La abogada de derechos humanos Oleksandra Matviichuk preside el Centro para las Libertades Civiles (CCL), organización ucraniana galardonada con el Nobel de la Paz en 2022 junto a la oenegé rusa Memorial y al activista bielorruso encarcelado Alés Bialiatski. Al frente del CCL, Matviichuk (Boiarka, 1983) coordina la documentación de crímenes de guerra rusos en Ucrania. La lista es de 92.000 hasta ahora. En su oficina de Kyiv cuelga un cartel con la frase latina Contra spem spero (contra toda esperanza, espero), popularizada en verso por la poeta ucraniana del siglo XIX Lesya Ukrainka. Esta esperanza caracteriza a la jurista, que ha estado en Berlín para promover justicia para los ucranianos.
¿Qué opinión le merecen la propuesta de plan de paz difundida por Trump y su posterior reajuste en Ginebra?
La gente en Ucrania quiere la paz, pero no la ocupación rusa, que es horrible. No queremos una pausa temporal para que Rusia se retire, se reagrupe y nos ataque de nuevo. Cualquier plan de paz debe incluir garantías de seguridad esenciales. Nunca renunciaremos a nuestro país. Una cosa es admitir que ahora no tenemos poder militar para liberar los territorios ocupados y otra es vernos obligados a legitimar esta ocupación ilegal; hay una gran diferencia. El presidente Zelenski propone un alto el fuego y el cese de las matanzas, pero nunca legitimaremos la ocupación.
¿Qué más falta en el plan?
Devolver la dimensión humana a la mesa de negociaciones. No basta con hablar de geopolítica; debemos hablar del sufrimiento de las personas. En el debate internacional se habla y se negocia sobre los territorios ocupados como si estuvieran vacíos. Pero no lo están; allí viven 6,5 millones de ucranianos. La ocupación rusa no es solo cambiar una bandera por otra; implica desapariciones forzadas, tortura, violación, negación de la identidad, adopción forzosa de niños, campos de concentración y persecución. Los ucranianos de las áreas ocupadas viven en una zona gris; carecen de herramientas para defender sus derechos, su libertad, sus propiedades, sus vidas, y a sus seres queridos. Aunque no podamos liberarles, no tenemos derecho moral a dejarles solos. Debemos brindarles algo de seguridad, y el plan de paz de 28 puntos era muy poco específico.
¿Qué situación afrontan los niños en las zonas ocupadas?
Hay 1.600.000 niños ucranianos que viven bajo ocupación rusa, y debemos evitar que sean reeducados como rusos. Putin ha iniciado su militarización desde la guardería para sus futuras guerras. Periódicamente, los padres se ven obligados a enviar a sus hijos a campamentos en los propios territorios ocupados o en regiones de Rusia. Allí los niños visten de uniforme militar, desfilan y se les enseña a usar armas. Rusia está preparando con ellos una nueva generación de soldados. A los 14 años recibirán el pasaporte ruso, y a los 18 años podrán ser reclutados a la fuerza por el ejército ruso, lo que significa que lucharán y morirán en cualquier país al que Rusia los envíe. En realidad, Putin también está militarizando a los niños rusos en la escuela. Así que no se trata solo de un problema de derechos humanos; es un problema de seguridad global. Rusia se está preparando para una larga guerra, y es muy ingenuo pensar que se prepara para una larga guerra solo contra Ucrania.
Tribunal especial para Putin y alto mando ruso
“Espero que Alemania, España, Francia y más países se unan a la iniciativa del Consejo de Europa y Ucrania de establecer un tribunal especial por crimen de agresión a Ucrania”
En Alemania acabamos de conmemorar el 80.º aniversario de los juicios de Nuremberg a los jerarcas nazis. En marzo del 2023, la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya dictó una orden de arresto contra Putin. ¿Aspira usted a algún avance?
Si queremos prevenir guerras en el futuro, debemos castigar a los Estados y a sus líderes que las inician en el presente. Por eso es crucial castigar el crimen de agresión, ya que las atrocidades documentadas en distintas guerras son resultado de la decisión de los líderes de romper la paz e iniciar la guerra. En Nuremberg, los criminales nazis fueron juzgados solo después del colapso del régimen nazi alemán, y además la justicia quedó como un privilegio de los vencedores. En el siglo XXI, tenemos la responsabilidad de que la justicia avance independientemente de cómo y cuándo termine una guerra.
¿Y en el caso de Ucrania, cómo entonces?
Debemos tener un tribunal especial ahora sobre el crimen de agresión contra Ucrania, y exigir responsabilidades a Putin y a los altos mandos del Estado ruso. Este verano se dio un gran paso cuando el Consejo de Europa llegó a un acuerdo con Ucrania para establecer este tribunal. Muy pronto estará abierta la posibilidad de sumarse, y espero que Alemania, España, Francia y otros países se unan.
Democracia y escándalos
“En mi país, destapar casos de corrupción no es señal de debilidad, sino de fortaleza; los organismos estatales anticorrupción han investigado con eficacia. Hace doce años no teníamos estas herramientas”
Los recientes casos de corrupción destapados en Ucrania son muy perjudiciales para la reputación del país en su camino hacia la Unión Europea.
La gente en las democracias desarrolladas no comprende bien nuestra situación, porque heredaron la democracia de sus abuelos mientras que Ucrania formó parte de la Unión Soviética totalitaria. Los casos de corrupción han salido a la luz porque los organismos estatales anticorrupción han investigado con eficacia. En mi país, destapar casos de corrupción no es señal de debilidad, sino de fortaleza. Hace doce años, antes de la revolución de la dignidad, cuando la corrupción era viral, no teníamos estas herramientas; se crearon luego. Cuando este verano el Parlamento aprobó una ley para limitar la independencia de los organismos anticorrupción, la gente salió a la calle en Kyiv y otras ciudades a protestar, y la presión obligó al Gobierno a dar marcha atrás. Esto demuestra que no somos una democracia ideal, pero seguimos siendo una democracia.
Acceso a prisioneros ucranianos en Rusia
“Para nosotros, la única manera es gracias a nuestros valientes colegas rusos de derechos humanos”
¿El CCL mantiene lazos con la oenegé rusa que también recibió el Nobel o colabora de algún modo con disidentes rusos?
Sí, trabajamos estrechamente con colegas rusos de derechos humanos, no solo de Memorial, sino también de otras organizaciones de este ámbito. Hay decenas de miles de ucranianos detenidos ilegalmente en cárceles rusas, sometidos a torturas y abusos sexuales. Para nosotros, la única manera de saber dónde están estas personas, proporcionarles medicinas, y enviarles un abogado independiente que, aunque no pueda liberarlas pueda al menos informar a sus familias, es gracias al trabajo de nuestros valientes colegas rusos de derechos humanos.

