- La tregua en Gaza no ha detenido el contador de víctimas mortales, ni los ataques israelíes que golpean el enclave a diario a pesar del alto el fuego. Según el ministerio de Salud de la franja, un total de 70.000 personas han perdido la vida desde el inicio del conflicto y 170.900 han resultado heridas.
El fuego israelí ha perdido intensidad desde el pacto entre Hamas y Israel -engrasado por Estados Unidos-, pero los bombardeos y disparos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) continúan alterando la vida de los casi dos millones de gazatíes.
Ismail el Zawabta, director de la Oficina de Información del Gobierno de Gaza, afirmó el viernes que se habían documentado 535 violaciones israelíes desde que entró en vigor el alto el fuego. “La situación humanitaria en Gaza se está deteriorando a un ritmo sin precedentes, y la agresión israelí ha destruido infraestructuras y servicios esenciales”, señaló Zawabta en un comunicado. Al menos 354 palestinos han sido asesinados por Israel en Gaza desde la entrada en vigor del alto el fuego el 10 de octubre, según el Ministerio de Salud de Hamas.
Tan sólo en las últimas horas, un dron atacó a un grupo de civiles en Bani Suheila, al este de Jan Yunis, en el sur del enclave. Dos hermanos de 8 y 11 años, Juma y Fadi Tamer Abu Assi, sufrieron heridas graves y fallecieron más tarde en el hospital Nasser, según fuentes médicas del gobierno gazatí. Imágenes difundidas por medios árabes mostraban al padre de los niños rezando mientras personas a su alrededor cargaban las dos bolsas mortuorias.
Prácticamente la totalidad de la población de la franja ha sido desplazada un gran número de veces durante el conflicto. En los principales núcleos urbanos, los residentes tratan sin éxito de volver a la normalidad entre los escombros y con la escasa ayuda alimentaria que ha comenzado a circular en los mercados improvisados.
Sin embargo, son muchos los que no podrán regresar por el momento a sus hogares, ya que el 58% del territorio continúa bajo control de las fuerzas israelíes. Entre ellos se ha establecido una frontera imaginaria, la “línea amarilla”, una división que amenaza con enquistarse y convertirse de facto en el nuevo borde del enclave palestino.
El ejército israelí ha ordenado a los palestinos que no se acerquen a las tropas que permanecen desplegadas en Gaza durante el alto el fuego. El ejército también ha comenzado a colocar marcadores físicos a lo largo de esta división, además de un mapa que muestra sus límites. Según el plan integral de alto el fuego para Gaza del presidente estadounidense Donald Trump, Israel llevará a cabo otras dos retiradas de Gaza a medida que Hamas entregue sus armas y el enclave pase a manos de fuerzas internacionales.
Pero, “la línea amarilla cambia cada día”, asegura un informe publicado este sábado por el Euro-Med Human Rights Monitor. “Ni siquiera los mapas de Israel coinciden con las barreras concretas sobre el terreno. Sin embargo, funciona con precisión letal: se condena a los palestinos por “cruzar” esta línea invisible y móvil, se les mata y luego se les culpa de romper el alto el fuego”.
La segunda fase del acuerdo de paz -prevista inicialmente para abordar cuestiones sensibles como la reconstrucción, la reapertura de los pasos fronterizos, la administración civil y el regreso parcial de desplazados a zonas no militarizadas- se encuentra en punto muerto. Israel busca mantener un escenario de limbo controlado que le permita asentarse en sus posiciones actuales y conservar un margen de maniobra militar.
En paralelo, el plan promovido por Washington contempla la entrada de una Fuerza Internacional de Estabilización, inspirada en modelos anteriores como UNIFIL en el Líbano, aunque con un mandato más robusto y con participación de países aliados. Su despliegue está pensado para garantizar el cese duradero de hostilidades, proteger los corredores humanitarios y supervisar el inicio de la reconstrucción.
Sin embargo, su viabilidad dependerá de que Israel acepte ceder parte del control operativo sobre el territorio y de que exista un acuerdo claro sobre quién administrará Gaza durante la transición. Mientras estos puntos sigan sin resolverse, y mientras continúen los ataques intermitentes, la fuerza internacional seguirá siendo una posibilidad sobre la mesa, pero no una realidad inmediata.
Con la situación de la franja estancada, el gobierno de Beniamín Netanyahu ha reabierto otros frentes, mientras trata de mantener en pie su coalición. En Cisjordania, una nueva operación militar contra grupos palestinos en el norte se suma al reciente repunte de ataques por parte de colonos.
El Ejército israelí también ha atacado esta misma semana posiciones del nuevo gobierno sirio en los territorios que ocupó hace un año, tras la caída del régimen de Bashar el Asad. A pesar de que el nuevo poder en Damasco tiene el visto bueno de Donald Trump -el exrebelde convertido en presidente, Ahmed el Sharaa, visitó la Casa Blanca a principios de mes-, sus aliados en Tel Aviv recelan de los sirios, y mantienen que el país continúa siendo una amenaza para los intereses de Israel.
En Líbano, los cristianos esperan la visita del Papa León XIV bajo la amenaza de que la guerra abierta regrese a su frontera un año después de la firma del alto el fuego. Israel ha dado un reciente ultimátum a la milicia chií Hizbulah para que se desarme antes de que acabe el año, y les acusa de estar aunando fuerzas en el sur. Según diferentes medios libaneses, Israel ha atacado más 10.000 veces el país desde la implementación de la tregua. Un precedente que parece estar repitiéndose en Gaza, y que aleja aún más la idea de paz en Oriente Medio.
