Zariquiegui, Franco y la polémica final de Copa entre Barça y Espanyol
Fuentes primarias
Una controvertida decisión arbitral marcó el derbi barcelonés por el Campeonato de España de 1957, que se disputó en Montjuïc bajo la presidencia del jefe de Estado
La final irrepetible

El blaugrana Sampedro remata en plancha para batir al meta españolista Vicente en la final de la Copa del Generalísimo de 1957 disputada en el estadio de Montjuïc

“¿Y qué querías, que tuviera a Paco allí media hora más?”. Ésta habría sido la respuesta que el árbitro navarro Daniel Zariquiegui dio al ariete españolista Julián Arcas cuando, tras pitar el final de la Copa del Generalísimo de 1957 con victoria por la mínima para los blaugrana, el jugador acudió a pedir explicaciones al colegiado. El gol, en el minuto 79, había estado precedido de un empujón del barcelonista Eulogio Martínez al defensor blanquiazul Vicente Balaguer, Cata. Una acción que Zariquiegui no sancionó dando por bueno el gol de Sampedro, que se adelantó en el remate al meta Vicente.
Era la primera –y hasta ahora la única– final de Copa que han disputado Barcelona y Espanyol. Un peculiar derbi que la Federación Española, a instancias del régimen, decidió que se jugase en Barcelona, con el estadio de Montjuïc, que apenas dos años antes había acogido los Juegos del Mediterráneo. La cita, como era ya habitual, estuvo presidida por el jefe de Estado, Francisco Franco, quien entregó el trofeo al capitán del equipo ganador, Joan Segarra.
El partido, según las diferentes crónicas, estuvo lejos de ser una exhibición de buen juego. Fue un encuentro bronco, de pocas ocasiones, en el que los blaugranas trataron de llevar el peso del juego ante un Espanyol que notó en exceso la ausencia de su goleador Arcas –sancionado por su expulsión en la semifinal– y se encomendó a la contra. Un guion tan incómodo para los aficionados y los contrincantes como para el propio Zariquiegui.
Sancionable o no, la polémica jugada del gol desencalló el partido cuando los españolistas prácticamente no tenían tiempo de reaccionar. Y pese a la solemnidad institucional que rodeaba el encuentro las protestas de los perdedores se hicieron notar. Especialmente en la Hoja del lunes, la única publicación que se editaba ese día bajo la dirección de las asociaciones de prensa provinciales. Un rotativo que, a falta de otros medios –Radio Nacional cortó la retransmisión del partido tras la entrega del trofeo–, recogió en caliente las declaraciones de técnicos y jugadores.
En la página de lo que entonces se conocía como Opiniones después del partido, los actuales vestuarios, Francisco Yagüe, periodista deportivo de Solidaridad Nacional a quien tocó cubrir una de las guardias de ese domingo, recogió el testimonio encendido del españolista Antonio Argilés, que contrastaba con el contemporizador de Ricardo Zamora, quien tras haber jugado en ambos equipos había regresado al Espanyol como técnico.
Por parte blaugrana, el técnico Domingo Balmanya consideró que la victoria de los suyos había hecho justicia al juego desplegado, Estanislao Basora destacó la imparcialidad de Zariquiegui y Laszlo Kubala elogió el juego de los rivales e hizo hincapié en el papel que los dos clubs catalanes habían desarrollado en la competición. Son las declaraciones que recogemos de forma íntegra.
Las declaraciones
Tras el encuentro, en los pasillos que conducen a los vestuarios, el seleccionador nacional, Manolo Meana, el primero en llegar, es quien facilita la labor del periodista, mientras esperamos que regresen los jugadores
–¿Su visión del partido en líneas generales?
–Juego de mala calidad. Los nervios imperaron sobre la clase que indudablemente tienen todos y no les dejaron jugar el fútbol que era de esperar en ellos. Ni pararon ni pasaron bien la pelota, pero pusieron, eso sí, un entusiasmo sin límites, tanto unos como otros. Pero lo que es fútbol... éste apenas apareció en el césped.
–¿Se salvó alguna individualidad?
–Gensana hizo un magnífico partido, pero también me gustaron Ruiz y Gámiz.
