuba”?

No exactamente, pero se convirtió en un foco de conflicto que generó tensiones similares a las que España había vivido en Cuba. Constituyó un “vivero” de militares con patriotismo exacerbado, corrupción, brutalidad y desprecio hacia el liberalismo parlamentario y sus políticos. Las dinámicas de Marruecos mostraron cómo la combinación de mala gestión política, intervención militar y presión internacional podía crear un conflicto prolongado, doloroso para las familias de reservistas y dañino para la política interna, anticipando problemas estructurales que más tarde tendrían consecuencias significativas en la política española: entre ellas el fortalecimiento y ascendiente de la casta de militares africanistas, con Franco a la cabeza.

Esa casta militar y su papel recuerda también a los militares y milicias civiles voluntarias, anti autonomistas, articuladas en su momento en torno a la Capitanía General de Cuba. También eran ultranacionalistas intransigentes y desapegadas de la política reformista dictada en Madrid, y constituyeron el germen del militarismo y el autoritarismo en la península y particularmente en Catalunya (concebida como otra Cuba conflictiva y separatista), como han destacado los historiadores Casals y Ucelay da Cal en su libro El fascio de las Ramblas.

Maura suscitaba polarización. ¿Dificulta eso la labor de los historiadores?

Sí, era un personaje extremadamente complejo, poliédrico: sus partidarios lo veían como un “superhombre” ético y político, mientras que sus enemigos lo tachaban de reaccionario, clerical o excesivo. Esta polarización hace que su análisis histórico requiera cuidado: hay que sopesar su auctoritas, su capacidad de liderazgo y su visión reformista, tan valorados en ciertas circunstancias, con las críticas intensas (y a veces irracionales) que recibió en otras.

Respecto a su percepción en la época, Ortega decía que su figura se “refractaba en la atmósfera densa de nuestras pasiones”. Para los historiadores, todo esto constituye un reto fascinante, ya que obliga a explorar su vida, sus decisiones y sus contradicciones con despego y detalle pericial.

La historiadora María Jesús González
La historiadora María Jesús GonzálezJavier Salas

Católico ferviente, pero partidario de separar religión y política, ¿fue valedor del laicismo?

Separaba claramente la esfera religiosa de la política: “El pensamiento no delinque” o “el derecho civil no es católico ni protestante”. Su visión era similar a la de krausistas como Azcárate o Giner, aunque el enfoque de estos respecto a la esencia que debía conformar la sociedad era más ético-moral y liberal. Maura, por su parte, quería mantener viva la religión en la sociedad como fuente alternativa (y conformadora) de ciudadanía, mientras abogaba por que el Estado permaneciera neutral. Otros contemporáneos, como el liberal Canalejas, tenían enfoques similares: defendían la libertad religiosa y la separación Iglesia-Estado sin renunciar a su fe personal (tenía capilla privada en su casa).

¿Por qué un periódico francés lo apodó “Monsieur Miura”?

El diario francés Le Journal, en 1904, buscaba caricaturizar el carácter combativo de Maura en el Parlamento. Lo llamaban “Monsieur Miura” en referencia al toro Miura, famoso por su fuerza y bravura, destacando su capacidad de embestir dialécticamente frente a los ataques de la oposición. Era un recurso humorístico que reflejaba su personalidad vigorosa, firme y enérgica, percibida tanto por españoles como por extranjeros. En España, prensa y caricaturistas lo retrataban de muchas formas: torero vestido con traje de luces y taquígrafos. Bismarck de pacotilla, Torquemada o incluso flotando sobre nubes. Motes e iconografía revelan cómo su presencia política era lo suficientemente intensa como para convertirse en objeto de atención, atracción o sátira constante, y cómo su figura pública, polarizada y sobredimensionada, proyectaba un halo especial.

¿Tuvo que enfrentarse a intromisiones de Alfonso XIII?

Sí, varias veces. En 1904, Alfonso XIII forzó el nombramiento de Polavieja como ministro de Guerra contra la voluntad de Maura, lo que llevó a su dimisión. En 1908, tras el regicidio de Lisboa, el rey quería enviar tropas disuasorias a la frontera con Portugal, y Maura se negó. Incluso en 1911, durante el gobierno de un Canalejas presionado por la voluntad regia, Maura impidió un ataque a la nación vecina.

Estas situaciones muestran la tensión constante entre la autoridad monárquica y el gobierno parlamentario o sus ministros, y reflejan el desafío de mantener la autonomía política frente a un monarca con tendencia intervencionista. Aunque la Constitución reconocía la cosoberanía de las cortes con el rey (y la frontera podía resultar difusa) Maura se mantuvo siempre firme, priorizando la legalidad parlamentaria y la prudencia sobre la presión del monarca. Incluso por el bien de la monarquía.

El rey Alfonso XIII 
El rey Alfonso XIII Otras Fuentes

Maura decía que no tenía ambición. ¿Era posible un político así?

Sí, existen políticos con verdadera vocación de servicio público, dispuestos a dimitir o apartarse si consideran que es necesario para el bien del país. Maura mostró este rasgo en varias ocasiones: asumía responsabilidades graves como un “holocausto del deber”, dejando de lado intereses personales o búsqueda de poder. Su correspondencia y notas privadas revelan esto y un sentido de sacrificio genuino, enfocado en el bien común y la estabilidad del sistema y el régimen.

Otros contemporáneos, como Pablo Iglesias, Azcárate, Silvela o Canalejas, también compartían ese espíritu político, aunque en contextos o desde perspectivas diferentes. Maura, ejemplifica que, aun en sistemas políticos complejos y polarizados, es posible actuar movido por principios y convicciones más que por ambición personal.

En el franquismo se le presentó como antecedente del 18 de julio. ¿Cómo es posible, si era constitucionalista?

Durante el franquismo, y en parte gracias a la influencia del sector maurista más reaccionario, Maura fue “customizado” como figura legitimadora del régimen. Su trayectoria, admirada por diversas derechas, fue reinterpretada para mostrarlo o como víctima de la “decadencia liberal y democrática” del indeseable sistema parlamentario o como precursor o inspirador de la contrarrevolución “nacional”.

La realidad es que Maura defendió siempre el constitucionalismo, el parlamentarismo liberal y la legalidad, rechazando la violencia, el autoritarismo y, sobre todo, la intrusión de los militares en la política. El uso que hizo el franquismo de su figura distorsionó su legado, presentándolo como demócrata manqué y finalmente aliado de un proyecto antidemocrático que Maura nunca respaldó. Esta manipulación histórica muestra cómo los regímenes pueden reinterpretar personajes complejos para justificar sus propios fines, ignorando la coherencia de su trayectoria política real.

Uno de los gobiernos de Antonio Maura
Uno de los gobiernos de Antonio MauraGetty

Murió durante la dictadura de Primo de Rivera. ¿Acabó esta con un sistema decadente o con una democracia incipiente?

Aunque en 1923 el sistema político parlamentario de la Restauración se enfrentaba a problemas graves, se habían superado los peores momentos y existía margen para el progreso hacia la democracia. La dictadura de Primo de Rivera irrumpió e intervino bajo la excusa de la inviabilidad e incapacidad de ese sistema. Siguiendo la famosa metáfora con la que lo explicaba Raymond Carr, quiso “rematar un cuerpo enfermo”, pero en realidad estranguló un “recién nacido”: un sistema político que braceaba por renovarse y recuperarse, con partidos fragmentados, pero aún funcionales, y perspectivas de modernización.

España estaba en línea con otros países europeos, donde los sistemas autoritarios surgieron sobre democracias incipientes o en desarrollo, sumergidas en contextos de crisis y tensiones sociales, mostrando que la intervención militar cercenó el desarrollo democrático, más que corregir un sistema irremediablemente corrupto.