Van llegando mientras tanto los jugadores de uno y otro bando. Seriedad entre los blanquiazules y alegría sin límites entre los azulgrana. Menos bullicio en la caseta españolista, y por eso nos decidimos a empezar por el equipo vencido.
El partido se ha decidido en una jugada afortunada a favor del Barcelona, como pudo haberse decidido al revés
Ricardo Zamora, tras cambiar impresiones con Melcón y dialogar con él sobre la legalidad de una jugada, nos dice:
–El viento y los nervios, que imperaron en todo el partido, no han dejado a uno y otro equipo realizar el juego que en realidad poseen.
–¿Resultado justo?
–El partido se ha decidido en una jugada afortunada a favor del Barcelona, como pudo haberse decidido al revés, en favor nuestro. El golpe franco fue, en toda la extensión de la palabra, golpe fortuito. La mejor expresión del poco juego realizado ha sido precisamente la manera en que ha llegado el gol. Pero, repito, al igual que decidió el partido el Barcelona a su favor al final, lo hubiéramos podido hacer nosotros en el primer tiempo.
–¿Jugó el Espanyol conforme a lo previsto con anterioridad?
–En líneas generales, sí. Se marcó bien a los hombres peligrosos, y la prueba es que hemos perdido por un solo gol y en jugada no ligada. Quizá se ha adolecido al final de no reaccionar con más nervio, de no lanzarse más al ataque abiertamente. Una vez nos marcaron el gol era igual perder por uno que por dos. Aquí falló un poco la cosa.
La falta fue clara y yo estaba convencido de que el árbitro iba a señalarla, pero no fue así
–¿Notó mucho la ausencia de Arcas?
–Naturalmente. La táctica españolista de jugar al contraataque necesitaba rematadores, y si ya adolecemos un poco de ellos normalmente, la ausencia de Arcas ha agudizado más el problema.
–¿Se hubiera ganado con él?
–Se hubiera marcado, y si un gol ha marcado el encuentro… ¿por qué no podía ser a favor nuestro?
–¿Qué le ha parecido el equipo campeón?
–Han luchado muy bien y con nobleza, al igual que nosotros. Nos han ganado y aceptamos noblemente la derrota. El que haya sido por un gol afortunado no resta méritos a su actuación.
Argilés, cerca de Zamora, se queja:
–El gol debió ser anulado.
-¿Por qué?
–Porque se produjo como consecuencia de un empujón de Martínez a Cata, que, al quedar desplazado, no pudo despejar el balón de cabeza. La falta fue clara y yo estaba convencido de que el árbitro iba a señalarla, pero no fue así. Mala suerte.
Me confié demasiado. Cata tenía ventaja para despejar, pero al ser desplazado, no llegó al balón
–¿Viste el partido perdido en algún momento?
–Francamente no. En el primer tiempo creía que íbamos a ganar. Después, al final, estaba ya seguro de que se tendría que jugar una prórroga.
Vicente, en un rincón, muestra su desencanto por la derrota.
–¿Saliste a destiempo en la jugada del gol?
–No. Lo que ocurrió es que me confié demasiado. Cata tenía ventaja para despejar, pero al ser desplazado, no llegó al balón. Salí entonces decidido a hacerme con él, pero se me adelantó Sampedro, muy oportuno. Y casi me lo arrebató de las manos.
–¿Qué le pasó a la delantera goleadora? ¿Te dieron mucho trabajo?
–En realidad no demasiado. Estuvieron bien sujetos y sólo tuve que intervenir en tres o cuatro jugadas apuradas.
Gámiz, tras ser felicitado por Meana, nos dice:
–Fue una lástima que perdiéramos cuando parecía que el Barcelona empezaba a entregarse.
El gol tardó mucho en llegar, pero cuando se produjo era materialmente imposible remontarnos
–¿Os confiasteis quizá un poco?
–Yo creo que no, pero la ejecución del golpe franco y el apelotonamiento de jugadores junto al área posiblemente taparon un poco la visión a Vicente, que cuando quiso reaccionar se encontró en desventaja con Sampedro.
El vicepresidente del club blanquiazul, señor Giménez, añade cuando abandonábamos ya el vestuario:
–Este uno a cero no es ninguna deshonra para el Espanyol. Yo creo que unos y otros hemos justificado sobradamente el porqué llegamos a la final.
En la caseta azulgrana se respira euforia. Se suceden los abrazos y es difícil poder hilvanar el diálogo con los protagonistas del choque. Domingo Balmanya hace un alto en la recepción de felicitaciones para decirnos:
–En una final entre eternos rivales era de esperar que se practicara poco fútbol de calidad. Se jugó un partido copero e imperaron los nervios en uno y otro bando.
No quedaba otro recurso que lanzarse en plancha a rematar de cabeza... Y la jugada salió bien
–¿Se jugó conforme a lo previsto?
–No demasiado, y es lógico. Estoy convencido de que cuando los jugadores saltaron al campo habían ya casi totalmente olvidado las instrucciones estudiadas y discutidas entre todos. Pero era de esperar, y debe perdonarse ante el derroche de entusiasmo y coraje de que hicieron gala
–¿Lógico el resultado?
–A mi juicio sí. Tal y como se desarrolló el encuentro, el que marcase primero tenía un noventa por ciento de posibilidades de conquistar la copa. El gol tardó mucho en llegar, y no porque no se hubieran planteado jugadas de gol con anterioridad, pero cuando se produjo era materialmente imposible remontarnos.
–¿Cómo vio al Espanyol?
–Jugó muy bien, contraatacó bastante bien y se defendió inmejorablemente.
–¿Y al Barcelona?
–No jugó como otras veces. Las cosas no salieron tan bien, y hay que disculparlo por el lógico nerviosismo. Exigir más a estas alturas sería una tontería. Yo creo, por lo visto en el campo, que nuestra victoria no puede discutirse.
Yo creo que hicimos méritos para ganar, pero no hay que olvidar el comportamiento de nuestros rivales
Sampedro, autor del gol, está radiante de satisfacción:
–Vi el rebote del balón y por piernas gané la acción al par contrario, pero la salida de Vicente hacía casi imposible que llegase a tiempo. No quedaba otro recurso que lanzarse en plancha a rematar de cabeza... Y la jugada salió bien. En el primer tiempo hice un remate y, en cambio, salió fuera.
–¿Conforme con el resultado?
–Yo creo que muy bien pudimos ganar por tres a uno, por ejemplo, pero no tuvimos suerte rematando a gol; como tampoco la tuvieron ellos, aunque con bastantes menos oportunidades que nosotros.
Kubala, ya vestido, impone la calma habitual al diálogo:
–El Espanyol ha sido un gran adversario. Lucharon con tanto coraje y entusiasmo como nosotros, pero les superamos ligeramente en lo que a técnica se refiere. Yo creo que hicimos méritos para ganar, pero no hay que olvidar el comportamiento de nuestros rivales. Los nervios pudieron más que el cerebro Y se jugó poco... ¡pero con qué ardor! Fallamos un poco en el remate y fallaron también ellos, que adolecieron más que nosotros de la falta de buenos chutadores. La afición catalana habrá quedado satisfecha, sin distinción de colores. Al fin y al cabo los dos equipos de casa han conquistado los dos primeros puestos en la Copa.
Zariquiegui estuvo imparcial y no se le escapó el partido de las manos en ningún momento
Basora parece no haber recobrado todavía le tranquilidad.
–¿Muy nervioso?
–Muchísimo. Y es que el Espanyol siempre se crece cuando juega contra nosotros. ¡Hay que ver la faena que nos dieron esta tarde! Pero ganamos porque jugamos mejor.
Cierra el capítulo de entrevistas, ya con un pie en el autocar, Segarra, capitán del once azulgrana.
–Satisfizo la labor de Zariquiegui.
–Francamente sí. Estuvo imparcial y no se le escapó el partido de las manos en ningún momento. Justificó sobradamente el que unos y otros le escogiéramos como juez de la final. ¡Y mira que era una buena papeleta!
Y entre la riada de coches desaparece el autocar azulgrana, que a cada curva del circuito de Montjuïc es saludado con una cerrada ovación. El coche del Espanyol, en cambio, pasa casi inadvertido. La cara y la cruz de la final barcelonesa.


